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“En España han banalizado el flamenco”

El ex integrante del célebre grupo de flamenco-pop Ketama, Antonio Carmona, ahora en su etapa solista, estará presente en un festival que durante seis días reunirá en Bogotá a escritores, cineastas y músicos de Iberoamérica.

2010/06/30

Por Jaime Andrés Monsalve B

Los investigadores del flamenco no se ponen de acuerdo en el origen del apodo que bautiza, desde hace casi un siglo, a los integrantes de la familia andaluza Carmona. Es que los Carmona son, también, los Habichuela. Dicen que alguno de los miembros de su dinastía manifestaba verdadera pasión por esta leguminosa en todas sus presentaciones. Otros, que ese mismo personaje solía hacer gala de una elegancia exagerada en el vestir y que siempre andaba, dice un dicho de la época, “como una habichuelita”.

El caso es que Antonio Carmona, al igual que su hermano Juan y su primo José Miguel, se le escaparon al sobrenombre, logrando así zafar de una muy flamenca tradición según la cual sus mejores intérpretes deben estar asociados mentalmente con algún alimento. Ahí están, para demostrarlo, Camarón, Tomatito, Paco Toronjo, Naranjito de Triana o El Chocolate, entre muchos otros.

Junto con los mencionados Juan y Josemi, Antonio Carmona (Granada, 1965) se dio a conocer en el mundo del flamenco con la legendaria agrupación Ketama, nacida en 1984 como una respuesta flamenca al fenómeno rock pop de la llamada Movida madrileña. También hicieron parte de la agrupación el célebre cantaor José Soto, Sorderita, y el también cantaor y multiinstrumentista Ray Heredia, prematuramente fallecido. Fueron más de veinte años de correrías con esta agrupación lo que le garantizó a Antonio Carmona el reconocimiento mundial y un camino allanado para poner a consideración su primer disco como solista, Vengo venenoso, un trabajo en el que la exploración del pop es mayor gracias a diferentes colaboraciones, como las de Alejandro Sanz, Mala Rodríguez y Juanes. “Su participación en el disco fue enorme y hemos tocado con él en muchos conciertos de la gira —comenta—. La conexión mayor se dio un día que lo invité a casa y que coincidió con Paco de Lucía, Estrella Morente y María Jiménez. ¡Tremendo jaleo!”.

Antonio Carmona estará por segunda vez en Bogotá, en esta oportunidad al lado de Rosario Flores, de los Gaiteros de San Jacinto y de los mexicanos de La Maldita Vecindad, en una suerte de concierto móvil que se desplazará por la carrera séptima hasta la Plaza de Bolívar el 12 de octubre próximo, para el cierre del festival VivAmérica. Arcadia habló con él.

Hace un par de meses estuvo usted por primera vez en Colombia, presentando su disco solista. Nos hubiera encantado haberlo visto antes, con Ketama...

¡Qué bronca me da no haber venido antes a Colombia! El público es impresionante. Lo noté a pleno el día que hicimos el toque promocional de Vengo venenoso. La gente escuchó muy atenta mis canciones nuevas, pero me pedían a gritos No estamos locos, Se dejaba llevar por ti, Agustito...

¿Qué significa para usted ser parte de los Habichuela, familia baluarte del flamenco?

Es una responsabilidad, porque ellos, los viejos, lo han hecho todo para salvaguardar el género. Con mi padre (Juan Habichuela, legendario guitarrista) suelo gozar mucho, porque siempre me está sugiriendo cosas nuevas.

¿Cuál es el estado del género?

El flamenco está muy mal en España. Lo han banalizado, los músicos y los medios no le están dando el lugar que le corresponde. Da coraje ver cómo no hay quién cante los palos (géneros) de hace ochenta años. Por fortuna el camino del mestizaje, es decir, el de la unión del flamenco con otros géneros, ayuda a que el público se acerque más a lo puro. Cuando se hace bien, la fusión es un camino.

¿Su propuesta se define por ese sendero?

Desde Ketama siempre tuvimos la inquietud de conducirnos musicalmente por otros lados. A mí me encantaría hacer un flamenco más puro, pero no hay quién lo pase por la radio. Yo hago fusión, pero desde las raíces. En eso ando desde hace muchos años. Me empapé de otras músicas gracias a las correrías. Yo he sido inquieto. En Madrid solía ir a una disco que frecuentaban Almodóvar, Sabina y muchos más. Esos eventos a los flamencos los aburrían, y a mí me encantaban y me inspiraban.

