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Los inmigrantes

El domingo 14 de junio se celebró el encuentro de músicos colombianos en la Gran Manzana, una iniciativa del pianista Pablo Mayor con la que se busca celebrar la música colombiana tradicional y contemporánea. Crónica de un concierto muy serio, a pesar de las empanadas y el aguardiente.

2010/03/15

Por Andrea Baquero

Quinientas personas y ochenta artistas se encuentran para celebrar la música colombiana en Nueva York. La cita es uno de los escenarios con más historia musical en Manhattan. Es domingo y el verano ha sido inconstante en una ciudad en la que, cada día con mayor persistencia y protagonismo, los músicos colombianos tienen presentaciones cada semana. Hay sellos disqueros, como Chonta, cuyo dueño, Pablo Mayor, es uno de los grandes impulsores de las bandas del país en esta ciudad. Hay músicos que corren pues el Highline Ballroom, el mismo lugar en el que han actuado músicos como Farka Toure o The Roots, ha comenzado a llenarse. Quinientas personas, me dicen en la puerta, al pedir un aproximado de la asistencia.

El encuentro de música colombiana en Nueva York, en su sexta versión, ha comenzado. Y hay cabida para las propuestas de los músicos que han estado presentes desde el comienzo de la escena colombiana en Nueva York, como el pianista Héctor Martignon, La cumbiamba eNeYé, y por supuesto, Pablo Mayor con su banda Folklore Urbano. Al mismo tiempo, no bien va pasando el día, irán aparecieron nombres nuevos, como el del pianista Fidel Cuéllar, quien sorprenderá a la audiencia con la grabación de “Alabao”, una melodía tradicional del Chocó que presenta desde su iPod, para luego empezar a improvisar sobre ella, acompañado por el bajista cubano Carlos del Pino y el brasileño Luiz Ebert en la batería.

El encuentro, lo pienso al salir de la sala, mostró el altísimo nivel de los músicos colombianos con bandas como la de la cantante Lucía Pulido, el pianista Ricardo Gallo, la Big Band de Gregorio Uribe, el guitarrista Alejandro Flórez, el arpista Edgar Castañeda, y el percusionista Samuel Torres, entre otros.

Pero sin duda alguna, de las veinte agrupaciones que se presentaron, las propuestas más interesantes estuvieron a cargo del guitarrista Sebastián Cruz y el baterista Daniel Correa.

Con secuencias de fotos de la ciudad de Nueva York, Sebastián Cruz mostró su más reciente trabajo, Sebastián Cruz and The Cheap Landscape Project, en el que reflejó la influencia del rock, sonoridad que ha marcado su estilo y que siempre ha estado presente en su aproximación al jazz, un sonido que hoy en día marca su identidad musical que siempre salta entre los dos géneros mientras pasa por el folclor (no en vano es profesor de folclor colombiano en la Universidad de Columbia).

Y es que la propuesta de Cruz fue quizá la más agresiva, no solo por la parte visual en la que se presentaron fotos de Mónica Sánchez y que estuvo cargada de paisajes urbanos, sino sobre todo por el virtuosismo y los efectos en los pedales del guitarrista, quien esta vez estuvo acompañado por el bajista Stomu Takeishi y el baterista Richie Barshay, reconocido por ser miembro del cuarteto del pianista Herbie Hancock desde 2003.

Lo interesante de la propuesta de Cruz es que trasciende a lo que es hoy la comunidad musical de los colombianos radicados en Nueva York, no solo por la fusión en la que aparecen elementos de diversos géneros musicales, sino por el intercambio de conocimiento, un intercambio que se expresa mejor en palabras del mismo Sebastián, quien al presentar su tema “Charcos” olvidó el nombre en inglés y la solución fue sencilla y práctica: “Se me olvida el nombre en inglés, pero pregúntele a su vecino”.

Y es que es justamente esa la esencia que enmarcó el VI Encuentro de Músicos Colombianos en Nueva York, un espacio en el que las 500 personas del público participaron de igual manera que los músicos, bailando al ritmo de cumbias de la costa atlántica.

Sin embargo, lo que realmente sorprendió fue que personas de diferentes nacionalidades se levantaran a bailar durante las cuatro canciones que tocó Daniel Correa con su banda Los Locos del Ritmo, una propuesta en la que el baterista dejó los tambores de lado, remplazándolos por su voz y por un cuatro, mientras lo acompañaban el saxofonista Juan Pablo Uribe en la guitarra, el pianista argentino Emilio Teubal en el acordeón, el bajista japonés Motoki Mihara y el clarinetista argentino Ivan Baremboim. Una banda que en su Myspace está catalogada como música “Tropical/Blues/Freestyle”, pero que incluye también valses y fanfarrias gitanas.

Lo impresionante de la banda de Correa, además del sentimiento con el que el baterista cantó sus composiciones, fue la recursividad en materia de elementos musicales, recuperando de alguna manera lo que se ha perdido en la última década dentro de la música colombiana; una buena construcción de contenidos líricos, que aunque en este caso se presentaron intencionalmente de manera sarcástica, fueron capaces de trascender como las de un bolero o un tango.

La música de Correa es un claro ejemplo de lo que es la esencia del rebusque colombiano, no solo por romper con la distancia que existe entre el público y los músicos, sino por presentar una propuesta musicalmente rica con un formato original que va más allá de las capacidades técnicas de cada instrumentista. Una propuesta que se preocupa más bien por recuperar la esencia de la música como elemento de la vida cotidiana, justamente lo que logró un encuentro que sigue posicionando a los músicos colombianos en Nueva York. 

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