Kaiser Chiefs en Baloisse Session. Crédito: Beat Eglin.

Kaiser Chiefs y Boy, una noche de 'indie' europeo

La octava jornada del festival Baloisse Session reunió a dos de las principales bandas de la escena independiente en Europa. Crónica.

2016/11/09

Por NATALIA RUIZ GIRALDO

Valeska Steiner y Sonja Glass se conocieron hace nueve años durante un curso de verano en la universidad de Hamburgo. Desde entonces no sólo forjaron una sólida amistad sino que las jóvenes artistas decidieron crear un duo que paradójicamente se llama Boy.

Steiner y Glass abrieron el concierto del primero de noviembre de Baloisse Session, festival que fue del 21 de octubre hasta el 8 de noviembre. Las acompañaron cuatro músicos (guitarra, teclados, batería y percusión). Las dos, vestidas de negro, comenzaron con el sencillo We Were Here, de su segundo álbum, que lleva el mismo nombre y salió al mercado en 2015.

La voz de Steiner, que escribe la mayoría de las canciones, es acogedora, envolvente. Por ratos tiene el estilo de Suzanne Vega e incluso matices de Alanis Morrisette, pero sin la fuerza ni el arrojo de la canadiense. Glass, en el bajo, es quien compone. Ella es una presencia misteriosa, quizás demasiado introvertida en escena, cantando tímidamente los coros.

La apuesta de Boy es música pop y aires de folk. La guitarra lleva la melodía y de vez en cuando usan un sintetizador para evitar un sonido monótono. Si bien no es nada novedoso, el público se deja conquistar fácilmente por el sonido cool de canciones que bien podrían ambientar un viaje por carretera o los créditos finales de una película para adolescentes.

En sus canciones Boy habla de las decepciones amorosas, de los sueños de cualquier chica del común. Por ejemplo, Waitress habla de la rutina de una mesera que pasa sus días atendiendo clientes, soñando con que llegue su hora de vivir intensamente. Por la letra, este tema hace eco a Stillness in the move de Dirty Projectors pero sin siquiera rozar la calidad musical del grupo originario de Brooklyn, NY.  Su presentación la cierran con Little Numbers, de su primer álbum Mutual friends (2011), tema pegajoso, que las dio conocer a un público más amplio y cuyo video tiene más de diecisiete millones de vistas en YouTube.

La segunda parte del concierto habría de sacar a los asistentes de esa onda bon enfant para despertar un lado más salvaje gracias al rock de Kaiser Chiefs (el nombre hace referencia a un equipo de fútbol de Sudáfrica).

Originario de Leeds, Inglaterra, se dio a conocer en 2005 durante la explosión de grupos indie. Es liderado por su vocalista Ricky Wilson. Desde su entrada, vistiendo jeans y una chaqueta de cuero azul turquesa, llega arrasando, de pie sobre uno de los parlantes dice: “Estamos aquí para entretenerlos. Esta composición, con ustedes sentados en mesas es inusual para nosotros. ¡Parece Las Vegas!”.

El sonido de Kaiser Chiefs, originalmente entre el Britpop y el post-punk, se toma la Halle Event de Basilea. Con éxitos como Ruby y I Predict a Riot de su primer álbum Yours Truly, Angry Mob (2007), el público se pone de pie para bailar y se acerca al escenario, dejándose llevar por ritmos que inducen al pogo, aún entre los asistentes más elegantes.

Wilson es carismático y sabe cómo ganarse al público, con aires de showman, lanzando la base del micrófono al aire y atrapándolo como un malabarista experto, jugando con las cámaras que lo siguen. Su voz grave demostrará una potencia continua a lo largo de hora y media de concierto.

Cuando se trata de interpretar las canciones de su nuevo álbum Stay Together (2016), Kaiser Chiefs es otro. Se trata de un riesgo por un sonido más pop, que la crítica vio como una forma desesperada por llegarle a un mercado más amplio y rejuvenecer su fanaticada. Por instantes parece que Ricky Wilson hubiera cambiado de grupo, canta con una voz más clara pero más común, en temas como Parachute, cae una lluvia de sonidos electrónicos y efectos, que se parece más a Coldplay que a los Artic Monkeys, con quienes se les comparaba a su inicio.

Pero el público los aclama, hace una ola, aplaude, una fan salta y grita desesperada hasta robarle un beso al vocalista y al final, Wilson baja del escenario para cantar un último tema y lanzar tres cañones de confetti. 

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