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Los 25 años de Estados Alterados

En el universo efímero de bandas que se acaban y se desintegran, el proyecto musical de Estados Alterados sigue vivo y activo. Entre subidas y bajadas, esta es la historia corta de un aguante que ya supera dos décadas.

2015/08/21

Por Esteban Duperly* Medellín

Me encuentro a Estados Alterados, 30 años después, justo al lado de donde todo comenzó. Están probando el sonido para un concierto que darán esa misma noche en el bar Barnaby Jones, a un par de cuadras de lo que, al final de la década del ochenta, era New York New York, un lugar mítico del que hoy no queda más que la puerta de un garaje en Envigado. Pero en la página de Facebook de la banda alguien ha colgado una foto: es un flashazo espontáneo y amateur del interior del local, en 1986. El techo es bajo, la decoración precaria, el piso parece de cemento: un antro. En la mitad del cuadro, y congelado por el fogonazo de la cámara, baila un muchacho de 17 años vestido con una camiseta negra sin mangas. Su pelo es candela pura. No lo sabemos, pero es probable que sonara Depeche Mode.

Elvis: “Ese es Ricky. Está bailando con una amiga a la que le decíamos “Olguita la magavillosa”, porque tenía un problema serio para pronunciar las erres”.

Ricky: “Me decía: ‘Guicky el bateguista peguigojo’”.

Ambos se ríen de ese recuerdo que comparten desde el año 86. El pie de foto de la imagen dice: “New York New York, el único lugar de esa época donde un paisa podía oír new wave”.

Elvis: “Era un lugar muy de disidencia. Yo no encajaba en nada y cuando descubrí New York New York me encontré con un montón de iguales. Ahí me conocí con Ricky, y ahí también llegó Tato, nuestro teclista”.

Ricky: “Era un lugar muy lleno de personajes, de figuras de la ciudad, era como entrar a un submundo. Y ahí nos conocimos”.

Allá también llegó Mana, el baterista original de la banda, a quien la muerte sacó de escena 20 días antes del primer concierto. Entonces, Elvis y Tato le pidieron a Ricky, que estaba en tránsito de abandonar otro grupo llamado Código, que tocara con ellos. Y así, en un bar que era poco más que un garaje, se configuró finalmente Estados Alterados.

El concierto inaugural fue en otro lugar mítico: la discoteca Casa Verde, varias cuadras arriba de New York New York, por una loma en Envigado. Se suponía que solo llegarían los amigos, pero la voz corrió y el aforo se desbordó.

Estados Alterados es un grupo que acompañó a una generación que hoy ronda los 40 años. Recordarlos es experimentar otra vez las sensaciones de la juventud, de ir con los amigos a un concierto underground, alterarse los propios estados, y luego caminar de madrugada a casa, irresponsables y felices. Una gran nostalgia lo atraviesa todo y lo colorea con su filtro.

Como quiera que haya sido, esa misma noche Estados Alterados inauguró también la dimensión visual que los caracteriza en escena: desde un viejo proyector de cine de 16mm lanzaron hacia el escenario la imagen de unos boxeadores en blanco y negro. En realidad se trató de un truco que se le ocurrió a Elvis: “En ese momento, para hacer música electrónica, había que tener un secuenciador conectado por cables a cada sintetizador, a cada sampler; a todo lo que sonara. El secuenciador era el cerebro que los gobernaba a todos”. Y remata con una imagen tan nítida como desordenada: “Era una ‘espaguetada’ de cables”. Entonces, para entretener al público mientras conectaban espaguetis, taparon el escenario con un telón blanco y proyectaron a dos hombres dándose puños. La idea de usar imágenes en movimiento en escena se quedó.

Aún hoy, Federico López, quien estuvo con ellos durante los noventa en la producción de estudio y en tarima, dice: “A Estados Alterados siempre los ha acompañado el misterio de muchos cables. La naturaleza de ellos es compleja: la música tiene muchas capas, usan sonidos de síntesis, el tono de voz de Elvis es fácil de grabar pero difícil de reproducir en un concierto. El nivel de complejidad de la banda se expresa en el cableado y su sonido en vivo siempre ha sido un reto”. En efecto, esa tarde de sábado, mientras preparan el toque nocturno, repiten el set list varias veces. Hay algo que no está funcionando. ¿Qué pasa? Elvis no tiene retorno. Ahora una secuencia de baterías se dispara tarde. Al micrófono de Ricky se lo traga la guitarra. Tal sintetizador debería sonar más arriba. Cuando finalmente todo queda en orden, el ingeniero de sonido se desahucia: “El local se llena y a mí me cambia toda la acústica”.

Tanto la música como la puesta en escena de Estados Alterados plantean una relación con la tecnología. Eso, justamente, permite que jóvenes contemporáneos se identifiquen con ellos, a pesar de haber surgido hace más de dos décadas. La prueba está en la reinterpretación de “Muévete”, la canción con la que regresaron de una hibernación larga. “‘Muévete’ estaba en la memoria colectiva, pero mucha gente de las nuevas generaciones no sabía quiénes éramos”, explica Elvis. Es decir, todos reconocían y bailaban esa línea melódica en sintetizador, esa secuencia inconfundible de 20 notas, pero no tenían ni idea de dónde venía. Por eso, cuando se juntaron de nuevo, tocarla fue un símbolo y un mensaje: “Esa canción que usted ha oído tantas veces, eso somos nosotros”.

