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“Me separé, como corresponde, y luego me puse a cantar”

Adriana Varela es actualmente la voz más reconocida del tango. Este año se lanzará en Colombia una biografía suya. Arcadia habló con ella, pocos minutos después de un concierto en Brasil.

2010/03/15

Por Carmen Samudio Kostina

Adriana Varela llegó al tango de la mano del gran Roberto ‘Polaco’ Goyeneche. Desde 1991, después de haber sido roquera, se ha convertido en la pionera en la nueva internacionalización del tango después del boom que supuso Astor Piazzolla. Después de participar en un concierto en homenaje a un puñado de cantantes latinoamericanas, sentada en el restaurante de un hotel en São Paulo, contestó estas preguntas. Amable, sin afanes ni posición de diva, Varela es la gran figura de la música argentina hoy en día.

Canta con mucha intensidad, ¿su vida ha sido como un tango?

Mi vida no es así o si no estaría muerta, pero fue muy intensa. No voy a contar los cambios afectivos, pero sí los referentes a la profesión que fueron intensos. Estudié fonoaudiología, me casé, tuve dos hijos y viajé por el mundo con un jugador de tenis. Me separé, como corresponde, y luego me puse a cantar, pero no tango. Ni lo conocía ni lo escuchaba. Lo mío era el rock desde los Beatles en adelante. El tango fue para mí una revelación a través de un gran cantor, Roberto Goyeneche. Fue tan fuerte que me fui a buscar el tango, y hoy estoy viajando gracias al tango. Así como viajaba con el tenista, hoy viajo con el tango.

¿Ese carácter fuerte viene entonces del rock?

Creo que sí, que la postura y la actitud es roquera. Ese atrevimiento, ese enojo, el estar alerta, de contestar y no callarme en eso sí soy como soy en el escenario; ahí sí soy intensa.

¿Cómo fue su infancia?

Muy buena con mi hermano –que es hoy mi representante– y con mis padres que son muy modernos. Ellos no escuchaban tango tampoco, sino jazz, boleros y música clásica. A mí me encantaba escuchar a Zeppelin, Beatles, Deep Purple, The Police, Prince y la música roquera argentina.

¿Y en el colegio formó parte de algún grupo musical?

Estudié en un colegio de monjas y de curas. Por eso es que estamos acá (risas).

Las monjas la hicieron más rebelde, entonces…

¡Claro! Es gracias a las monjas que estoy aquí.

¿Cómo descubrió la voz?

Cuando me escuché. Desde chiquitita cantaba en mi casa acompañada de la guitarra. Era la cantante de reuniones entre amigos. Solía cantar canciones de Serrat. Años después él me llamó por teléfono y me invitó a cantar con él. Con Joaquín Sabina tenemos una gran amistad. El me abrió las puertas de Madrid. Con ambos soy muy amiga; estamos siempre haciendo proyectos.

¿Alguien la impulsó musicalmente?

Sí, me escuchó un par de personas cuando hacía repertorio roquero argentino y sin decirme nada grabaron un casete y se lo llevaron a un gran conductor de televisión, descubridor de artistas, quien me llevó a cantar a la televisión. Luego aparece en mi vida Piazzolla y la gente me dice: “Vos tenés que cantar tango”, y así empecé.

¿Qué representa el tango para usted?

El tango para mí es una elección, no una herencia. Es una elección que tuvo que ver con el fin de los 80 cuando el rock quedó sin la ola progresista que tuvo en los 60 y 70. Me quedé huérfana de preguntas y respuestas. Fue ahí que encontré a grandes hombres que tenían la “bohemia intacta”. Supe ahí que los tangueros no son melancólicos ni tristes, que son mucho más divertidos que los roqueros.

¿A qué se debe que el tango siga tan vivo?

En un mundo globalizado e individualizado, la propuesta de la pasión y del encuentro es absolutamente tentadora y salvadora. El tango habla del otro, no importa qué anécdotas tenga, habla del otro. El tango es en esencia el encuentro. Los eventos de tango como la danza son encuentros, y en este mundo de desencuentros, soledades y frustraciones el tango es muy erótico. Propone una cosa erótica vital que tiene que ver con el otro y con el encuentro.

¿Con cuál tango se identifica más?

Con todos, todos los que canto. No es que me identifico, sino que puedo comprender cada letra. Hay un tango llamado Como dos extraños, con el cual me siento muy identificada. Es un tema sobre una mujer y un hombre que se encuentran, que ya no sienten más amor y entonces se sienten como dos extraños. Siento que tiene mucho que ver con la realidad. Con este tango la gente me identifica en los conciertos y lo canta conmigo.

En los próximos meses se lanzará en Colombia un libro sobre usted. ¿Es el primero?

Ya se han hecho citaciones biográficas en Francia y había una propuesta de hacer un libro en España, pero les ganó Colombia. La editorial será Planeta y la idea es que salga este año. No sé aún lo que Serrat y Sabina hablaron en el libro. Hablaron otras personalidades como Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Héctor Marconi, mis hijos, padres, hermanos, amigos y gente muy cercana. Hasta mi primer novio, Horacio, accedió. En el lanzamiento del libro en Colombia voy a cantar.

Usted demuestra en vivo que disfruta por igual las salas grandes o pequeñas para cantar. Se entrega…

Así es. Para mí es un encuentro, no un recital. Un encuentro con el otro. Si él otro no participa, si yo no lo veo, no me sirve; es como cantar frente al espejo. Eso para mí no es un hecho artístico. Recuerdo un concierto en el León de Greiff que parecía de rock, donde todos cantaban mis temas. En Medellín en una universidad estaban fanatizados. Me ofrecían whisky, cigarrillos, era tratada como una rock star. Fue tremendo. (Adriana muestra varios anillos que tiene en sus manos y me cuenta que se los regalaron jóvenes colombianas).

¿Aún tiene sueños?

Dormir es uno de ellos. Creo que se me cumplieron todos, sobre todo los pretensiosos. Prefiero tener deseos a sueños. Mis deseos son cotidianos, los de cualquier mujer. Deseos de estar tranquila, de no engancharme en cosas raras, de no deprimirme, de poder seguir con esta vitalidad que tengo, de vivir el crecimiento de mis hijos. Deseos cotidianos que no tienen nada que ver con la profesión.

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