Charles King

Charles King: “La Champeta surge de un anhelo por regresar a África”

El “palenquero fino” habla con Arcadia de su trabajo y de la influencia de África y Cartagena en su obra.

2015/05/26

Por Marco Bonilla

Charles King ha hecho de Cartagena no sólo su hogar, sino su fuente de inspiración. El rey indiscutible de la champeta, bebe de la problemática de la ciudad, la que convierte en canciones con ese ritmo que es africano en origen, pero traducido al lenguaje cultural del caribe colombiano. Recorriendo Cartagena es como han surgido muchas de sus canciones, que hablan de amor y de humor, pero también de droga, de desigualdad, de abandono y de marginalidad. Su música, por tanto, es un documento social que narra la dura realidad de los cinturones de miseria de la ciudad. A él mismo le gusta describir su sonido como “revolucionario”. Su música no muestra esa Cartagena de los folletos turísticos, sino el “lado B” de esa urbe dividida entre los barrios ricos de Bocagrande y el Laguito, y las chabolas al pie del cerro de la Popa y el mercado de Bazurto.

Nacido en Venezuela en diciembre de 1966, King se siente tanto palenquero como Cartagenero. A San Basilio de Palenque llegó cuando era un bebé. Allá conoció la música, que los habitantes del primer pueblo libre de América llevan en la sangre y que les acompaña desde la cuna hasta la tumba. Como buen palenquero quiso incursionar en el boxeo, para luego encontrar su destino en la música. Se volvió champetero en la década de los ochenta, cuando sobre la base de los discos de ritmos africanos que llegaban al Caribe colombiano (ritmos como el mbquangam, calipso, soukous, folk africano y ju ju), impusieron las letras y el sentimiento de la población afrocartagenera. Entonces decidió cambiar su nombre y de Carlos Reyes pasó a llamarse Charles King.

Aunque la champeta se escucha desde Ipiales hasta la alta guajira, su epicentro ha sido Cartagena, ciudad desde donde se ha irradiado este ritmo. Fue en algunos barrios marginales del “corralito de piedra”, donde bajo el tronar de los picós –sistemas de sonido con potentes parlantes-, nació la champeta, nombre originalmente designado para el cuchillo con el que se arregla el pescado. King comenzó a cantar champeta con la legendaria agrupación Anne Swing, lanzándose como solista en 1997. Con su música ha viajado a Venezuela y Estados Unidos, colaborando con artistas como Martina La Peligrosa, Sidestepper y Cabas.

Arcadia habló con este pionero de la champeta.

 

¿Cómo llega la champeta a Cartagena y cómo llega usted a la champeta?

Llega por los ritmos africanos que formaban parte de la cultura de los picós. Se llamaba “champetera”, de forma despectiva, a la gente que iba a bailar estos ritmos a esos sistemas de sonido. Nosotros creamos la primera agrupación de champeta, basados en las características musicales de la música africana que entraba por el puerto. La gente denominó “champeta” a esa música que hacíamos.

¿Qué recuerda de su infancia en Palenque?

Mi mamá es de San Pablo, Bolívar y mi papá es de palenque. Estoy ligado a esa región, a pesar de que nací en Venezuela. Desde que llegué a San Basilio la música entró a mi vida. Cuando era niño no había luz en las en las noches en San Basilio, y nosotros nos dedicábamos a tocar la tambora. Los ritmos musicales afrocaribeños son parte de nuestro ciclo vital. Se nace, se muere y se goza a golpe de tambora.

¿Cómo se tradujo la música africana que llegaba en vinilo a la champeta cartagenera?

Fue muy fácil. Queríamos alimentarnos de esa identidad africana que habíamos perdido por el proceso colonial. Lo que hicimos fue hacer una síntesis entre la música palenquera basada en la percusión y la música africana. Vimos que teníamos la misma sensibilidad que tenían quienes hacían música allá en África.

¿Cuál es la importancia de los temas sociales en su música?

A mí me conocen en Cartagena como el cronista de la champeta. Canciones como  El martillo, El Tatuaje, La guerra de los callaos, Bicarbonato y el Abogado corrupto, hablan de esa realidad alejada de las playas, las vendedoras de cocadas y la ciudad amurallada. Yo creo que se puede cambiar el mundo con la música. Mi música es revolucionaria y pacifista. Mis canciones tratan de ser denuncia social. La sociedad necesita un cambio general.

¿Cuál es la importancia de Cartagena en sus canciones?

Es enorme. La problemática de abandono de muchos sectores de Cartagena es mi principal fuente de inspiración. Uno espera que Cartagena, por su importancia histórica, cultural y económica tenga una realidad diferente. Hay barrios que llevan 50 años de fundados y no tienen electricidad, alcantarillado o vías pavimentadas. A pesar de ello, yo camino por Cartagena y encuentro mucha riqueza que me inspira. Yo hallo la musa caminando por las calles, hablando con la gente y compartiendo con ellos.

Usted criticó a los exponentes de la “champeta urbana” porque estos no se sienten realmente “champeteros”. ¿A qué se refería con esa crítica?

Lo que quería decir es que ellos quieren diferenciarse de nosotros, los champeteros originales. Yo he formulado esa crítica porque creo que a ellos no les gusta nuestra música; la suya es una música más cercana al reguetón y sé que a ellos no les gusta la champeta, se han opuesto a nuestro género musical. Ellos saben que para hacer música en Cartagena y triunfar hay que hacer champeta, pero su música no lo es. Han eliminado elementos representativos de la champeta. Suenan distinto.

¿Qué futuro le ve a la champeta? ¿Cree que debe mantenerse “pura” o cree que puede mezclarse con otros géneros?

La champeta ya se ha cruzado con otros géneros, y eso ha tergiversado la identidad de la champeta. No creo que sea malo, pero no es champeta en esencia. Se ha perdido gran parte de su riqueza rítmica.

¿Cómo fue trabajar con Richard Blair en Champeta fever?

Fue una experiencia grandiosa. Blair no trata de cambiar tu identidad musical, sino que la respeta. El trata de construir un sonido sobre lo que tú conoces. Blair se reúne contigo previamente, te estudia y tiene un gran conocimiento e intuición musical.

¿Qué tanto hay en la champeta de un anhelo por regresar a África, a nivel cultural?

Los palenqueros siempre hemos tenido ese anhelo de regresar al África añorada, de la que fuimos arrancados violentamente. Palenque es un verdadero rincón de África en Colombia. Sólo observe nuestra lengua, nuestra cocina y ritos funerarios. Los habitantes de San Basilio que han tenido la suerte de viajar a África se sienten en casa. A través de la música hemos podido regresar a África. Su cultura es parte de nuestra vida.

 

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