Fotograma de la entrevista que le hizo Ernesto McCausland a Calixto Ochoa.

Calixto, el juglar de la sabana

El autor de 'El africano', 'Los sabanales' y 'El profesor', entre otros cientos de composiciones, falleció en la mañana del miércoles 18 de noviembre en Sincelejo. Su carrera marcó a una generación de cantautores vallenatos y su música dejó huella en el folclor colombiano.

2015/11/18

En una entrevista con el periodista barranquillero Ernesto McCausland el cantautor vallenato afirmó sin dudar que tenía más de 1000 composiciones y que la mayoría no las conocía la gente. La cifra no desconcierta a quienes saben que este músico nacido en Valencia, Cesar, empezó a cantar desde muy pequeño y grabó su primer disco, El lirio rojo, cuando tenía 21 años.

Llegó a Sincelejo en 1956 para hacer música y después de ese primer disco se empezó a abrir camino entre los intérpretes y empresarios más importantes de la época. Antonio Fuentes lo descubrió y lo invitó no solo a cantar para su disquera, sino que además lo llamó para que hiciera parte de Los Corraleros de Majagual, esa agrupación que él ayudo a fundar al lado de artistas como Alfredo Gutiérrez y César Castro y a la que más tarde llegaron Lisandro Meza y Julio Ernesto Estrada (Fruko), entre otros.

En un homenaje realizado en 2011 al maestro Ochoa, el investigador Jorge Nieves Oviedo, estudioso de la cultura caribeña, señaló que el grupo de los Corraleros reunió lo mejor de la música del Caribe de la época. Nieves explicó que la forma como Calixto Ochoa se apropió del acordeón sirvió para ampliar las fronteras del instrumento, que además de usarse para el vallenato, empezó a escucharse en porros y cumbias.

Con los Corraleros y las agrupaciones que fundó después (Calixto Ochoa y su grupo o Calixto Ochoa y los Papaupas), el cantautor llegó a países como Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, México, República Dominicana y Panamá, entre otros.

En 1970, cuando se celebraba la tercera edición del Festival Vallenato, fue coronado rey Vallenato con los temas ´El Gavilán Castigador´ y ´La Puya Regional´.

Sus canciones se afincaron en el folclor del país porque fue uno de los últimos compositores que  narró la sencillez del amor provinciano, rescató los detalles del paisaje de la sabana costeña y contó las historias cotidianas de los pueblos que conoció:

El compay Menejo nació en una montaña
y nunca había visto luz eléctrica en su vida
y una vez salió del monte para Sampués
y allí no hallaba qué hacer
cuando vio la luz prendida.

Según explica el estudioso del vallenato Arminio Mestra, periodista de la emisora de la Universidad Distrital Laud Estéreo, letras como esta reflejaban cómo el campo se empezaba a acercar a la modernidad. "Calixto Ochoa empieza a componer en ese mundo rural invisibilizado y su propuesta irrumpe en la ciudad. Ese mundo rural no se ha borrado. En el vallenato de hoy falta el detalle picaresco, las figuras literarias como la metáfora o el símil. Los compositores de la generación de Calixto no eran maestros de la picaresca pero sabían componer y su valor estaba en lo que evidenciaban en la vida cotidiana. Canciones como Los Sabanales o Diana no tenían fuerza poética pero hablaban de la vida cotidiana en el campo".

Calixto Ochoa ya había dejado de componer y presentarse en público para el momento en que lo entrevistó Ernesto McCausland. Cuando murió Diomedes Díaz, para quien compuso canciones como Diana y La plata, Ochoa confesó que no se esperaba que el Cacique de la Junta se fuera antes que él.

El cantautor de Valencia falleció en Sincelejo en la mañana del 18 de noviembre tras sufrir una isquemia cerebral. Sus restos serán trasladados a su pueblo natal.


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