Esperanza Spalding nació en Portland, Oregon, en 1984.

“¿Tocar a Beethoven?, a estas alturas ya no puedo hacer esa mierda”

La estadounidense Esperanza Spalding es tan dulce con su música como cáustica con sus palabras. La cantante y bajista de 31 años, ganadora de cuatro premios Grammy, se presenta el 19 de septiembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

2016/09/19

Por Santiago Serna Duque

“¿Es la nueva Aretha Franklin?”. Primera pregunta: pretensiosa y estúpida. Se alarga el silencio por más de cuatro segundos en una llamada telefónica internacional en la que Esperanza Spalding, la joven prodigio del jazz estadounidense, ganadora a sus 31 años de cuatro Grammy, responde aturdida: “¿Qué?, ¡claro que no!, solo existe una Aretha Franklin… y está viva”.

La entrevista empieza mal. Recuperar las palabras de Spalding va a ser difícil. Ella puede colgar y el periodista, de  precario acento, perder la oportunidad de hablar con la cantante, contrabajista y bajista que ha sacudido la escena musical del jazz desde que publicó Junjo, su primer disco, en 2006. Desde entonces, con un puñado de discos a cuestas y una decena de colaboraciones, Spalding se ha convertido en una de las jazzistas más famosas de Estados Unidos. Segunda pregunta, zanja o pierde: “¿Es verdad que podía reproducir a Beethoven cuando era solo una niña prodigio?”. Spalding responde: “Yo no lo recuerdo. Si fue verdad, a estas alturas ya no puedo hacer más esa mierda, debo decirlo (…)”.  

La frase de Spalding es una de esas que sirven para poner al final de un segundo párrafo en un escrito periodístico. Ahora la multifacética artista da rienda suelta, con lenguaje cortante y procaz, a párrafos que describen su música, las frecuencias bajas y la equidad de género en el escenario.  

“…A veces pienso que los niños pueden hacer cosas extraordinarias porque aún no saben y entienden las regalas que sesgan la creatividad. Sin temores se aventuran a crear. Lo que sí recuerdo cuando era pequeña es que tenía la capacidad de memorizar la letra de alguna canción que escuchaba en la radio. Pero esas habilidades, a medida que creces, por algún motivo desaparecen y todo es más forzado. De ninguna forma soy un prodigio, lo que pasa es que los niños son como mimos y repiten las cosas a la perfección hasta el detalle. La música se aprende desde pequeño como el lenguaje, casi empíricamente”.

De niña usted tocaba música de cámara y posteriormente jazz. ¿Cómo se unen ambos géneros en sus presentaciones?

Básicamente el jazz es la forma elemental de la música de cámara. Al principio, cuando era pequeña y empecé con la música de cámara, estaba constantemente  asustada de tocar. Al conocer la frescura del jazz, la magia de las interpretaciones cambió mi vida. En vivo, aquellos conocimientos adquiridos por los años entre la cámara y el jazz son mi principal fuente de improvisación, ahí se refleja el trabajo previo. Lo divertido es que la audiencia muchas veces no entiende esto porque asume que ese conocimiento viene naturalmente con el artista. 

Hábleme de la importancia de las frecuencias bajas en su música.

Mi vida es un cúmulo de actividades monótonas: correos electrónicos, vuelos en avión, entrevistas. El bajo y sus frecuencias en este sentido son tan importantes para mí como la misma tierra, me ata a mis raíces. Es el estabilizador de mi vida: tan vital como pensar, hablar y respirar.  El bajo es la conexión a mi pasado. Es una herramienta muy poderosa y ciertamente en mi jazz cumple el espacio más importante, junto a la voz. Es un instrumento lleno de cualidades a veces perdidas en otros géneros.

¿Cómo afectan su carrera los cuatro Grammy que ganó a tan temprana edad?

Sin duda ser la primer jazzista en ganar el Grammy a artista revelación en 2011 afectó positivamente mi carrera, pero honestamente no creo que eso genere un impacto drástico en mi música.

Ahora en Colombia el discurso de la equidad de género es álgido. En varias de sus presentaciones veo que solo mujeres tocan los instrumentos, ¿ese hecho tiene algún mensaje implícito?

La verdad no me importa esa ‘equidad de género‘ en mis shows en vivo. A veces puedes ver que cada instrumento en tarima es tocado por mujeres, simplemente porque son las mejores en lo que hacen. Es decir, si escucho un músico que me sorprende, lo último que pienso es en su género. Todo se trata realmente de la energía y el talento de la persona, independiente de si es mujer u hombre. Cuando estas en tour con una banda convives con estas personas las 24 horas, así que más que pensar en el balance numérico entre mujeres y hombres, pienso cuan talentosos y buena gente son. Si voy a pasar dos meses alrededor del mundo con ellos, lo que menos importa es esa ‘equidad de género’.

Alguna vez un autor colombiano dijo que la escritura era como cualquier trabajo, en el que uno se debe imponer una rutina y obligarse a escribir. ¿Está de acuerdo con esta idea al componer?

No existe una forma exacta de componer. La inspiración a veces emerge de una conversación dinámica en un café, otras veces puede venir de cómo una mujer camina y le da vida a su vestido, puede salir de un sueño, o puede ser forzada, como cuando me digo ‘tengo que componer una canción’ y me siento obligándome a que algo surja. No hay ningún patrón definitivo, la única consistencia es intentar terminar lo que empiezo.

¿Qué es lo primero que piensa cuando se obliga a sentarse y componer?

¡En la gente, hermano, en la gente!, y en sus experiencias de vida. Sin duda, el espíritu de la música son las vivencias de las personas: con lo que se enfrentan, con toda esa mierda inevitable con la que deben lidiar. Cuando no hay forma de expresarlo, de dejarlo salir, la música es la catarsis ideal. 

¿Qué conoce de música colombiana?

He visto varios grupos de música folclórica colombiana. Recuerdo uno en particular que vi en Nueva York quienes tocaban gaitas colombianas (de esas largas con una punta de cera negra), sus ritmos eran increíbles, la vibra de sus melodías en el teatro me volvía loca, tanto que en Nueva York tengo un amigo instructor de baile de tu país y le pedí que me enseñara danza colombiana. Él lo intentó pero fue inútil (risas). Yo, frente a sus ritmos y raíces, soy humilde. Sinceramente los disfruto.

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