Bomba estéreo

Improvisar un bullerengue en Johannesburgo

Un recorrido por la carrera de la banda y de su cantante, Li Saumet, su paso por África y la polémica en torno a su concierto en Israel.

2013/08/16

Por Salym Fayad. Johannesburgo.

Una multitud de veinte mil personas se extiende frente al escenario. Sumergida entre el público una mujer de Eritrea reconoce un ritmo que le es familiar. Agudiza el oído y pregunta si la banda colombiana está tocando una versión de soukous congoleños para satisfacer al público africano. Como si la hubiera escuchado, Li Saumet anuncia desde el micrófono: “This is called champeta”. Desde que suenan los primeros arpegios de “La champeta niuyorkina” el público local ya se ha conectado completamente con el ritmo caribeño.

Sobre la multitud se sacuden un par de banderas de Colombia. El golpe de la batería se empieza a acelerar, y para cuando Li Saumet extiende una mano forrada en un guante fucsia y grita, en español, “Todo el mundo arriba”, ya la mitad del público había levantado los pies del piso.?De ahí en adelante lo que siguió durante una hora fue una colorida descarga de “cumbia psicodélica” sin precedentes en el sur de África. Para el festival internacional Bushfire en Suazilandia, uno de los más importantes del continente, fue una de sus presentaciones más memorables; y para Bomba Estéreo, según el líder de la banda Simón Mejía, uno de los mejores shows de su carrera.

De Santa Marta a Johannesburgo

Con la presentación en Bushfire concluyeron las cinco fechas del tour africano de Bomba Estéreo, pero no el de Li Saumet. “Decidí quedarme unos días en Johannesburgo porque en África sentí de manera muy intensa una conexión personal y musical”, dice mientras mastica una raíz de jengibre (“para aclarar la voz”) y pasa revista a una docena de telas de colores que compró en un mercado local. “Aquí pudimos escuchar de cerca la raíz de nuestra música y tuvimos la oportunidad de compartir con la gente la forma en que esas tradiciones musicales han evolucionado en Colombia”.

A los pocos días en la ciudad ya se movía por el centro y el distrito gentrificado de Maboneng con la misma propiedad con la que se mueve sobre un escenario. Y con la misma pinta. Traje de flores, botines de tacón, gafas setenteras, audífonos rosados, pañoleta en la cabeza.

“Siempre me gustó el performance –dice cuando se le pregunta por los orígenes de su inclinación por las artes escénicas– pero yo no pensaba ser cantante; hacía diseño de arte para televisión y diseño de modas”. Más tarde descubriría que en su familia había un legado musical que antecedía la carrera de su primo Sergio Luis Rodríguez como acordeonista de Peter Manjarrés: su abuela Toña Ávila era conocida como “la voz de oro de Aracataca” y su abuelo fue miembro fundador de la Orquesta Saumet y sus Plateños a finales de los setenta en Plato, Magdalena.

En la Santa Marta de los años ochenta en la que creció Li las ondas radiales estaban dominadas por el vallenato y los ritmos tropicales, por lo que atribuye a la aparición de Radioactiva un giro determinante en su vida. La emisora la expuso al rock en español, el grunge y las bandas alternativas norteamericanas, pero fue un cassette de Björk que le regaló un amigo DJ la inspiración para dedicarse a cantar. Ese fue su primer entrenamiento en solitario. Sin escenario, en privado, encerrada en su cuarto, gritando a todo pulmón.

Bomba Estéreo es una banda que se ha forjado en la tarima. Ha publicado tres álbumes en estudio (Volumen 1, Estalla y Elegancia tropical), pero su trayectoria se mide en conciertos, que ya suman varios cientos. Constantemente en el camino, rara vez sus integrantes paran en Bogotá por más de un par de semanas. “Es una banda muy madura en el escenario, se nota su experiencia escénica y la sólida sincronía del grupo a nivel musical”, dice Jiggs Thorne, director del festival Bushfire. Detrás de él, Li y la cantante sudafricana Nozuko hacen una versión de “El alma y el cuerpo” y cierran el show lanzando flores al público conmovido.

En el 2005 el grupo Míster Gómez en Bombay fue la plataforma que llevó a Li a dar el salto de cantar Björk frente al espejo a rapear frente a la audiencia alternativa bogotana. Con este grupo de dub pesado “fue la primera vez que me monté en una tarima y que me enfrenté a un público”, dice, y recuerda sus presentaciones en Subroyal, un antiguo motel de sillas de terciopelo rojo en Chapinero que durante su efímera existencia se convertiría en la meca de la escena underground capitalina.

Con Míster Gómez en Bombay, sin embargo, no giraría por el mundo ni tendría la oportunidad de colaborar con artistas como Café Tacuba, Jovanotti o Buraka Som Sistema. “Tampoco tenía la oportunidad de cantar mis propias canciones”, se queja, tardíamente. Y agrega que en esa época solo en un par de temas pudo explorar lo que ella llama su “instinto cumbiambero”.

El movimiento de la nueva cumbia estaba tomando impulso y Simón Mejía, en ese entonces del grupo AM770, la invitó a hacer la voz de una de sus canciones. “Escribí y grabamos ‘Huepajé’ en cuarenta y cinco minutos”, cuenta Li. Al poco tiempo Nacional Records (Aterciopelados, Manu Chao, Plastilina Mosh), el peso pesado de la nueva música latina, había escogido la canción para uno de sus compilados. “¡Y en ese momento nosotros ni siquiera teníamos banda!”, dice.

