Herbert von Karajan (1908-1989).

Herbert von Karajan: Monstruo y mito

Hace 27 años, el 5 de abril de 1989, falleció el más polémico y reconocido director de orquesta del siglo XX.

2010/03/15

Por Andrea Baquero

¿Cómo un hombre que dirigió la orquesta Staatsoper de Berlín durante la peor época del nazismo, entre 1941 y 1944, se convirtió en la figura más adorada y repudiada de los directores de orquesta del siglo XX? Ese hombre nació en Austria y fue llamado el milagro Karajan. Herbert von Karajan comenzó su carrera como pianista. A los 21 años fue nombrado director musical de la Ópera de Ulm en Alemania. En marzo de 1933 se hizo miembro del partido nazi con lo que logró impulsar su carrera en Alemania y debutar como director en el Festival de Salzburgo. Desde 1934 hasta 1941 dirigió la ópera y la Sinfónica de la Aachen Opera House.

Para 1935, Karajan era el director general musical más joven de Alemania, y en 1937 dirigió la Orquesta Filarmónica de Berlín. Ese mismo año, firmó con el sello Deutsche Grammophon y grabó La flauta mágica, de Mozart, la primera de sus más de 800 grabaciones. En 1955 sucedió al maestro Wilhelm Furtwängler como director titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín, cargo que ocupó hasta 1989, el mismo año de su muerte.

Por su trayectoria, Karajan personificaba el ideal de los intérpretes de música clásica, y marcó la figura del director del siglo XX al ser una estrella mediática, productor de ópera, director y fundador de festivales.

Pero, realmente, ¿cuál es la función del director de orquesta?, ¿ y por qué Karajan se convirtió en el llamado director del siglo XX?.

En términos generales, el director de orquesta es el encargado de los ensayos y los conciertos, así que una vez escogido el repertorio, el trabajo del director es darle forma a la interpretación musical; crear los conceptos y formar las ideas bajo las que se interpretarán las piezas. Según esto, no cabe duda de que Karajan fue el gran intérprete de orquesta del siglo XX y supo transmitir sus conceptos a cada uno de los músicos que dirigió, como se puede ver con claridad en los videos de sus ensayos, especialmente el de la IV Sinfonía Op. 120 de Robert Schumann con la orquesta Sinfónica de Viena un día antes de la grabación para Deutsche Grammophon.

No obstante, a pesar de la agudeza de sus versiones, Karajan ha sido un músico criticado por despreciar el modernismo y rechazar compositores contemporáneos. Su pasión por la tecnología así como la preferencia por el arte populista y heroico, lo hicieron un hijo de su tiempo, y el haber grabado y dado conciertos en tiempos de guerra, así como el haber pertenecido al partido nacional–socialista para luego casarse con Eliette, su tercera esposa, quien es de ascendencia judía, fueron hechos que lo enmarcaron como un músico polémico.

Con todos los aplausos que Karajan recibió durante los 35 años que trabajó con la Sinfónica de Berlín y durante toda su carrera, su relación con el partido nazi penetró más que la de otros artistas, aunque finalmente, ¿se puede negar el hecho de que los nazis amaban la música?

Las preguntas saltan a la vista como las expuso Will Crutchfield el 28 de agosto de 1988: “¿Cuál es precisamente la responsabilidad del artista como ciudadano de un estado tirano? ¿Continuar con el arte por el bien del arte y de los ciudadanos sin importar lo que esto comprometa?, o ¿usar el arte como medio de oposición al régimen sin importar los riesgos?, ¿exiliarse?”. Y a partir de estas preguntas, ¿con qué derecho evaluamos nosotros las decisiones del artista?

Von Karajan explicó numerosas veces su búsqueda, para lograr hacer realidad su concepción del sonido orquestal: “Fijar los sonidos en movimiento”. Esta era su fascinación, su fin y su materia de estudio, y en sus mejores años logró los extremos dinámicos, la lucidez, la perfección y la coherencia orquestal de manera tan natural que se convirtió en el modelo musical, y sus numerosas versiones y grabaciones de audio y de video confirman que su búsqueda obtuvo resultados.

Más allá de sus convicciones políticas, Karajan fue un hombre que siempre tuvo claras sus metas y por esta razón logró consagrarse como director, además de ser un músico perfeccionista y obstinado, como cuando al hablar sobre la Filarmónica de Berlín aseguró: “Mientras mi brazo pueda sostener la batuta, entonces no se desharán de mí”, por lo que al anunciar su retiro, Sabine Weissler, miembro del partido de la lista alternativa de Berlín Occidental aseguró: “Su retiro viene muy tarde. La Filarmónica dejó de desarrollarse. Su progreso musical se ha reducido. Estamos complacidos por su retiro”.

A pesar de los comentarios de críticos como Norman Lebrecht, quien asegura en un artículo reciente que Karajan fue “un monstruo y un mito” y que “compró un tiquete a la inmortalidad por ser el director de orquesta más rico del mundo al acumular una fortuna de 200 millones de libras”, Karajan marcó una época dentro de la historia de la música orquestal y de ópera, y en palabras de Peter Riegelbawer, contrabajista y presidente de la Filarmónica de Berlín, “(Karajan) marcó a nuestra orquesta como a ninguna otra. Tenemos que agradecerle mucho, infinitamente. Por una razón misteriosa, él sigue viviendo entre nosotros. Su sonido tan característico, así como su perfeccionismo, todavía continúa siendo nuestra meta”.

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