Germán Borda Camacho / Fotógrafo: Daniel Reina R.

“Uno maneja los fantasmas en la música”

El compositor y escritor colombiano Germán Borda Camacho celebra su cumpleaños número 80. Arcadia se reunió con él para conversar sobre su larga trayectoria profesional y los problemas que enfrenta la música clásica en Colombia.

2015/01/27

Por María Camila Pérez B.

Desde muy joven, el maestro Germán Borda Camacho ha dedicado su vida al arte. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y, tras mudarse a Austria, se doctoró en Teoría y Composición.

Ha escrito más de 1.000 composiciones y su repertorio incluye música de cámara, música para un solo instrumento y composiciones para grandes orquestas y coros. Le han encargado piezas musicales la Filarmónica, Colcultura y la Fundación Arte de la Música y, en 1979, fue galardonado por ésta con el "Pegaso de Plata" por su obra Espacios, obra para cuerdas.

 

Usted estudió Literatura en los Andes y siempre sintió afinidad por la escritura, pero ¿en qué momento decidió que quería dedicarse a la música?

Yo escribí primero antes de dedicarme a la música. Lo que pasa es que yo había estudiado siempre piano con unas profesoras muy poco conocedoras y muy poco importantes, y de golpe encontré a un profesor suizo, que fue profesor en los Andes también, y con él encontré un profesional que me encaminó un poco más hacia la música. Pero seguí escribiendo, lo que pasa es que no publiqué. Dudé mucho entre dedicarme totalmente a la literatura o a la música, porque siempre he caminado en los dos rieles.

Obviamente, cuando estuve en Viena tuve que dedicarme mucho más a la música porque estaba haciendo el doctorado, pero después continué haciendo las dos actividades. Al regresar aquí tuve mucha más aceptación como músico, aunque trabajé en El Tiempo, fui crítico musical y comentarista en las páginas dominicales y seguí siempre con la actividad literaria.     

 

¿Dónde busca inspiración a la hora de componer una pieza musical?

Algunos profesores míos que fueron compositores influyeron mucho en mi actividad artística. El fundamental es Alfred Uhl, pero tuve también clase con el hijo de un gran compositor, una gente muy conocida en Alemania, y él decía: “La inspiración no existe, la inspiración sale del trabajo. Si usted no puede escribir cualquier cosa en cualquier momento, no se considere compositor”. Si tú me dices a mí que escriba un concierto para contrabajo yo te lo escribo, no tengo que sentarme a esperar. Como diría Machado “se hace camino al andar”. Entonces comienzo a hacerlo y funciona.

  


Usted ha dicho que componer no se trata únicamente de poner la nota correcta en el lugar adecuado, sino de convertirse en creador. ¿Qué toques personales le da a su música para hacerla única?

Es un trabajo tan sumamente interno que es muy complicado cuantificar qué es lo personal en la música. Yo considero que la música tiene una ventaja sobre la literatura. Uno maneja los fantasmas en la música de una manera un poco más oculta, entonces es más fácil. En literatura uno tiene que llegar a una disección descarnada del ser humano, de lo que uno es, y aceptarla. Esa disección en música es mucho más oculta. Entonces el toque personal, esa huella digital, tiene que estar en cada composición. Yo creo que es muy importante que cuando la gente oiga algo diga: “eso es de Chopin, eso es de Bach, eso es de Borda”. Hay compositores con mucho nombre, por ejemplo Max Reger, que escribió toneladas de cosas, pero son amorfas y uno no puede decir “ese es Reger”. O sea que siempre tiene que haber ese toque personal en la música.    

 

¿Cuál es el principal problema que enfrenta la música clásica en Colombia?

Yo creo que es una falta de concepto. Por un lado, creo que no existe la infraestructura, creo que debería haber una o varias editoriales que sacaran la música. Segundo, que se siguiera la huella de los compositores más importantes y se hicieran los estrenos de acuerdo con la calidad de las obras y no, un poco como ocurre aquí, que los estrenos se hacen como una especie de limosna. Otra cosa, aquí han traído cantidades de artistas del exterior que han promovido música de sus países, pero nunca se les ha ocurrido decir: “Oiga señor, usted que vino de México, ¿por qué no toca una obra de Germán Borda o de Blas Emilio Atehortúa allá?”. Eso no se les ha ocurrido. Generalmente, los que manejan la música aquí no tienen mucha idea de lo que están haciendo…es como si me pusieran a mí de director de la NASA.

 

¿Qué relación encuentra usted entre la música y la literatura?

A mí me ha interesado auscultar aspectos diferentes de las posibilidades artísticas. Entonces no quería únicamente concentrarme en la composición, sino quería también escribir poesía, teatro, novela, y por esa razón fui haciendo eso y al mismo tiempo música. De golpe encontré ciertas conexiones. Hice unas obras sobre Orestes y Edipo, donde mezclaba textos que había realizado con música. También escribí una obra muy larga sobre Marcel Proust que no ha sido estrenada y pronto terminaré una obra sumamente ambiciosa en la cual he trabajado durante dos años. Hice un texto sobre tres pintores: Boch, Gauguin y Van Gogh. Esa es una obra que es para gran orquesta, coros, solistas, narrador, ballet, teatro y tiene también efectos de televisión. Eso ha sido un gran montaje y me falta la última parte que ya la tengo en la cabeza…solo falta escribirla. Ahí hay una conjunción entre las dos actividades: la literatura y la música.

 


A la hora de escribir, ¿por qué género literario siente más afinidad?

Yo he escrito de todo, pero lo que pasa es que también depende mucho del estado de ánimo. Creo que para la poesía sí se necesita tener un momento de sensibilidad. Ahí sí diría yo que para la poesía es lo único que uno necesita tener inspiración. Ahora, la novela es muy complicada porque es una gran estructura, es como una gran sinfonía. Entonces tengo que ir metiendo todas las cosas y hacer coordinar todos los elementos y todos los personajes, es un gran reto. Personalmente, me parece que lo que menos trabajo tiene es la poesía. A uno se le ocurre y punto. En cambio, si yo tengo una idea en música me puedo demorar media hora en escribir tres o cuatro compases y en poesía nunca pasa eso. Yo soy muy ambicioso y me meto en mucho lío porque con la sola composición debería estar y ya, pero además quiero ser novelista. Eso me ha permitido expandirme también internamente y captar una cantidad de cosas distintas. Yo creo, por ejemplo, que uno no podría captar la poesía si no entendiera mucho de lo que es eso intangible que es lo musical. El teatro también es muy difícil, pero yo tengo una teoría: O se puede o no se puede.

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