Precisamente uno de los momentos más interesantes con Ketama fue el del proyecto Shongai, que acercaba a Andalucía con el norte de África...

Sí. Esa fue una idea de Mario Pacheco, el dueño de Nuevos Medios, el sello discográfico que nos dio a conocer. Shongai, que toma el nombre del imperio Mandinga, fue la unión de Ketama con uno de los grandes músicos de Malí, Toumani Diabaté, intérprete de un instrumento de cuerda llamado kora. Todo el norte de África ha aportado grandes cosas al flamenco. Egipto es como una especie de Nueva York en ese continente.

Hablando de Mario Pacheco, él fue el primero que se interesó en el grupo. ¿Por qué prefirieron cambiar de disquera?

Mario es un jefazo. Él tiene en Nuevos Medios a lo mejor del flamenco en España y gracias a él es que existió un movimiento llamado Jóvenes Flamencos, que tuvo su apogeo a mediados de los 90. Desde su disquera independiente Mario fue el primero que peleó por nosotros, pero hubo un momento en que queríamos un poquito más. Llegó un punto en que el manejo de un producto que puede ser sencillo para una multinacional, a él le resultaba difícil.

¿Qué tanto de su éxito, como solista y como miembro de grupo, le atribuye usted al disco en concierto De akí a Ketama?

La música de ese disco era la misma que veníamos entregando en los álbumes en estudio, pero por alguna razón, entre ellas la presencia de Antonio Flores, fue una locura en ventas. Para mí fue muy importante. Hoy sigo viendo el disco y me parece impactante, un directo impresionante y arrollador.

Componente fundamental de Ketama fue Ray Heredia. ¿Cómo lo recuerda?

Ray fue un genio, un Prince andaluz. Después de Las Grecas y Los Chichos en los 70, el flamenco moderno tuvo un camino abierto gracias a él, porque era un escéptico de la pureza absoluta. Además, era muy inquieto y muy “malillo”. Yo recuerdo cómo nuestros primeros ensayos los hacíamos al lado de un gallinero... Y él soltaba las gallinas cuando menos nos dábamos cuenta.

Entrados en nostalgias... ¿qué recuerdo tiene de quien es considerado el más grande cantaor de la segunda mitad del siglo XX, José Monge Cruz, Camarón de la Isla?

Después de él, no hay nadie. La última juerga de Camarón fue con Ketama. Estuvo con nosotros y se pasó más de nueve horas sin dejar de cantar. Él casi no hablaba, pero tenías que esperar que estuviera a su aire para que cantara catorce, quince horas sin interrupción. Nunca podré olvidar la imagen mental que tengo de él, cogiendo una naranja de un árbol, porque en esa actitud lo vi por última vez. Si a la muerte de Camarón le sumas el hecho de que Paco de Lucía ya no vive en España, que nos tiene algo olvidados, la conclusión a la que llegas es que los músicos de flamenco nos quedamos huérfanos.

El flamenco y la música latinoamericana siempre han estado emparentados gracias a los famosos cantes de ida y vuelta, pero en los últimos tiempos gente como Diego el Cigala, Enrique Heredia el Negri, Pepe de Lucía y David Amaya se han encargado de unir el flamenco con géneros como el bolero y el tango. ¿Qué opina de ello?

Estoy convencido de que nadie puede cantar mejor bolero que el Cigala. El disco del Negri, que es un homenaje a Agustín Lara, hace parte de ese mismo concepto musical. Pero sin duda, de todos ellos, el disco de David Amaya con sus Gitanos de Buenos Aires es el más futurista y el de concepto más arriesgado. Es mucho más temerario grabar, como lo hizo David, con músicos de otro país y con temas de un género que él no conocía, como el tango. A diferencia suya, los demás van un poco sobre seguro. Sé que se fue a vivir a Argentina para resolver sus problemas de adicción, así que es un triunfo haber lanzado ese disco allá y que no haya tenido temor en hacerlo.

¿Qué hay de las nuevas y futuras generaciones de la familia Habichuela? ¿Siguen la onda del flamenco?

Muchos de los jóvenes de la familia han salido percusionistas. Juanito, un sobrino mío, es quien ocupa ese lugar en mi banda. Él tiene su propio grupo, llamado Kimi-K, y es muy bueno. Tengo otro sobrinillo que es Lucas, el Chulo, y deberías ver cómo toca. Es impresionante. Mis hijas sí salieron un poco más “pijillas”, pero las tengo estudiando e igual se les sale la raza.

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