Ian Curtis nació en Manchester en 1956.

Aislamiento y descontrol: la corta y prolífica vida de Ian Curtis

El 18 de mayo de 1980, con apenas 23 años, se quitó la vida el cantante de Joy Division, una de las bandas más relevantes en la historia musical del Reino Unido.

2016/05/18

Por Christopher Tibble

Manchester, años setenta. La gran ciudad industrial padece una recesión económica. Bajo el firme puño de James Anderton, jefe de la policía, surge un estado policial. Linternas recorren de noche los canales y el puerto en busca de actividad homosexual. Se allanan librerías y se destruyen las alusiones pornográficas. Cierran los bares, estallan protestas. Los oficiales portan ropa del común, se filtran entre la multitud. Se trata de una ciudad al tiempo deprimida y futurista, desangelada, como los escombros de una utopía venida a menos.

Mientras tanto, a sus 16 años, en el condado de Cheshire, Ian Curtis intenta quitarse la vida por primera vez con una sobredosis de clorpromazina. Corre 1972 y en la radio retumba la música de David Bowie, de Iggy Pop, de Jim Morrison. Introvertido, hijo de padres de clase obrera, con ropa austera y delineador de ojos, el joven mancuniano sueña con ser una estrella de rock.

A pesar de entrar becado a un buen colegio, prefiere leer y escribir. Leer historia y novelas distópicas: En la colonia penitenciaria de Kafka, Un nuevo mundo de Huxley, Almas muertas de Gogol, La naranja mecánica de Burgess. Y escribir cada vez que puede. Diarios, poemas y frases sueltas que carga a todos lados en las bolsas de plástico blancas de las que, años más tarde, sacará azarosamente las letras de las canciones de Joy Division.

Su sueño de estrella de rock no tarda en estrellarse con la realidad. En 1975, a los 19 años, se casa con su amiga Deborah Woodruff y se emplea como funcionario público. “Nuestra existencia se había vuelto aburrida y no ayudaba el hecho de que ambos odiáramos nuestro trabajo -escribe Deborah en su biografía Touching From a Distance (1995)-. Yo estaba muy deprimida. No podía contener mis lágrimas cuando regresaba a casa en bus… Apenas teníamos 19 años y la idea de la carrera musical de Ian no parecía extravagante. Nos daba esperanza”.

Desesperado, Curtis asiste a un concierto de The Sex Pistols en el Lesser Free Trade Hall de Manchester. El evento resulta crucial. En medio del tumulto, coincide con Bernard Sumner y Peter Hook. “Solo tocaron media hora, pero cuando acabaron, salimos con nuestras mentes estalladas, absoluta y rotundamente sin palabras -escribió Hook en The New York Times en 2013-. De camino a casa decidimos crear una banda”.

El grupo, conformado por Curtis (vocales), Sumner (guitarra y teclados), Hook (bajo) y Stephen Morris (batería), primero se llama Warsaw. Un homenaje a la canción Warszawa que aparece en Low (1977),  uno de los discos más experimentales de Bowie, parte de su trilogía de Berlín. A comienzos del 78, para evitar que los confundan con la banda de punk londinense Warsaw Pakt, Curtis cambia el nombre a Joy Division, los prostíbulos de los campos de concentración nazi que aparecen en la novela House of Dolls (1955), de Ka-tzetnik 135633.

Ya juntos, empiezan a experimentar con sonidos. Curtis, atento, escucha mientras el resto improvisa. Luego, resuelto, comenta sus segmentos preferidos. Las canciones empiezan a coger forma. “En ese entonces no sabíamos nada de reglas o teoría. Teníamos el oído de Ian, que escuchaba y escogía las melodías. Luego en algún punto aparecía la letra. Ian siempre tenía pedazos de papel en los que anotaba cosas, y los sacaba de su bolsa de plástico”, comenta Hook en el artículo de hace tres años.

Aparece el primer disco, Unknown Pleasures, en junio del 79. El álbum no figura en ninguna lista, pero poco a poco se transforma en un objeto de culto. Ayuda la música, descrita por la crítica como un laberinto, como una oda a los experimentalistas alemanes al estilo de Neu, como un ensayo sin pasado o futuro, pero con la musculatura de todo gran álbum de rock. También ayuda la icónica portada, que representa las ondas radiales de una estrella a punto de morir. Pero sobre todo ayuda la enigmática y tristísima letra, en la que se registra, por primera vez en un LP, el tumultuoso mundo interno del vocalista.


La portada de ‘Unknown Pleasures‘ (1979)

Un mundo que germina y se hace visible cada vez que Curtis se monta en una tarima. En los conciertos pierde su timidez, se desconecta y, como en un trance, baila frenético, intenso y tensionado, como una marioneta. Con su ropa sencilla, a menudo negra, el corte de pelo severo, los movimientos entre militares y caóticos, empieza a convertirse en un ícono, en la estrella de rock con la que soñaba pocos años antes. “Ian bailando detenía el tiempo. Era como un chamán: a uno simplemente lo absorbía el instante”, comentó el entonces adolescente Liz Naylor en un reportaje sobre la banda del periódico The Independent.  

“Ese estado maníaco”, como lo describe en un artículo Richard Boone, manager de The Buzzcocks, devela la desesperación existencial de Curtis, su urgente necesidad de comunicar. Desde hace un tiempo, el vocalista se encuentra en un mal estado. Sufre su primer ataque de epilepsia frente a sus compañeros en diciembre de 1978. Con la fama, la vida nocturna y los conciertos, los episodios aumentan en frecuencia e intensidad. Un año después, tras el primer concierto internacional de la banda, en Bélgica, sale por primera vez con la belga Annik Honoré. Su enfermedad, que a menudo se desataba en medio de un concierto, así como la culpa que sentía a causa de su infidelidad, empiezan a roerlo por dentro.

La letra de las canciones corrobora su sufrimiento. “Madre, lo intenté, por favor créeme -canta en “Isolation”- Estoy dando todo lo que puedo. Me avergüenzan las cosas que he soportado. Me avergüenza la persona que soy”. Para Curtis, las palabras son de suma importancia. “Significaban mucho para él- dijo Deborah a The Guardian- solía hablar de lo que las letras significaban y las historias que contaban. No le gustaban las canciones que no representaban nada”.

Nadie, sin embargo, atiende a sus gritos de auxilio. “Suena horrible, pero solo fue después de su muerte que nos sentamos a escuchar sus letras -confesó Morris en otro artículo de The Guardian- Nunca creí que Ian estaba describiendo su propia vida. Mirando hacia atrás, ¿cómo fui tan imbécil? Era obvio que estaba escribiendo sobre él. Pero nunca fui a donde él a preguntarle, ¿qué te pasa? Ahora tengo que vivir con eso”.

Curtis, sumido en una depresión amplificada por los efectos secundarios de sus medicamentos, se intenta matar dos veces. Primero, borracho, se corta con un cuchillo de cocina. Luego sufre una sobredosis. Pero solo fue al tercer intento, después de ver la inquietante película de Werner Herzog Stroszek (1977), en la que un prisionero alemán viaja a Estados Unidos para poco después matarse, que en la noche del 18 de mayo de 1980, con apenas 23 años, se cuelga en la cocina de su casa.

Dos meses después, en julio, aparece en todo el país el segundo álbum de Joy Division, Closer. Y solo fue en el funeral del vocalista cuando los demás miembros de la banda (que poco después formarían New Order) se dan cuenta, con espanto, del significado de la carátula del nuevo disco, que Curtis había escogido: es una tumba.


La portada de ‘Closer‘ (1980). 

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