Motivada por ese logro Li Saumet se ofreció a acompañar a AM770 a un concierto en Medellín. “Pero Li, solo tenemos una canción”, le dijo Simón, apelando a la sensatez. “Fresco –respondió ella–, que yo las escribo de aquí al concierto”. En una semana escribió casi todas las canciones de Estalla. Otra semana más tarde ya habían tocado en Medellín, Santa Marta y Bogotá. “Fue la primera gira bajo el nombre Bomba Estéreo. Ahí despegó todo”.

Todo quiere decir: las giras internacionales autogestionadas, el debut en la conferencia South by Southwest, el Summerstage de Nueva York, doce fechas en esa ciudad en una semana, los festivales Coachella y Bonaroo en Estados Unidos y Roskilde en Dinamarca, el premio MTV a Mejor Nueva Banda en el Mundo 2010; y las canciones que lograban alcances inesperados: “La Boquilla” en la película Limitless con Robert de Niro, “Niña rica” en Clase de Beverly Hills, “Fuego” en la serie Dexter, la serie argentina El Puntero y la banda sonora de FIFA 10.

“Fuego” fue una de esas composiciones fugaces que precedieron a la grabación de “Huepajé”; el himno de Bomba Estéreo por excelencia y que es la descripción misma de sus propios conciertos y de la identidad escénica de Li Saumet. “Es una canción muy poderosa y a la vez muy personal –dice–. Siempre funciona en los festivales; la gente entra en una especie de trance porque tiene la cadencia perfecta”.

La versión actual de “Fuego” está basada en “Corinto”, del primer álbum, cuyo video alterna una alocución de Bill Clinton en televisión colombiana con imágenes de un exaltado discurso del excomandante del M19 Carlos Pizarro. Era la época en que la banda le tenía menos alergia al guiño político, un tema que recientemente seguidores y críticos le cobraron a Bomba Estéreo cuando rechazaron la petición a cancelar su presentación en Israel en nombre del boicot cultural que existe contra ese país, cuyo Gobierno ejerce políticas de segregación contra la población palestina similares a las que el régimen del apartheid practicaba contra la población negra en Sudáfrica.

De vuelta en Johannesburgo, Li Saumet se sumerge en las dinámicas culturales y la diversidad artística que ha florecido en la Sudáfrica contemporánea. En los conciertos de Bomba Estéreo en el país compartió escenario con las vocalistas de Freshlyground y Zuco, y luego sus exploraciones urbanas independientes la llevaron a cantar en sesiones espontáneas con percusionistas de Senegal, con la cantante ghanesa Joy Frempong y a improvisar un bullerengue a capela en un centro cultural.

También decidió grabar en Johannesburgo el video de “Lo que tengo que decir” (Elegancia tropical), en el barrio de inmigrantes africanos de Yeoville, donde camina por las calles del gueto disparando instagrams y posando para los afro-hipsters. Cada vez que alarga el puño para saludar a un rastafari bajo su manga se asoma la cara de Joe Arroyo, tatuado en su antebrazo. Fue allí también, al anunciar la fecha que Bomba Estéreo tenía programada para Tel Aviv, donde escuchó hablar por primera vez del boicot cultural contra Israel.

La polémica israelí

La última semana de julio la página de Facebook de Bomba Estéreo, normalmente poblada por sus fans con comentarios llenos de elogios y emoticones, se llenaba de críticas y reproches.?La banda había rechazado el llamado de la campaña internacional por el boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel (BDS) a cancelar su presentación en Tel Aviv. “Tocar en Israel hoy es el equivalente a tocar en Sudáfrica durante el apartheid”, se leía en el comunicado.

Por razones obvias, la causa palestina ha encontrado un eco particularmente fuerte entre los activistas por los derechos humanos en Sudáfrica. “Israel ejerce una discriminación institucionalizada en los territorios palestinos ocupados igual o más intensa que durante la Sudáfrica del apartheid”, explica Muhammed Desai, portavoz del BDS en ese país. Argumenta que la historia sudafricana es testimonio de la legitimidad del boicot cultural a nivel internacional: “Cuando artistas y deportistas se rehusaban a presentarse en plataformas patrocinadas por el gobierno del apartheid, la atención del mundo se fijaba en las injusticias que sucedían en Sudáfrica. Esto contribuyó a la ola de presión que finalmente conduciría a una sociedad libre y democrática”.

Roger Waters, Stevie Wonder, Pixies, Massive Attack, entre muchos otros, se han sumado al boicot. “No puedo pretender que es ‘normal’ una situación en la que deliberadamente se le niegan a las personas sus derechos fundamentales”, dijo Maxi Jazz, de Faithless, cuando canceló su concierto en Israel.

Bomba Estéreo eligió un camino diferente. “No permitiremos que politicen nuestra música”, dice su respuesta al llamado del BDS. Es una posición que algunos de sus seguidores consideraron valiente, otros reprochable, y otros ingenua. No hay que usar una lupa de aumento para ver que su concierto en Yafa, organizado por la Embajada de Colombia en Israel, ya estaba enmarcado en un contexto político. El intercambio cultural es parte de relaciones políticas y comerciales que incluyen la venta de armamento y de aviones de guerra entre Israel y Colombia, que además es el único país sudamericano que no reconoce el Estado palestino.

“A través del arte y la música Bomba Estéreo quiere transmitir un mensaje de paz y reconciliación”, dice Li Saumet. Pero el arte no sucede en el vacío, y argumentar que la música es apolítica es negar el potencial que tiene para cuestionar el statu quo.

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