Maxim Vengerov habló con Arcadia en Cartagena. Foto: Joaquín Sarmiento/FIMC.

“La música latinoamericana ha sido una gran inspiración para los compositores clásicos”: Maxim Vengerov

El ruso será el encargado de cerrar el festival en compañía de la Orquesta Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín. Empezó a tocar violín a muy temprana edad y hoy ve en la música la mejor forma de entender el mundo.

2016/01/12

Por César Rojas y Juan Francisco Molina

Maxim Vengerov es uno de esos músicos precoces que pronto se sabe que llegarán lejos. Nació en Siberia en tiempos de la Unión Soviética, en 1974, en una familia de músicos. Empezó a tocar violín a los 5 años y a los 10 ya estaba haciendo su primera gira mundial.

En 1987 se fue a vivir a Inglaterra y desde allí ha proyectado la mayor parte de su carrera. Por eso dice que se siente europeo, pero habla de la importancia de recordar de dónde viene.

Vengerov abandonó el violín en 2007 para aprender a dirigir orquestas y solo volvió a interpretar el instrumento que lo hizo grande en 2011. Desde entonces, participa en festivales de todo el mundo como director de orquesta o como solista.

En Cartagena, interpretará en violín la Tzigane de Maurice Ravel en compañía de la Orpheus Chamber Orchestra, una agrupación reconocida por la particularidad de que tocan sin director. Y el último día del Festival de Música de Cartagena, dirigirá a la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín.

Arcadia habló con Maxim Vengerov acerca de su participación en el festival y sobre la visión que él tiene de la música.

¿Cómo tocar piezas tan complejas con músicos que acaba de conocer?

Tocar con una orquesta nueva por primera vez es como conocer a alguien. Hay un poco de conversación porque hay que exponerle mis ideas musicales a la orquesta. Hay que lograr el contacto en los primeros dos minutos, de lo contrario no será fácil lograr cosas buenas. Ese es el reto del director y es la responsabilidad de quienes llegan a tocar con un nuevo grupo.

¿Qué sabe de las agrupaciones con las que se va a presentar?

He escuchado muy buenas cosas acerca de la Orpheus, creo que es la mejor en el mundo de ese estilo. Y la Orquesta Juvenil de Medellín es fantástica porque da la oportunidad a los niños de tocar en una institución musical sin importar su estatus político o social. Creo que es una buena idea del gobierno hacer eso porque al tocar música, los niños se dan cuenta de su potencial. Y le da posibilidades a los jóvenes de expresarse, físicamente, porque están tocando un instrumento,  y también espiritualmente.

¿Cómo describiría las piezas que va a interpretar y qué tienen de particular?

La “Sinfonía del nuevo mundo” de Dvorák es una de las mejor escritas de la historia. Es casi como las composiciones populares, la música popular en la música clásica, la que todos conocen, en la que uno piensa cuando uno sabe de este compositor.

Cuando Dvorák llegó a Nueva York era importante para él porque estaba empezando un nuevo capítulo en su vida. Había sido invitado para ser director de un conservatorio, fue comisionado para escribir una sinfonía americana, que fuera inspirada en el nuevo mundo, teniendo en cuenta que el venía de lo más profundo de lo que hoy es la República Checa. Fue un momento importante en su vida.

El Concierto para violín y orquesta en Re Mayor de Beethoven también es muy importante para él porque fue escrito en la mitad de su vida, justo antes de que vinieran tiempos turbulentos, antes de su sordera. Este concierto, diría yo, es un paraíso musical. El solo de violín es increíblemente hermoso. Sobresale a la orquesta, pero esta no es solo una acompañante, sino que es una gran sinfonía. Así que esta composición está escrita tanto para la orquesta como para el violín, en partes iguales.

Maurice Ravel escribió las partituras de la Tzigane, rapsodia de concierto para violín y orquesta inspirado en la violinista húngara Jelly d´ Aranyi. Ravel usó algunos de los atributos técnicos que Jelly tenía para ofrecer una sesión con toques gitanos.

Usted viene al Festival como violinista y como director, ¿cuáles son las diferencias entre un rol y otro y con cuál se siente más cómodo?

Me siento cómodo con las dos. Pero la diferencia es que cuando tocas violín, la música está bajo tus dedos, pero cuando diriges, el instrumento se convierte en una orquesta, porque ¿quién es director sin una orquesta?

Cuando una orquesta toca junta, a veces la gente pregunta, “¿Puede una orquesta tocar sin un director?”, claro que puede. Pero si ponemos 50 o 60 personas juntas en un escenario, puede haber 60 opiniones distintas, ¿cómo juntarlas? ¿Es suficiente con tocar juntos en el mismo tono? No, no es suficiente. Hay que tener visión musical e interpretación.

El tema del festival habla de un encuentro de dos mundos, ¿qué ve usted de interesante en la música latinoamericana?

Soy un gran fan de la música latina. Las danzas latinoamericanas (la salsa, el tango) me gustan mucho.

Creo que la música latinoamericana ha sido una gran fuente de inspiración para los compositores clásicos. Ellos han integrado sus ritmos, sus motivos, sus melodías y armonías en sus composiciones. Es una gran parte del mundo y una muy inspiradora.

Para mí la mejor música es la que viene de las personas. Y por supuesto esta música latinoamericana viene del corazón de la gente, tiene pasión. No es solo música fashion, esta música se quedará para siempre. Y desde ese punto de vista, a los europeos nos gusta venir a Suramérica porque uno puede ver que la audiencia es muy entusiasta, muy cálida.

Usted viene desde Siberia, se formó en Londres y ha tocado en muchas partes del mundo, ¿cómo ayuda la música a integrar culturas?

Hoy es casi irrelevante de dónde vienes. Somos gente del universo, del planeta Tierra. Creo que estamos llegando a un estándar en el que todos estamos relacionados de esta forma, que todos somos humanos.

Y creo que hoy más que nunca nos damos cuenta de las pocas diferencias que tenemos. Es parte del trasfondo político y religioso.

Sin importar en lo que creamos, hay ciertas similitudes que tienen que estar conectadas. Vengo de Siberia, conozco gente de España o Inglaterra, y hoy es más fácil que seamos amigos que, digamos, hace 20 años.

Hace 25 años, yo era todavía joven, pero había salido de la Unión Soviética, que era una sociedad muy cerrada y claustrofóbica. Fui a los países occidentales, Reino Unido o Alemania, y dudábamos de hablar entre nosotros porque éramos de especies distintas. Ahora, gracias a Internet, somos una misma sociedad. Y la música juega una parte integral en este desarrollo.

Pero tenemos que darnos cuenta que tenemos una identidad y es importante no perderla. Y es un gran reto. Tanto para ustedes como latinoamericanos, como para nosotros europeos. Hoy se habla de una crisis de identidad, porque la globalización nos fuerza a pensar de la misma forma. Sin embargo, cada uno tiene su propia forma de hacer las cosas, y tenemos que entenderlo, sobre todo los jóvenes.

Es importante recordar sus raíces porque ahí está el alma. Y la música es la mejor forma de unir a todos sin olvidar que hay una identidad en cada pieza. SI toco música latinoamericana, trato de ser latinoamericano, si toco música alemana, trato de tocar en el estilo de los grandes compositores alemanes clásicos: como Beethoven o Brahms.

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