Leandro Díaz

Vida y muerte del acordeón

Del 28 de abril al 2 de mayo se celebrará en Valledupar la edición 48 del Festival de la Leyenda vallenata, la fiesta le hace un homenaje un género que ha sufrido múltiples cambios a lo largo de su historia.

2015/04/29

Por Juan Sebastian Barriga

Durante décadas los paisajes de la costa norte colombiana han estado acompañados por los sonidos del acordeón de algún trovador. Este ritmo de origen popular, interpretado por músicos autodidactas y en muchos casos analfabetas pasó de ser la música característica del Caribe al sonido oficial de Colombia, otorgándoles a sus intérpretes un estatus de semidioses.

En el siglo XX el  vallenato ganó popularidad gracias a la creatividad y habilidad de personajes como Alejo Durán, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta, Pedro Nolasco Martínez, entre otros. Sus sonidos no solo cautivaron al pueblo sino también a esa oligarquía colombiana que años atrás la había despreciado. En 1968, por iniciativa de Escalona se creó en Valledupar el Festival de la Leyenda Vallenata que este año homenajea a la Dinastía López.

Por años el vallenato estuvo rodeado de un aura de romanticismo y magia. Figuras como Francisco el Hombre, quien derrotó en un duelo al diablo, forman parte del folclor nacional. Y rivalidades como la de Emiliano Zuleta con Lorenzo Morales todavía son cantadas en las parrandas. Pero la masificación y la hibridación musical que ha sufrido el vallenato desde entonces le han quitado para algunos su esencia.

El periodista Daniel Samper Pizano, defensor del vallenato clásico, opina que “el gran éxito del vallenato ha sido el mayor enemigo del género, pues sobre los lomos del incomparable vallenato clásico galopa el vallenato comercial, ese esperpento compuesto por música gastadas y predecible y letra fabricada por metros. Este vallenatoide es el que domina hoy las emisoras y el mercado, y aplasta la belleza de los cantos que nos dejaron Escalona, Leando, Emiliano, Adolfo Pacheco, Julio Erazo, Alejo Durán y muchos más”.

Hoy el vallenato esta fundido con la maquinaria comercial. Varios “vallenatologos” como Samper Pizano critican el nuevo vallenato pues consideran que la necesidad de sacar discos ha disminuido la creatividad, la característica principal de todo trovador. Sobre todo cuando se batía durante una puya contra un contrincante.

Además, algunos intérpretes se han encargado de construir una imagen negativa del género. Silvestre Dangond, por ejemplo, ha sido ferozmente criticado por personajes como el cronista Alberto Salcedo Ramos por su burda e irreverente música. La imagen de su último disco La novena batalla, donde se presenta usando varios símbolos militares, ha causado malestar por ser considerada guerrerista.

Por otro lado, muchos intérpretes vallenatos han estado relacionados con el narcotráfico y el paramilitarismo. El propio Diomedes Díaz fue visto cantando en las parrandas de varios líderes de las AUC del Cesar como David Enrique Hernández durante el tiempo que huía de la justicia acusado del asesinato de Doris Adriana Niño.

A pesar de la polémica y la mala imagen sigue siendo uno de los ritmos más importantes del país. Las leyendas forjadas alrededor de esta música siguen inspirando a los realizadores nacionales como el caso de la película Los viajes del viento, de Ciro Guerra. Sin importar el rumbo que tome este género es imposible no  reconocer su valor cultural. Por ahora el éxito comercial empaña a la tradición pero solo es cuestión de tiempo para que resurja del corazón del Caribe un nuevo juglar que le devuelva la magia al acordeón.


Cinco vallenatos clásicos:

1. La diosa coronada, Leonardo Díaz


2. Jaime Molina, Escalona (Carlos Vives)


3. La creciente, Binomio de Oro


4. Rosa jardinera, Los Hermanos López


5. Mi color moreno, Calixto Ochoa

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