Un video nuevo se hizo también en 2010, junto a músicos de Sexy Lucy. Rodado entero frente a una pantalla verde –chroma key– con una plataforma giratoria, vestidos con aplicaciones de alambre electroluminiscente, en una suerte de homenaje a la película Tron; y luego sometido a una posproducción digital muy extensa, es una metáfora de la banda. Contrastado con el clip mínimo de 1989, donde Elvis baila y Tato toca los sintetizadores frente a un muro blanco, la evolución es notable.

Pero antes de la “Muévete” moderna y el video futurista, Estados Alterados se había disuelto. Las luces altas de un ascenso que se truncó en 1999 ya todos las conocen: la primera banda colombiana en mtv, la primera en tener un sitio web, y la primera en girar por Estados Unidos durante la primera –y muy incipiente– oleada de eso que más tarde se llamó “rock latino”. Todo de primeros. Sin embargo, ese período también estuvo lleno de medios tonos y sombras que matizaban eso que, desde afuera, parecía solo glamour y rocanrol.

El famoso video de El velo lo rodaron en Miami en 1991 con el director Simón Brand, pero para llegar hasta allá viajaron en un avión de carga junto a frigoríficos con flores. Discos Fuentes los tenía fichados bajo el sello alternativo Factory Records –para sostenerle el pulso a Codiscos, que tenía a Kraken y a Ekhymosis–, pero muchas cosas eran muy precarias.

Elvis: “Viajar en un bus todo el viernes, llegar Bogotá y tocar el sábado. Devolverse en bus todo el domingo y estar de pie el lunes en clase de 6:00 de la mañana. Yo los llamaba tours suicidas”.

El ascenso se aceleró en 1995 cuando grabaron Rojo sobre rojo, el trabajo más mediático. “No sé si ellos se sienten muy cercanos a todo ese disco”, reflexiona hoy Federico López, quien fue el productor, y recuerda que Ekhymosis había iniciado una onda de fusiones latinas que resultaron tan lucrativas que las disqueras mandaban arreglistas al estudio a poner trompetas y coros y pitos y congas. Así apareció “Fiebre de marzo”, un tema del que Simón Brand hizo un video lleno de colores ácidos. “Aunque respondieron a ese fenómeno, su columna vertebral seguía siendo más fría, más Noruega. Una cosa más cercana a El velo”, dice López.

Y en 1998, montados junto a Aterciopelados y Ekhymosis en una ola que se los llevaba a todos al otro lado del mar, grabaron un disco profundo y complejo, producido nada menos que por el argentino Tweety González. Un “discazo”, según dicen los pocos que conocen la historia. Porque esas canciones jamás llegaron a la calle. Ese es el disco perdido de Estados Alterados. Una joya oculta. Problemas con una disquera mexicana que operaba en Guatemala, sepultaron la música.

Elvis: “Fue un golpe duro y desmoralizador que tuvo que ver en parte con la parada del grupo”.

A todo se sumó un espacio vital adverso e individualista, que terminó por congelarlos.

Ricky: “Cuando Estados Alterados tocó su pico, Colombia vivió la mayor violencia. No había soporte para espectáculos artísticos y eso desinfló el impulso. Además, llegaron oportunidades a nivel individual. Tato decidió establecerse en Bogotá. A mí me surgió una oportunidad en Estados Unidos. Y Elvis se quedó acá”.

Hasta que en 2005, seis años después, el festival Rock al Parque los invitó a tocar. Cuando volvieron a verse los tres habían cambiado físicamente, sus personalidades tomaron caminos distintos, pero conservaban la pulsión original. La gente en el concierto reaccionó, hubo coros de temas que no sonaban desde el siglo pasado y, entonces, decidieron sacar material nuevo.

A partir de ahí Estados Alterados ha experimentado, quizás, su etapa más interesante. Cuando los músicos producen bajo sellos independientes pueden sonar como se les antoja. La tecnología y la globalización han estado de su lado y les permiten ser una suerte de banda que trabaja de forma remota, o contactarse con productores como el británico Phill Vinall, con quien hicieron el disco Romances científicos. Y ahora, en una suerte de maniobra de retorno, grabaron Intruso armónico con Víctor García, el productor de su primer disco. Aunque ese nuevo álbum suena muy contemporáneo y, en palabras de Elvis y Ricky, “Estados Alterados suena hoy más que nunca a Estados Alterados”, volverlos a oír detona, una vez más, las sensaciones de una generación que encuentra en ellos a los representantes de los buenos tiempos.

Sentados en una tienda de Envigado, luego de afinar finalmente el sonido de esa noche, Ricky y Elvis se ven como un par de músicos decantados. Elvis lleva consigo parte del archivo visual de la banda y enseña fotos, postales, recortes de prensa, carteles, escarapelas All Access de mtv y un adhesivo azul oscuro con el nombre de la banda en tipografía blanca y gruesa. Esa pieza la reconozco: mi mejor amigo del bachillerato tenía una igual pegada a su pupitre. No veía esa imagen desde 1994. Entonces mis recuerdos se agitan y me veo a mí mismo una madrugada caminando a casa después de un concierto, irresponsable y feliz, y entiendo qué significa una banda que ha aguantado 25 años, donde unos músicos se van y otros llegan –el drama del rock– y que hoy es capaz de pelearse el puesto con otras 1.500 canciones en el playlist de un adolescente.

Le pregunto a Federico López qué género musical los define y me contesta que los géneros son invenciones de las disqueras, y aunque en ellos existen influencias de lo que llamamos new wave y synth rock, donde en realidad se disfruta a Estados Alterados es en su mirada del mundo. “De qué manera te invitan a vivir”, explica. Son como una fuerza que supera a la industria. Son inmunes a las oleadas del mercado. Es como si fueran una banda de punk.

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