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El sabor de la Piña

Se presentaron al comienzo de la tarde y prendieron a un público escéptico que apenas empezaba a curiosear qué había en el último día del Festival Estéreo Picnic. Nelda Piña y la BOA combina tantos elementos que se convierte en una bomba en escena.

2016/03/13

Por César Rojas Ángel

El loro y la lora estaban loreando

Es difícil saber quién es el autor de estas líneas. Están afincadas en el folclor del Caribe y particularmente del departamento de Bolívar. Se hicieron famosas a nivel nacional por un popurrí que alguna vez hizo el Joe Arroyo para rendirle homenaje a la cantadora y bullerenguista Estefanía Caicedo.

Y yo por la reja estaba mirando

En la tarde del sábado 12 de marzo de 2016 se volvieron a escuchar en Bogotá. Esta vez la intérprete era la cantadora Nelda Piña, oriunda de Gamero, Bolívar. Luego de dedicar su vida a los cantos tradicionales de su región, esta mujer se arriesgó hace cuatro años a aceptar la propuesta de un grupo de jóvenes bogotanos (aunque en el grupo también hay peruanos y mexicanos) para mezclar el folclor caribe con el africano, el antillano y añadirle elementos contemporáneos. Así se unió a la Bogotá Orquesta Afrobeat y nació Nelda Piña y la BOA.

El loro comiendo y yo trabajando

Empezaron a tocar pasadas las cuatro de la tarde. La psicodelia es un elemento crucial dentro de su performance. En el fondo del escenario se proyectaban colores vivos y en movimiento que se alternaban con el nombre de la banda. Los tambores pronto llamaron la atención de los desprevenidos que estaban esperando a ver con qué se iban a encontrar a esa hora en la carpa Huawei del Festival Estéreo Picnic.

Con qué se mantiene, con la flor del verano

Son 11 en escena. Hay movimiento, fuerza y un derroche de alegría irreversiblemente contagioso. Iván Zambrano tiene espacios para improvisar con el saxofón mientras Pío Molina baila por todo el escenario. Sebastián Carrizosa, el guitarrista, coordina todo sin mucho protagonismo. También está Diana Sanmiguel, otra de las líderes, versátil percusionista que también hace los coros y en la canción que estrenarán en el próximo álbum –“que me mate el mar, que me mate”– sale a hacer un poco de hip hop. Pero en conjunto, todos brillan al tiempo.

Trabajar, compañero, trabajar

Las venas se brotan en el cuello de Pío Molina cuando su voz se proyecta con fuerza. Sus ojos se blanquean y su espalda se arquea hacia atrás. La sonrisa con todos los dientes también es una constante. ¡Qué poder! Le hacen bien las capacidades histriónicas que solo se aprenden en el teatro –por cierto, para quienes no lo vieron en Estéreo Picnic, se le encontrará también en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá con la obra Catatonia-.

Trabajar, trabajar, trabajar

El Afrobeat es una mezcla explosiva. Tiene elementos africanos, hay tambores y cajas, pero también un suenan las claves que quizá son más comunes de este lado del océano. Hay sonidos europeos porque la trompeta, el trombón y el saxofón aportan su propio brillo; también está el teclado y las cuerdas. Hay caribe en la voz, en la danza, y en las letras que resultan tan familiares para el público. Todo esto se refleja en un amplio repertorio de instrumentos que le imprimen su propia fuerza al trabajo en escena.

Azúcar me llamo yo

Nelda Piña salió a escena después de la segunda o tercera canción. Lleva una manta azul aguamarina y un turbante del mismo color. Le canta a un puñado de pelados que, en su mayoría, la acaban de conocer. Algunos tienen la cara pintada con tintas fluorescentes, otras llevan flores en el pelo y algunos se empiezan a quitar las gafas para el sol que ya se está despidiendo.

Azúcar me han de llamar

A Nelda Piña le fastidia el humo que sale de atrás de la tarima. Ese que se usa hoy en día para jugar con las luces y enriquecer el espectáculo. Diana Sanmiguel le sonríe como explicándole que ni modos, que eso hace parte del show. Pío Molina le baila para tratar que su atención se centre en otra cosa. Pero ella tiene razón, no hace falta más show si ella está en escena. Ignora el humo y sigue cantando.

Azúcar me puso el padre, cuando me fue a bautizar

La gente está fascinada. El calor de Nelda Piña y la BOA sana a los que acaban de llegar a la carpa Huawei. Afuera cae el primer y único aguacero de la tarde. Nelda Piña también está encantada. Agradece a los espectadores y al festival. La voz de Pío Molina se desgarra al lado del saxofón de Zambrano. Aplausos.

Azuca’azucaráa

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