Los Arctic Monkeys

Los amigos invisibles

Artic Monkeys y The Do, entre otros grupos, han sido catalogados como productos de éxito gracias a MySpace, un sitio de internet en donde se comparten aficiones y odios. ¿Qué tan cierto es que esta nueva comunidad ha logrado desplazar a las disqueras tradicionales?

2010/03/15

Por Manuel Kalmanovitz G

Quienes se dedican a decantar el lenguaje secreto del éxito musical, quienes clasifican los elementos raros que hacen que las canciones peguen, que las bandas surjan, que los ídolos sean ídolos, han agregado un ingrediente a su lista de necesidades básicas. Un ingrediente que hace dos años no existía y su presencia es casi un milagro; es como si hubieran encontrado un nuevo elemento químico, el exitonio, aunque su nombre es más prosaico: MySpace.

Es el más exitoso de los sitios de redes sociales, conocidos en inglés como “social networkings sites” y que incluyen otros como friendster y otros más especializados, como facebook, en universitarios en Estados Unidos, y Elhood, para música y melómanos latinos. Pero el tamaño y los recursos de MySpace (fue comprado por Rupert Murdoch en el 2005) lo han convertido en el mayor portal para grupos y fanes de música y ha sido citado como uno de los ingredientes del éxito de grupos como los ingleses The Arctic Monkeys y Clap Your Hands And Say Yeah, de Brooklyn.

Eso dicen los medios, al menos. Porque los grupos son un poco reacios a jugar el papel de “grupos ejemplares de la revolución digital” que les han asignado. Los Arctic Monkeys dicen que al llegar al primer lugar en Inglaterra todos mencionaban su perfil en MySpace, “pero es el ejemplo perfecto de alguien que no sabe de qué habla. No teníamos ni idea de qué era MySpace”, dijeron en una entrevista a la revista Prefix.

A lo que se puede decir que sí, está bien. No surgieron gracias a MySpace. Pero la lógica detrás de este portal, un perfil donde la banda puede compartir cuatro canciones con la gente, así como arte, pensamientos aleatorios, fotos, listas de gustos y disgustos, películas y libros favoritos y cosas así, está en total consonancia con el grupo que, antes de firmar contrato con su casa disquera actual, regalaba discos con grabaciones caseras en sus conciertos e incentivaba el intercambio digital de esas grabaciones entre sus seguidores.

“Los seguidores se las mandaban los unos a los otros, lo que no nos molestaba porque no hicimos esas grabaciones para ganar plata ni nada. Igual, las dábamos gratis. Era una forma de permitir que la gente las oyera. Y hacía mejores las tocadas en vivo porque la gente se sabía las letras y venía y cantaba”, dicen los Artic Monkeys.

Así que puede que el sitio web no sea, literalmente, la causa de su éxito. Pero el mismo deseo de compartir digitalmente gustos y disgustos que explica el éxito de MySpace (donde, tras hacer una cuenta, uno puede pedir la amistad de grupos de música y toda clase de personajes) sí es, evidentemente, parte de su atractivo.

Y si la relación entre Arctic Monkeys y MySpace no es del todo clara, sí hay grupos que ven a MySpace como un trampolín al éxito. Por ejemplo, a mediados de abril Le Monde publicó un artículo corto sobre un grupo franco/finlandés llamado The Dø presentándolos como el nueva ejemplo del nuevo elixir del éxito, el fenómeno de MySpace. “¿Serán mañana la nueva sensación pop nacida de la Net?”, se preguntaba el artículo. Decían que sus canciones habían sido escuchadas más de cincuenta mil veces y que la vocalista sonaba tan seductora como Bjork (¿Bjork y seductora en la misma frase? Sólo en Le Monde). Y ya.

Poco tiempo después el perfil de MySpace de The Dø fue borrado (¿accidente o sabotaje? No está claro y ¡cómo se da de bien la paranoia en internet!) y ahora han vuelto a ser un grupo promedio, con varios cientos de amigos y canciones escuchadas 1.500 veces, sin rastro de ser “la nueva sensación pop de la Net”. La única diferencia es que en su perfil hay un link al artículo de Le Monde con una nota que cuenta brevemente su catástrofe virtual y le pide a la gente, entre signos de exclamación, que vuelvan a ser sus amigos.

“Muchos grupos han dejado de tener páginas propias, para tener solo MySpace”, dice Ricky Sutton del grupo estadounidense X27 (con más de 1.500 amigos). Gracias a esta página, Sutton se ha dado cuenta de que tiene una gran fanaticada en Europa. Y también gracias al sitio –y sucede lo mismo con las otras redes sociales– se ha reencontrado con gente de la que hace años no sabía nada, incluido un compañero de secundaria que ahora toca batería con ellos.

¿Qué ofrece, entonces, My-Space, si no es una receta mágica del éxito? Algo mucho más simple: contacto directo entre músicos y oyentes. “Así no tenemos que lidiar con la casa disquera para nada”, dice Sutton sobre el eterno intermediario (o al menos desde los años veinte cuando comenzaron a popularizarse las grabaciones musicales) entre intérpretes y oyentes. ¿Y el éxito? Bueno, eso ya depende de otros factores. Pero tener un MySpace sí parece ayudar. O, al menos, no perjudicar. A menos de que alguien se lo borre. Y pierda todos sus amigos. Y les tenga que pedir que lo quieran de nuevo. Porque, en MySpace, eso puede ser demasiado pedir.

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