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La champeta más afilada del mundo

Honest Jon’s —el sello de música del cantante británico de Blur y Gorillaz— lanzó a principios de 2008 el sencillo Samba de Son Palenque, reseñándolo como “una delirante mezcla de champeta y afrobeat, presentada por la agrupación más legendaria de San Basilio de Palenque”. Paradójicamente, estas leyendas no son precisamente conocidas en Colombia.

2010/03/15

Por Daniel Páez

Si un turista ve a Justo Valdez en las playas de Bocagrande vendiendo gafas de sol, no creería que es uno de los músicos más influyentes del folclor colombiano moderno. Valdez tiene 54 años y es el hijo mayor de una familia de San Basilio de Palenque dedicada a la música: Cecilio ‘Ataole’ y José ‘Simancongo’, su padre y su tío respectivamente, fueron junto con Paulino Salgado ‘Batata III’ los grandes maestros de la percusión afrocolombiana del siglo XX. En 1979, Justo fundó la agrupación Son Palenque acompañado por su padre y su hermano Tomás en los tambores, los coristas Enrique Tejedor y Luciano Torres y Gustavo Álvarez en las maracas. Un año después compuso el himno oficial de su pueblo, reclamando sus raíces con el coro “África, África, África” y recordando que “Palenque fue fundado por Benkos Biohó”.

Sus canciones utilizan la estructura tradicional del bullerengue, alternando un verso, a veces improvisado, y la respuesta del coro. Justo le apostó al sonido de los tambores, cantando en bantú (lengua criolla de origen africano) y acoplándose a instrumentos eléctricos que sentaron los pilares de la champeta. Junto a un conjunto de danzas que sigue existiendo, Son Palenque creció amenizando matrimonios o fiestas a cambio del dinero que se pudiera recaudar entre el público, y se consolidó como el representante de la calurosa tierra de Pambelé. “Nuestros inicios fueron durísimos porque pocos asimilaban que un colombiano hiciera música africana. Ellos querían que siguiera el camino de la salsa”, confiesa el director. Sus letras se inspiran en los pescadores, las interminables borracheras y el orgullo de ser negro: Los tambores que yo tengo / son la herencia de mi padre, dice en su clásico “Unye Unye”, y sus espectáculos suelen abrirse con la frase sutoaten sobabalca ahue que traduce “hoy tenemos fiesta”.

En 1982, durante el Primer Festival de Música del Caribe en Cartagena, Justo habló con el organizador para presentar a su banda. A pesar de no encontrarse en la programación, Son Palenque pudo tocar un solo tema, “Dame un trago”, mientras el cantante vallenato Silvio Brito ultimaba unos detalles para cerrar la noche. La euforia del público obligó a los realizadores a invitarlos de nuevo a la tarima y a dar un recital completo. Dos años después, hicieron la primera grabación discográfica profesional de Palenque, Ane Jue (Ellos son), con éxitos notables en la radio costeña.

Ahí se incluye la canción “Palenque Palenque”, que habla en bantú sobre los duelos entre Ataole y Batata III interpretando el tambor pechiche (de más de dos metros de alto y usado en las ceremonias fúnebres). También “El sapo”, que generó un culto en los barrios marginales de Cartagena, en la época en que se construyó el movimiento de los picós (sistemas de sonido que reproducían discos africanos) y la terapia (el sensual baile que caracteriza a la champeta).

Rodeado de gigantescos amplificadores e imágenes coloridas y recargadas, Son Palenque dio a conocer las voces de Melchor el Cruel y Charles King, trabajando con Abelardo Carbonó en la traducción de canciones originales de Senegal o Congo, e inspirando a músicos de la talla de Joe Arroyo para finalizar las canciones “Yamulemau” y “A mi dios todo le debo”, entre otras que toman elementos del afrobeat y el soukous para fusionarse con la cumbia y el folclor local. “La champeta es un machete pequeño que cargan los maleantes; como esta música la tocábamos en los sitios pobres, la gente decía que todos cargábamos nuestra propia champeta y por eso bautizaron así nuestra música”, aclara el padre del movimiento.

Después de lanzar seis álbumes con Felito Records y CBS, en 1994 Son Palenque dejó de grabar, principalmente por el rechazo de la radio comercial al folclor y por el alto nivel de piratería en la costa. Justo Valdez hizo una pequeña carrera en la champeta, que finalizó al retirarse 1999. “Este género se volvió muy obsceno, bajó su nivel por completo; ahora la hacen jóvenes que centran su mensaje en lo sexual y cantan diez o quince temas con una misma pista, sin hacer ninguna innovación”, opina Pánfilo Valdez, segunda voz del grupo. “Ninguno de los integrantes consiguió un trabajo fijo, esperando vivir de la música, que es lo que nos gusta”, revela el compositor, que sigue viviendo en el marginal Pablo VI, en las faldas del cerro de La Popa. A pesar de ser considerados los anfitriones de Palenque, estos músicos debieron curtir sus manos como albañiles o carpinteros, o mostrar sus voces como “comerciantes de productos en la playa”.

Gracias a la difusión de Palenque Records, la música popular de Cartagena llegó a las principales tiendas de Europa, en asocio con Radio Francia, Harmonia Mundi y Network Medien para distribuir sus recopilaciones Champeta criolla, los trabajos de Sexteto Tabalá, Alegres Ambulancias y Batata III. A principios de 2004 murió este percusionista cuando sus tambores empezaban a ser reconocidos más allá de su trabajo con Totó la Momposina; como homenaje, Palenque Records organizó una gira con Justo Valdez y el grupo de Batata. “Empezamos tocando en Rabat, pasamos a Brujas, Montpellier y Suiza, entre muchos otros lugares. Esto ha sido lo mejor que me ha pasado, hicimos casi cuarenta conciertos a lo largo de tres giras hasta el año 2006”, dice y sonríe, dejando ver sus dientes de plata. A pesar del frío europeo, revivió su carrera musical y, de regreso a Colombia, reunió a los antiguos integrantes de Son Palenque con Alfredo Olmos en la tambora (en reemplazo de Ataole, que murió a finales de los noventa) y el corista Cecilio Torres.

Al año siguiente, Damon Albarn, líder de las bandas Blur y Gorillaz y propietario del sello Honest Jon’s, contactó a Palenque Records para solicitarle una remezcla de la canción “Awa Na Re” de Tony Allen, baterista reconocido por su labor junto a Fela Kuti. “Propuse una versión libre y grabé con Son Palenque el tema “Samba” que se lanzó en un LP del mismo nombre, junto a dos canciones nuevas mezcladas en Berlín por Moritz Von Oswald”, asegura el productor Lucas Silva.

“Samba” también se incluyó en el CD de homenaje a Allen, Lagos Shake. Además, su canción “Kumina” hizo parte de Colombiafrica: The Mystic Orchestra, compilado de champeta distribuido por Rykodisc en Estados Unidos. Por ahora, ninguno de estos discos se vende en Colombia; mientras tanto, Silva anuncia un nuevo álbum de Son Palenque para finales de año, seguramente en asocio con un sello internacional.

Antes de abrir la semana de la afrocolombianidad en Bogotá, abrigado con una chaqueta que contrasta con el uniforme tropical del grupo, Justo Valdez se llenaba de orgullo y aseguraba que “este año Son Palenque trae un cargamento tan bravo que nuestro folclor será un éxito en todo el mundo”.

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