El cuarteto colombiano Música Ficta.

La nueva música antigua

El gran cuarteto colombiano de música renacentista graba al compositor Sebastián Durón.

2010/04/21

Por José Alejandro Cepeda

En julio de 1998, Música Ficta grabó De Antequera sale un moro sobre el repertorio cristiano, moro y judío ibérico hacia 1492. En esas jornadas, que documentan los choques culturales de España que alimentaron a sus herederos, se colaron los ruidos de aves de corral al templo y museo de San Agustín en Villa de Leyva (1590), su habitual “estudio de grabación”. Un oyente podría pensar lo descuidado del registro directo, sin ecualización y mezcla real con que trabaja el proyecto de música antigua y renacentista más importante de Colombia, donde se surgen incluso los indómitos voladores de las Fiestas del Carmen. Pero el resultado muestra que el sonido de los siglos se expresa mejor así: sin artilugios digitales y poca intervención tecnológica. Y que pitos, tamboriles, vihuelas o clavecines resuenan lo más próximos a las partituras de un compositor remoto, que a través de barcos, conventos, guerras y casualidades llegan hasta nuestros oídos gracias a la testarudez de unos músicos que creen que el pasado es parte del presente.

Música Ficta describe en latín la música falsa europea de fin del siglo XII hasta 1600, que por conocimiento (o desconocimiento) se alejó de la Recta o Vera de los cánones de notación medieval que desarrolló Guido de Arezzo. También es la idea que fundaron los hermanos bogotanos Carlos y Jairo Serrano, quienes como buenos fictos entendieron que había convenciones que derribar y música por descubrir, sumando a las raíces europeas, hispánicas, indígenas y africanas, construyendo un ensamble que se sumerge con soltura hasta los siglos XVII y XVIII. En los ochenta la música antigua era una curiosidad. La excepción, además del maestro Rafael Puyana —ya concertista consagrado fuera del país—, eran los grupos del crítico Hernando Caro y el de unas refinadas señoras que hacían house music, no con la intención de imponer gustos en una discoteca, sino el de recrear lo que los ingleses renacentistas llamaban música de mesa.

“Carlos se enamoró de la flauta y estudió con Eduardo Vargas, formado en Londres. Europa vivía un auge preclasicista y Gustav Leonhardt en el clavecín holandés, el catalán Jordi Savall o el austrogermano Nikolaus Harnoncourt ampliaban a Puyana y las obras de Soler o Scarlatti. En ese contexto barroco la música iberoamericana estaba esperando ser redescubierta, transcrita, interpretada y grabada a mitad de camino entre el arqueólogo y el músico”, cuenta Jairo. Ejemplo de dificultades es la restricción de acceso al archivo de la catedral de Bogotá y sus valiosas partituras que han tenido que ubicar desde bibliotecas foráneas junto a amigos como el musicólogo y ex ficto Daniel Zuluaga, siguiendo los listados que develó el padre José Ignacio Perdomo. De ser accesibles, el repertorio de un país que celebra 200 años de historia republicana podría mirarse mejor. Con todo aportaron a lo popular, sacro, pagano y mestizo en Del mar del alma en torno a la colonia santafereña donde calles, cortes y etnias rompen barreras en la música.

Su discografía, que estrena álbum sobre el controvertido compositor Sebastián Durón, como la música previa a 1877 y la era de registros sonoros ofrece material no pensado para grabarse y en ocasiones inédito, junto a imágenes y textos en varios idiomas. Publicada en Estados Unidos o Europa con reseñas que los han puesto a la cabeza de su estilo en Latinoamérica, abren paradójicamente más puertas afuera con recitales en más de 20 países. Los Serrano legan una actitud. Tras profundizar estudios en Indiana, mostraron que además de viajar y adquirir técnica hay que crear escuela. Hoy Música Ficta es cuarteto junto a la norteamericana Elizabeth Wright (clavecín) y Julián Navarro(cuerdas), doctorado en Barcelona y profesor en Barranquilla. Carlos, además de haber enseñado en la Universidad Javeriana, es mentor de antiguos fictos y sus proyectos. Hoy dos décadas de trabajo se unen por mérito a siglos de historia.

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