La Plaza San Pedro Claver en la ciudad amurallada es uno de los escenarios del Festival. Foto: Andrés Londoño.

El encuentro de dos mundos sonoros

¿Qué quedó después de la Conquista? Más allá de la política, la cultura no volvió a ser la misma a ambos lados del Atlántico. Este evento reúne los testimonios musicales de más de cinco siglos de intercambios, accidentes y experimentos.

2016/01/05

Por César Rojas Ángel

“Creo que lo más positivo que ha quedado de nuestra presencia en el Nuevo Mundo ha sido la música, porque en las otras cosas no todo fue tan bien”, dice Jordi Savall, uno de los invitados especiales del Festival Internacional de Música de Cartagena que inicia este 8 de enero.

El musicólogo, violagambista, director e intérprete barcelonés ha dedicado su carrera al estudio de la música antigua. Ha escarbado en archivos públicos y privados para encontrar partituras olvidadas, historias que hablan de las interpretaciones en el siglo X o el Barroco (entre otros periodos) y testimonios que describen la música de esa época, muchos siglos antes de que existiera alguna tecnología capaz de registrar y reproducir las ondas sonoras.

“Muchos de los marineros que llegaban al Nuevo Mundo cantaban y tocaban algún instrumento.  Estamos hablando de una época en la que si tú no sabías cantar y no sabías tocar, en tu vida no había música. Si leemos El Quijote, por ejemplo, vemos que hay música en todas partes, todo el mundo sabe cantar o tocar un instrumento más o menos bien. En la vida de la gente sencilla era indispensable saber cantar, sino te morías. Porque la música te ayudaba a sobrellevar la vida”, explicaba Savall durante una rueda de prensa al cierre del Festival de Música Sacra de Bogotá que se realizó entre septiembre y octubre de 2015.

Las piezas que interpretó en esos días son distintas al extenso repertorio que traerá a Cartagena, pero la esencia es la misma: en la música antigua, clásica y contemporánea hay un encuentro entre varios mundos que es posible narrar con distintos ritmos y autores.

Hacia tierra firme

Los organizadores de esta décima edición del Festival Internacional de Música de Cartagena se enfocan en ese diálogo intercultural. El tema que orienta la programación, Hacia tierra firme, habla de la música profana que era referente en Europa antes del descubrimiento de América, y que más tarde llegó este continente; hay otra sección del Festival dedicada a la música sacra que se compuso en el Nuevo Mundo con referencias europeas y, por último, hay una parte enfocada en la música contemporánea.

“Llevo dos años trabajando con la oficina de Jordi Savall”, cuenta Antonio Miscenà, director del Festival.

“Jordi Savall llega a hacer seis conciertos más o menos sobre este tema. Porque él ya ha hecho mucho trabajo sobre la relación entre la música europea, española sobre todo, y la latinoamericana. Tiene un volumen completo sobre la música en tiempos de Cristóbal Colón, dos CD’s distintos sobre folías españolas y folías criollas, otro álbum sobre villancicos, en fin, ha hecho muchas producciones alrededor de este encuentro de culturas”, agrega el director.

El programa que traerá a Colombia tiene muchos matices. Savall llega con 35 músicos de distintas regiones de Europa, África y Suramérica y, entre otras obras, interpretará La ruta de la esclavitud, una ópera encargada por la Unesco que presentará el domingo 10 de enero en el Teatro Adolfo Mejía.

Pero las presentaciones del español y su agrupación Hespèrion XXI son solo una parte de todo el repertorio que trae el festival. “Es difícil hacer un Festival como el de Cartagena porque tratamos de ser originales. Que no sea lo mismo que se encuentra en París, en Roma o en Nueva York”, añade Miscenà.

Por eso la programación incluye agrupaciones como el Colectivo Colombia. Músicos entre los que se encuentra el saxofonista Antonio Arnedo o el marimbista e investigador Hugo Candelario interpretarán piezas fundadas en cuatro áreas de la música popular (llanera, andina, pacífica y atlántica). 

Además, parte del experimento al que le apuntan los organizadores busca enfrentar en una misma presentación las composiciones latinoamericanas con las europeas. Por eso hay un concierto titulado Las estaciones de dos mundos que integra Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi y Las cuatro estaciones porteñas de Astor Piazzolla.

Miscenà y su equipo están trabajando para llevar el Festival a muchos públicos. Por eso diseñaron una aplicación para dispositivos móviles que reúne la información sobre los músicos, los conciertos y los temas alrededor del evento. Además, hay un playlist en Deezer con parte de la música que se escuchará en Cartagena y durante los días del festival hay eventos gratuitos en escenarios como la Plaza de San Pedro o la Capilla Sofitel Legend Santa Clara.

El director del festival reconoce que al principio este proyecto no fue fácil. Si hiciera un festival enfocado en Bach o en Vivaldi, dice, todo el mundo lo entendería. Pero cuando él llegó hace cuatro años, empezó a pensar en temas como “El Mediterráneo” o “Las fábulas”, y ahora “Hacia tierra firme”, que encierran un argumento más complejo pero que es reconocido por los músicos y los públicos.

Dice Jordi Savall que los artistas responden a un interés que reconocen en ellos mismos y en quienes los escuchan y eso se traduce en un argumento para preparar estos repertorios. “Yo he recibido muchos premios, pero el mejor es cuando se acaba el concierto y se me acerca la gente. Hace un par de años, en México, vino una familia de indianos con los niños, los padres y la abuela y me dijeron: ‘lo escuchamos en nuestra familia hace más de 15 años’. Quedé atónito”.

Ese tipo de historias no son ajenas a lo que pasa en la música. En 1965, Jordi Savall conoció en Santiago de Compostela al maestro colombiano Rafael Puyana, que interpretaba el clavicémbalo (un instrumento antiguo, predecesor del piano moderno). En una clase de música antigua, Puyana se acercó a Savall para preguntarle por qué tocaba con violonchelo algunas piezas que habían sido compuestas para viola da gamba, un instrumento de arco y cuerdas del siglo XV.

Este episodio marcó la carrera de Savall y fue el comienzo de un viaje que todavía no termina. Su paso por Cartagena hace parte de la reinterpretación de una ruta que iniciaba en el Golfo de Guinea o en Cabo Verde, en África, hacía una parada en las Antillas y Cartagena, y seguía hasta Norteamérica. Esa Ruta de la esclavitud se puede contar con la música y hace parte de un repertorio que incluye muchas otras historias como esta.

Del 8 al 16 de enero, Cartagena será el puerto de más de 300 músicos que reflexionarán con sonidos acerca de una historia que va más allá de las palabras.

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