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Los chicos retraídos

Son una de las insignias de la era alternativa, aclamados durante casi treinta años como los pioneros del estilo sin pretensiones que redefinió al rock en los noventa. Y ahora se presentarán en Bogotá junto a The Mars Volta.

2010/06/30

Por Daniel Páez

El video muestra un mundo computarizado en el que los carros pixelados atacan a humanos que, al ser atropellados, se convierten en píxeles que saturan la ciudad. La canción se llama “Man-Sized Wreath” [Guirnalda de tamaño humano] y corona el álbum Accelerator (2008) de R.E.M. El trabajo, lanzado 25 años después del primer álbum de la banda, ofrece un sonido un poco más sucio que el de las trece producciones que lo preceden. Esta vez, el mensaje activista quedó más claro, aunque la banda conserva esa esencia oscura que los convirtió en una de las más sólidas e icónicas del rock alternativo, junto a los Red Hot Chili Peppers o Sonic Youth.

La historia de R.E.M. empezó en 1980, después de un par de presentaciones de un grupo que no sabía si llamarse “Cans of Piss” [Latas de orines] o “Negro Wives” [Esposas de negros] y terminó escogiendo la sigla en inglés del “rápido movimiento ocular” que se realiza en un estado del sueño. Desde el principio llamaron la atención de la prensa de su natal Georgia por el sonido básico de su música y la voz tan ininteligible como inconfundible de Michael Stipe, caracterizada por letras que ni él mismo comprende. La etiqueta “alternativo” se le otorgó a esa naciente casta de músicos que se movían entre géneros, partiendo en su mayoría de lo elemental e irreverente del punk hacia rumbos en algunos casos más experimentales o ruidosos o, como R.E.M., más cercanos a una estructura pop que rompía las reglas de la radio comercial.

En 1983, R.E.M. se estableció como el ejemplo más notable de un nuevo fenómeno en la radio de Estados Unidos: las emisoras universitarias de todo el país dieron a conocer artistas que en otras estaciones no tenían cabida, bien por pertenecer a sellos pequeños o porque su estilo era demasiado anormal para los seguidores del pop o el heavy metal. Con su debut discográfico, Murmur, y el sencillo “Radio Free Europe”, R.E.M. demostró que existía un público masivo para artistas diferentes, vendiendo medio millón de copias a pesar de hacer parte de una disquera independiente, logrando un apoyo unánime de los críticos que encontraron en este cuarteto algo “inteligente, enigmático y profundamente envolvente”, ubicado en medio de la furia del hardcore y la fragilidad de U2, llegando a ser considerado el álbum del año para revistas como Rolling Stone.

Lo que vino después también superó los clichés de la fama del rock. Jamás se han hecho notar por sus escándalos de sexo y drogas; por el contrario, han pasado como una banda de bajo perfil, más bien retraída y reacia a ser la portada de las revistas. Solo después de cinco álbumes y un par de millones de unidades vendidas, firmaron con Warner Music, pero siguieron siendo fieles a su carácter honesto. Las ventajas de pertenecer a un gran sello los llevaron a la fama mundial: la canción “Losing my Religion”, del álbum de 1991 Out of Time, se convirtió en uno de los himnos de una década que ya estaba hastiada de las lycras de Axl Rose y la sexualidad irreprimible de Madonna: con el sonido de una mandolina tan original y extraña como la letra que la acompaña, R.E.M. se ubicó en la cúspide de uno de los momentos más innovadores del rock. Desde ahí, cada álbum ratifica su importancia: Automatic for the People, Monster, New Adventures in Hi-Fi y Up definieron buena parte del rock en los años 90.

Apoyados en videos que retratan sus personalidades tímidas y sus conceptos sobre la sociedad, la presencia de estos músicos en Mtv es inevitable: desde el niño ermitaño de “It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)” hasta el noticiero espeluznante de “Bad Day”, pasando por el delirante bbq de “Imitation of Life” y el documental de Michael Moore All the Way to Reno (You’re Gonna Be a Star), los videos de R.E.M. exhiben la cultura visual de las últimas dos décadas.

Con declaraciones cada vez más punzantes contra los políticos y a favor de la ecología, la banda no ha necesitado grandes cambios para mantener su música vigente. Ni siquiera los experimentos con productores como Nigel Godrich (famoso por sus trabajos detrás de Radiohead y Beck) han sido necesarios para mantener vigente a R.E.M. Dentro de su formación lo único que ha cambiado ha sido el baterista Bill Berry, que se retiró para vivir en el campo, sin peleas. Así mismo, el grupo ha demostrado una madurez inusual en las estrellas de rock, desmintiendo cualquier chisme sobre sus integrantes (se ha dicho que su cantante es gay y tiene sida, por ejemplo) con la serenidad de un budista.

Acercándose a los 50 años, el cuarteto convertido en trío ha dedicado más de la mitad de su vida a R.E.M., conservando una estética sombría que cuestiona los valores de la sociedad occidental —sin ser exactamente depresiva—, con un sonido más cercano al pop que al ruido que caracterizó a gran parte del rock alternativo, convirtiéndose así en una de las bandas más importantes de la historia reciente: han vendido millones de copias y llenado en cada gira los escenarios más grandes del mundo, sin convertirse en los seres pixelados de su último video o en ídolos de pacotilla.

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