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¡Madredeus!

Teresa Salgueiro dice que la música de Madredeus no es fado, ni es música popular y no responde a una definición que la reduzca. Es una pasión muy grande. Esa pasión la podrán escuchar en Medellín el próximo 5 de octubre.

2010/02/09

Por Amparo Restrepo

En 1985, por extraño que parezca, los integrantes de Madredeus hacían música pop. Pedro Ayres Magalhaes en el grupo Heróis do Mar y Rodrigo Leão en Sétima Legião. Los dos estaban aburridos del típico sonido ochentero y decidieron apelar a la tradición para buscar un nuevo rumbo. Decidieron hacer una especie de fado contemporáneo, esa música recogida, plena de nostalgia o saudade, que había popularizado y vuelto universal la gran Amalia Rodrigues desde los años cuarenta en el viejo distrito de Alfama en Lisboa. A Ayres Magalhaes y a Leão pronto se les sumaron el acordeonista Gabriel Gomes, el violoncelista Francisco Ribeiro y el guitarrista José Peixoto. Pero hacía falta la voz. En 1987 apareció: se llamaba Teresa Salgueiro, tenía dieciocho años y también había cantado rock.

Después de cantante, grupo y rumbo definido, aún faltaba un nombre, y un lugar para ensayar. Así apareció el convento Madre de Deus, en Xabregas, un lugar al oriente de Lisboa del cual tomaron su nombre. Allí mismo grabaron lo que más tarde se transformaría en su primer trabajo discográfico: Os Dias da Madredeus.

En 1988 Madredeus ya era un referente de la música en Portugal; los pedían para presentaciones en vivo, su nombre contaba con alguna fama dentro de la movida de la ciudad y la voz de Salgueiro comenzaba a volverse familiar. Con ese impulso, dos años después, grabaron Existir, su segundo disco. Al año siguiente recopilaron varias de sus presentaciones en vivo en Lisboa. Y allí, de repente, este sexteto cuyos integrantes parecen de otro tiempo, siempre vestidos con elegancia y con un cierto aire de los años veinte, se convirtió en uno de los descubrimientos de la nueva música portuguesa de finales de los ochenta.

Tras dos años de gira por Europa, América y Japón, el grupo tuvo otro golpe de buena suerte: conoció al director de cine alemán Wim Wenders, en esa época obsesionado con la idea de hacer una película sobre Lisboa. Wenders sólo tenía una idea clara: quería contar la historia de un personaje obsesionado con el sonido que, al llegar a la ciudad donde desemboca el Tajo, no puede hacer otra cosa que intentar registrar la banda sonora de las calles del Barrio Alto, la Baixa Pombalina o el propio Alfama. Lo que no se esperaba Wenders era que la voz de Teresa y las notas de Madredeus fueran a convertirse en parte central de Historia de Lisboa, ese bello homenaje en el que el grupo aparece en largos pasajes tocando y dedicando sus notas tristes de las calles de la ciudad vieja. De esa experiencia resultó el disco Ainda al que le seguiría Espírito da Paz.

Madredeus es el ejemplo perfecto de que para ser universal no basta sino con describir la aldea. Su estilo discreto conquistó primero a Europa y después al resto del mundo. Aunque no tienen una fórmula, una idea aproximada para describir su trabajo podría ser: retomar el fado y sus melodías originales, olvidarse del folclor y sumarle a todo ello guitarras ordinarias en lugar de la variante portuguesa con forma de laúd. Sus arreglos son fusiones: han sabido tender un puente entre el pasado, encarnado en la figura de Rodrigues, que decía que el fado era todo: “Amor, celos, ceniza y fuego, dolor y pecado, todo esto existe, todo esto es triste y todo esto es fado”; y el presente, combinando elementos de la guitarra clásica con folk mediterráneo para transmitir una impresión duradera de la melancolía portuguesa. El resultado es una música recogida, pero no desprovista de fuerza.

El eje de sus armonías sin duda lo constituye la voz transparente y misteriosa de Teresa Salgueiro. “Su canto posee una estética inmortal”, expresó Wim Wenders. Las canciones acústicas del grupo no requieren de nada más: son sencillas, como una brisa de verano. En ese sentido Teresa Salgueiro dice, casi retomando a Rodrigues pero yendo un poco más allá, que “la música de Madredeus no es fado, no es música popular, no responde a una definición que la reduzca. Es una pasión muy grande, es una música que está muy cerca de las emociones verdaderas”.

Y son esas emociones las que Salgueiro sabe transmitir en sus interpretaciones, acompañada de unas melodías melancólicas y esperanzadoras, que reflejan lo que los portugueses llaman saudade, “un estado en el que una persona se permite experimentar sentimientos contradictorios o cultivar pensamientos poco ortodoxos acerca del amor, de la vida y del tiempo”, según lo ha expresado Pedro Ayres, compositor del grupo.

Madredeus se erige así como un conjunto particular. En él confluye una marcada identidad y a la vez un deseo evolutivo que lo ha llevado a experimentar en lo creativo y en la interpretación. Es precisamente esta propuesta novedosa y atípica la que ha situado a Portugal en el mapa musical internacional desde hace ya casi dos décadas. .

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