Lucía Pulido en el Festival Medellín Vive la Música.

Lucía Pulido, la media vuelta de tuerca del folklor musical

El concierto de Lucía Pulido es una de las notas sobresalientes en la programación de auditorios que ofrece el Festival Medellín Vive la Música. Conversamos con ella horas antes de su presentación.

2014/10/12

Por Esteban Duperly

 

A la intérprete colombiana Lucía Pulido se le conoce en la actualidad por haber tomado músicas del folklor colombiano y llevarlas, con mucha suavidad, hacia un lugar muy contemporáneo que pocos sospechaban. En varios proyectos las ha emparentado con el jazz y hasta con la electrónica. En esta ocasión el concierto que ofrecía junto al chelista Erik Friedlander era, en buena medida, un anticipo a Arrullo de la noche honda, un proyecto conjunto con la editorial Tragaluz que incluye música –disco que será prensado en vinilo– textos e ilustración. Se trata de un disco-libro, o de un libro-disco; un objeto de colección que, como es usual en su obra, se sale de los parámetros y ofrece una media vuelta de tuerca adicional a lo que ya conocemos. Horas antes de su presentación conversamos con ella sobre su música. Esta es la síntesis.

El espectro de música folklórica y tradicional colombiana es muy amplio. Desde currulaos hasta bambucos. En sus discos y conciertos, ¿qué ritmos interpreta?

Lo que más he explorado hasta ahora, y donde me he descubierto yo, es en las músicas de los llanos, porque crecí allá. Los llanos son muy cercanos, y rítmicamente permiten. También la música del caribe y del pacífico. Con las músicas de la región andina estamos en un proceso de experimentación.


¿En qué consiste esa media vuelta de tuerca que le da a lo tradicional?


Depende de los músicos. Hay varios ensambles y la personalidad del sonido se ve afectada por los músicos que participan. A veces tiene una tendencia que es más dirigida a la música tradicional, a veces se vuelve más experimental. Habitamos en esos dos lugares. Nunca tocamos igual, aunque sean las mismas canciones.


Una vez se involucran elementos contemporáneos en el folklor, ¿cómo no sucumbir a la tentación de cantar más rápido, tocar más duro, ser más pop?


Depende de qué clase de músico eres. ¿Quieres ser famoso o quieres hacer música? Yo quiero hacer música, más que ser famosa. Sé que nunca voy a sacrificar la música por la necesidad de vender. Ahí sí no hay nada qué hacer (risas).


En ese camino de lo contemporáneo y lo moderno ¿hasta dónde sería capaz de llevar lo tradicional?

Mira, es que los músicos con los que toco son fundamentales, porque son una inspiración. Me dan vuelo… yo lo he corroborado: hay músicos que te sacan lo mejor o que te sacan lo peor. Lo que siento es que ese encuentro es una inspiración mutua. Y una cosa lleva a la otra. Por ejemplo, he estado en proyectos en Austria con músicos electrónicos donde hemos hecho unas cosas impresionantes. No son músicos que trabajan con melodías, pero con ellos he podido hacer canciones de Violeta Parra [cantautora y folklorista chilena]. Esa vez crearon texturas para poder cantar las canciones.



¿Cómo reacciona la gente de una ciudad distante y extranjera cuando escuchan, por ejemplo, un canto de vaquería del Casanare?


Es muy emocionante. La gente se emociona porque no sabe qué es, además no entienden el idioma, y siempre hay reacciones súper bonitas. Generalmente aparece algún colombiano despistado que viene y me dice "ay, pero no nos hiciste bailar" (risas). Aunque después viene otro y dice"no sabía que la música colombiana se pudiera hacer de esa manera". Ahí ya valió la pena.


Los artistas como usted tienden a no ser profetas en su tierra. ¿Qué tan agradecida ha sido Colombia con su música?

Yo estuve 15 años por fuera. Me fui a Nueva York en una aventura muy personal pensando en estudiar, en trabajar, en explorar, en aprender, y pasaron 15 años para que me volvieran a invitar a cantar. Me invitaban, pero como Iván y Lucía. Entonces yo decía: "no, hasta que me inviten con lo que estoy haciendo. Con mi proyecto". Hoy existe una nueva generación en los lugares donde hay poder de decisión, y esa nueva generación se está enterando de lo que está pasando y empieza a abrir espacios.


Definir su voz admite muchos adjetivos, desde potente hasta sofisticada, pasando por sutil, ¿Es un don o fue algo que tuvo que explorar para encontrar?


Creo que todas las anteriores. Hay gente que uno dice ¡cómo canta! pero la persona no sabe que canta. El cambio empieza cuando descubres que eso se puede desarrollar, y lo desarrollas. Luego te enteras de que ¡ay! puedes hacer un montón de cosas con tu voz. Pero ¿qué quieres hacer con tu voz? Ahí es cuando uno comienza a tomar decisiones sobre qué quiere hacer con la música. Yo me vuelvo mucho más consciente de mi voz cuando voy a Nueva York. Estando en ese etapa empiezo a pensar en ella como un instrumento. Ya no es "ay, cantar, qué rico cantar". Por supuesto sigue siendo una delicia cantar, pero ahora está pensado desde el lugar del instrumento que tienes. Y de las responsabilidades que tienes con ese instrumento: hay que estudiar, hay que hacer muchas cosas para que el instrumento se mantenga.


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