El logo de la RCA, la empresa que inspiró la palabra payola con su producto más famoso, la victrola.

La mafia de Spotify y YouTube

Un artículo estadounidense confirmó, con fuentes dentro de la industria, la sobrecogedora influencia de las grandes disqueras en las playlists de los servicios de streaming. Una revelación que no ha sorprendido a muchos, pero que no por ello deja de ser preocupante.

2016/05/23

Se trata de un secreto a voces. Desde hace décadas, en la industria de la radio, y en especial en las emisoras privadas, ronda el fantasma de la ‘payola’, también conocido como el pay to play: la práctica mediante la cual funcionarios de disqueras pagan, con efectivo u otros métodos, para asegurar que sus canciones suenen. El término surgió a finales de los años cincuenta en Estados Unidos, cuando el dj Alan Freed fue acusado de recibir dinero de compañías discográficas.

No se trata, sin embargo, de una práctica confinada a ese país. “A mí hace 8 días me vinieron a presentar un disco y el señor me preguntó que cuánto tenía que pagar para que sonara -dice Jaime Andrés Monsalve, jefe musical de Radio Nacional Colombia-. Inmediatamente lo frené y le dije que cómo se le ocurría decir eso, y entonces me dijo que había ido a una emisora privada donde le habían exigido un pago. Esto pasa sobre todo en las radios de vallenato de las regiones, y es un cáncer presente en el mundo de la radio”.

Con la llegada del internet, y la democratización del acceso a la música mediante páginas web como YouTube y servicios de streaming al estilo de Spotify, se llegó a creer que el mundo digital no había sido contagiado por esa enfermedad. Sin embargo, hace unos días un artículo del portal Digital Music News develó que los tres principales sellos musicales (Universal Music Group, Sony Music Entertainment y Warner Music Group) son dueños de buena parte de las acciones de Spotify y de plataformas como VEVO, un componente instrumental del emporio de YouTube.

Además, Stephen Cooper, CEO de Warner Music Group, anunció en una entrevista con Billboard que si bien “en el pasado [el negocio] estaba en la radio, en las listas semanales y en las ventas, ahora se trata de una pelea minuto a minuto por conseguir la atención de la gente”. El comentario despertó la curiosidad de varios periodistas estadounidenses. Glenn Peoples, de esa misma publicación, escribió que muchas de las playlists de Spotify “son contraladas por esas tres grandes empresas, que curan listas de muchos estilos y géneros”. El periodista además consiguió fuentes dentro de la disqueras que le confirmaron la existencia de ‘payolas’.

La playlist es la nueva radio

Plataformas como Spotify, que tiene cerca de 75 millones de usuarios, generan listas de reproducción actualizadas día a día. Lo importante de este punto, si se mira bien,  es que los artistas que figuran en estas listas son casi siempre los mismos, pero si se mira mejor, salen a la luz las compañías que están detrás de ellos. Los juegos del mercado ya no ponen sus apuestas solamente en la radio, sino también en plataformas como Spotify y Vevo.

Para Alejandro Marín, programador musical de La X, este no es un fenómeno nuevo. El negocio de la música lleva haciéndose siempre de la misma forma. No puede ocultarse el sol con un dedo, y no es un secreto que las grandes compañías musicales tienen acciones en las plataformas streaming.

Sin embargo, ahora los sellos discográficos controlan y mueven el mercado a su antojo incluso más porque, en pocas palabras, tienen los derechos de los artistas en su poder y los comercializan y producen, aunque parezca injusto con los artistas independientes, quienes no tienen el respaldo de las grandes compañías.

“La única cosa que ha cambiado en el negocio de la música es que la gente ya no la compra. Ahora la alquila o la descarga; pero eso no quiere decir que cuando sí lo hacía, esta no estaba sujeta a los intereses de la industria discográfica —menciona Marín—, además las compañías saben que tienen que invertir grandes sumas de dinero en la compra de los derechos de las canciones y deben invertir para que sean escuchadas, además con el éxito de una canción recuperan la plata de otras”.

En 2012 Spotify tenía cerca de 20 millones de canciones, pero tampoco se pueden ignorar la existencia de las otras plataformas como Deezer, con cerca de 30 millones de canciones este año, iMusic, Tidal, Amazon o Vevo. Aunque perezca una democracia que millones de usuarios en el mundo puedan acceder a la música solo con un clic, para Marín esta industria siempre ha sido gobernada como una tiranía.

“Hace unos años, las compañías discográficas tenían el control de toda la cadena alimenticia: desde el momento de la grabación de un disco hasta el momento de la venta. Ahora lo que hay es una tiranía en la escogencia: en un lugar donde usted puede tener 30 millones de canciones y no sabe qué escoger, entonces recurre a las listas que le recomiendan. Es la misma situación que cuando va a un restaurante, usted puede tener un menú inmenso, pero si llega un mesero y le recomienda un plato y un vino, usted escoge esa recomendación”, agrega.

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