Sam Tarantino

Adiós a Grooveshark

El 30 de abril la página de streaming cerró después de cuatro años de pleitos legales contra la industria musical de Estados Unidos.

2015/05/06

Por Juan Sebastian Barriga

En un dormitorio de la Universidad de Florida nació Grooveshark. La página fue creada en 2006 por Andrés Barreto, un colombiano que migró junto con su familia a Estados Unidos, y sus dos socios, Sam Tarantino y Josh Greenberg. La idea surgió por el interés que Barreto tenía  por oir música de todo el mundo y la necesidad de Tarantino de distribuir las canciones que componía. Poco a poco la página fue atrayendo gente y terminó con 35 millones de usuarios mensuales.

La página funcionaba a través de usuarios que subían y escuchaban música de forma libre y gratuita. Este era el escudo que mantuvo al portal activo, pues su defensa alegaba que las canciones protegidas por derechos de autor, no las colgaban ellos sino sus usuarios. En 2011 las disqueras Warner, Sony y Universal demandaron a Escape Media, empresa dueña de Grooveshark. Así comenzó una lucha que finalmente terminó después de que un juez determinará que los ejecutivos alentaban a sus empleados a subir música, lo que rompía el resguardo legal. Para evitar pagar una multa de 736 millones de dólares los dueños del portal tuvieron que cerrarlo.

“Me parece algo entendible porque hay mucha gente pescando en río revuelto ganando un montón de cosas y al final es el músico el que se queda sin plata”, opina el productor musical Tato Lopera. “Hay que reglamentar cómo es lo de los pagos. Porque este tipo páginas  son básicamente unos servidores donde todo el mundo baja y oye la música, no hay gastos y solo cinco personas en una compañía ganan millones. Hay que buscar, que de una u otra forma haya un poco más de equidad. Si alguien va a ganar que ganemos todos, eso es lo más importante”, agrega.

Uno de los argumentos de los defensores de este tipo de sitios es que permiten una mayor difusión para los músicos. Sobre todo para aquellos que trabajan de forma independiente o que no distribuyen su trabajo en una forma masiva. Respecto a este punto Lopera comenta, “Hay una difusión pero nadie está ganando. Es como cuando le dicen a uno, venga y toque en un bar. Usted paga para aprovechar el espacio, pero el bar vende trago y gana con las entradas y la gente no sabe que las bandas están pagando para tocar ahí.  Es como que le digan: lo estamos apoyando y todo el mundo gana menos uno y eso se vuelve un poco injusto”.

Anteriormente Grooveshark había llegado a acuerdos con algunas disqueras independientes y con el sello EMI. Pero esta vez no pudo contra la industria que también obligó a la empresa a entregar las patentes y derechos de autor del portal.

En redes sociales los usuarios expresaron su inconformidad con el cierre y ya apareció un nuevo portal  Grooveshark, pero con otro dominio y probablemente subido por alguna persona que logró guardar gran parte del contenido de la página. Pero es posible que este nuevo sitio no dure mucho debido a que en su carta de despedida, el equipo de Grooveshark pidió perdón por los “graves errores cometidos” al no contar con las licencias de las canciones. E invitaron a sus usuarios a utilizar servidores legales como Spotify.

Más allá de la pugna entre las industrias y la piratería el cierre de esta página retoma el tema del valor que tiene el trabajo del artista. La música es uno de los sectores que más ha tenido que reinventarse en los últimos años. Para una banda, pertenecer a una disquera, sin bien significa un soporte importante, no necesariamente se traduce en ganancia. Ya que al pertenecer a un sello el artista también debe pagarle a varios intermediarios que garanticen la difusión de su trabajo. Y promocionarse por internet no siempre implica perder dinero ya que la difusión global ha permitido a cientos de artistas llevar sus trabajos a más mercados. Lopera considera que la solución para los músicos es simple, tocar en vivo y llevar la música de los parlantes del computador a los oídos de la gente.

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