Jean Rondeau en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Crédito: Gabriel Rojas.

Música con carácter en la Biblioteca Luis Ángel Arango

El clavecinista francés Jean Rondeau tocó en la Sala de Conciertos de la BLAA el viernes 3 de marzo en el marco de la serie Música Antigua para Nuestro Tiempo. El concierto presagia una temporada para disfrutar de música poderosa y duradera.

2017/03/15

Por ANGÉLICA DAZA*

El pasado viernes 3 de marzo se presentó en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, un concierto de clavecín interpretado por el joven músico francés Jean Rondeau. Un recital con obras de F. Couperin, J. P. Rameau y Pancrace Royer: los músicos más representativos de la escuela francesa de clavecín del siglo XVIII, sin olvidar la presencia casi obligatoria en este programa de algunas obras de J. S. Bach, músico insigne del Barroco alemán del siglo XVIII, autor de importantes obras para clave.

De un programa dedicado a un solo periodo y a un solo instrumento podríamos temer una cierta monotonía, si no fuera por el hecho de que el periodo Barroco está lleno de contrastes, de luz y de sombras. Lo grande y lo pequeño suelen habitar el mismo espacio. Al comenzar con un preludio y una fantasía de J. S. Bach, recordamos la fértil imaginación del músico alemán y su talento creador siempre cercano a la improvisación. Contrastante con la obra de Couperin y Rameau, los dos más grandes clavecinistas franceses de ese tiempo. No por estar menos ligados a la improvisación  (inherente a los instrumentos de tecla de la época) sino porque a la luz del Barroco, cada uno exploró matices muy diferentes en su obra. La presunción de monotonía estuvo descartada desde la primera nota.

Jean Rondeau tocó de memoria y sin intermedio. Si hubiéramos cerrado los ojos habríamos podido percibir claramente la diferencia de cada una de las obras del programa. Ahí es donde interviene la magia del intérprete: la capacidad de dar un carácter a cada obra. Tuve la oportunidad de escuchar a este joven músico dirigir una clase magistral de clavecín y decir a sus estudiantes algo que sorprendería a los músicos profesionales. Cuando el alumno se notaba demasiado preocupado por tocar perfectamente cada nota, él decía, palabras más, palabras menos, "no pasa nada si te equivocas, el público no lo notará si tocas con el carácter que merece cada obra". Recordé esas palabras al escucharlo tocar en el concierto.

Esta noción de carácter en la música resulta difícil de definir, ya que no se asemeja a timbre, color, o matiz, algunos de los tantos términos que empleamos para calificar y describir el sonido. Pero está ligada a todas ellas en cuanto el carácter es lo que permite expresar un sentimiento en la música. Siendo completamente técnicos, corresponde a la palabra o frase escrita al comienzo de una obra (agitato, dolce, con grazia, con fuoco, cantabile, maestoso, por citar algunas). Pero también sabemos que en el periodo Barroco no solía escribirse esta indicación en la partitura, entonces cabe preguntarse, ¿cómo hace este intérprete para imprimir un carácter tan diferente a cada obra, permitiéndonos experimentar la diferencia con tanta claridad? ¿Cómo logra emular la voz del violín o la de un clavilaud? Sin duda el intérprete posee una sorprendente paleta de expresividad y un profundo conocimiento de las obras.

Este conocimiento solo se logra con el trabajo minucioso de cada partitura. Vuelvo a referirme a la clase magistral de clavecín. Recuerdo cómo Rondeau sugería a los alumnos trabajar las partes de un contrapunto muy denso: cantando una de las voces e interpretando las demás para adquirir plena consciencia del movimiento de cada voz. El resultado es que al oír y ver a este intérprete, se siente la forma en que escucha cada voz del contrapunto, lo que le permite tener un dominio total de la obra. El paso siguiente es impregnar su interpretación de un auténtico carácter, una verdadera intención, una imagen que estimula nuestra imaginación como oyentes activos.

Para los que crean que la voz del clavecín es tenue y apagada por sus características mecánicas y por el hecho de no poseer pedales como el piano, se sorprenderán ante el instrumento de la Sala de Conciertos, fabricado por el también francés Jean François Chaudeurge. La calidad del clavecín, unida a  la increíble acústica de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango y la experticia del intérprete, dieron como resultado un concierto lleno de contrastes y matices. Inolvidable concierto.

* Maestra en música con énfasis en música antigua. Tiene una maestría en Musicología de la Universidad de la Sorbona de París. Cantante y violista, ha realizado investigaciones sobre organología barroca y tiene un diploma como directora de canto gregoriano. Actualmente se desempeña como traductora y maestra; colabora en la biblioteca musical de la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia y la Biblioteca Luis Ángel Arango dentro de las charlas previas a los conciertos.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com