Castro se presenta en Montreux. © 2017 FFJM- Marc Ducrest.

El niño prodigio: Esteban Castro en el festival de jazz de Montreux

Con apenas 14 años, el pianista estadounidense regresó a Suiza para dar un concierto tras convertirse en el ganador más joven del concurso de piano Parmigiani del festival el año pasado. Arcadia habló con él antes de su presentación en el Montreux Jazz Club, que fue el sábado 8 de julio.

2017/07/10

Por Natalia Ruiz Giraldo

Entre los días en que jugaba con pianos de juguete, luego con el piano Baldwin que sus padres le alquilaron y finalmente con el piano de cola que pidió Esteban Castro para su concierto en el festival de jazz de Montreux, han pasado diez años. Un lapso prudente en la carrera de un artista, dirán algunos. Pero con apenas catorce años, para Castro ese tiempo es toda una vida.

Castro tiene el look de cualquier chico de su natal Nueva York, nada haría pensar que se trata de un prodigio del jazz. Solo lo delata la cadena alrededor del cuello de la que cuelga algo parecido a una placa militar, con forma de plectro, con una clave de Fa grabada en el medio. Castro está en su camerino junto a su padre, Miguel, y su pareja. Ellos lo acompañan en cada viaje y escuchan atentos a lo que dice.

En su rostro aún quedan rasgos de la infancia, pero es alto y sonríe. No presume de sus logros pero se expresa con mucha pasión por su arte y con respeto hacia sus pares. Está en Montreux gracias al concurso de piano Parmigiani, creado en 1999 por iniciativa de Claude Nobs, el fundador del festival. Jóvenes pianistas entre los 14 y 29 años, provenientes de más de 51 países, son seleccionados para participar. Ser finalista abre puertas por el prestigio que tiene el concurso, pero también porque asegura la oportunidad de figurar en el programa del festival el año siguiente. Castro fue laureado en 2016, convirtiéndose en el ganador más joven en la historia del concurso. Se presentó en el escenario el sábado 8 de julio. Hablamos con él antes de su concierto.

© 2017 FFJM- Marc Ducrest.

El año pasado ganó el concurso de solista durante el festival, en marzo participó durante dos semanas en los talleres de música en la Academy en Lausana que formaban parte de su premio y ahora está aquí, para su gran noche. ¿Qué se siente regresar a Montreux?

Es maravilloso porque Suiza es un hermoso país. El año pasado mi experiencia fue genial, fue como en un sueño. Y luego volver al Montreux Jazz Academy y tener la oportunidad de interactuar con personalidades como Marcus Miller… Uno pensaría que alguien de su estatura no le daría mucha importancia a trabajar con músicos jóvenes. Pero no, en realidad fue muy entusiasta, un tipo muy humilde.

¿Qué significa para usted figurar en el mismo cartel que Fourplay y el Wolfgang Musthspiel Quintet en la mítica sala del Montreux Jazz Club?

Trato de no ponerme nervioso. Cuando doy un concierto busco interactuar con la gente y sentir la energía del público. Es un honor subir al mismo escenario que pisaron Bill Evans y Herbie Hancock.

Tiene solo 14 años pero ya tiene una carrera. ¿En qué momento sintió que quería dedicarse al jazz?

Comencé con el piano a los 4 años tocando música clásica, que es algo que sigo haciendo hoy. A esa edad solía improvisar pequeñas piezas, y tanto mis padres como mi profesor de música me recomendaron que estudiara jazz, pues me gustaba mucho la improvisación. Así que comencé a tomar lecciones de jazz hacia los 6 años y desde ese momento amé la posibilidad de componer al vuelo, y de poder interactuar con otros miembros de la banda y con el público. Tocar jazz es una experiencia increíble.

¿Ha intentado tocar algún otro instrumento?

Ensayé tocar batería pero no me fue bien [risas]. Me encanta y es un desafío ser bueno en ello. También probé tocar el órgano y fue divertido. Pero en realidad el piano es tan colorido para mí, se puede hacer mucho con él por todos los juegos rítmicos y armónicos que permite. Además te permite tocar sin necesidad de estar acompañado.

Además de pianista también es compositor. Sus obras le han merecido varios reconocimientos, entre ellos el premio de la Foundation Herb Alpert Young Jazz Composer Awards otorgado por la asociación americana de compositores ASCAP. ¿Qué le atrae del arte de la composición?

Es una forma de expresar lo que siento, ¿sabes? El jazz es improvisar, componer al vuelo. Cuando lo hago trato de pensar en melodías. Creo que la gente que gravita alrededor del jazz se ve tentada por la composición porque en sí es lo mismo, o al menos algo muy similar.

¿Cómo es ese proceso? ¿Cuándo se sienta a componer, cómo comienza o desarrolla una idea?

Es interesante comenzar desde varios puntos, varias ideas. Se puede comenzar con la melodía que tienes en mente y luego seguir con el contenido rítmico y armónico. Puedes comenzar con el ritmo como lo hice con “Parade” (del disco Parade, 2016), un tema que compuse hace un tiempo. Se me ocurrió una línea de bajo y con eso arranqué. También puedes comenzar con armonías que te gusten y trabajar a partir de eso. En realidad antes de escribir la partitura, ya tengo la idea general en mente. La escribo y voy viendo si funciona.

Asiste a dos escuelas. Entre semana va al colegio y los sábados, a la Manhattan School of Music MSM, en donde está becado. Parece tener un horario muy cargado. ¿Cómo es su rutina semanal?

Es tranquilo, es cool. En realidad no es tanto tiempo y disfruto ir a la escuela el sábado, nunca dejaría de asistir. Sí, puede que acapare mi fin de semana pero eso no importa. Me gusta estar con otros compañeros en ambas escuelas y aprender de mi profesor, Philip Kawin, quien es una inspiración para mí. Entre semana voy al colegio y luego practico durante tres horas. Trato de dedicarle más tiempo, pero con la escuela es difícil. Así que al menos los domingos puedo practicar a mis anchas unas 6 a 7 horas.

De todos los músicos que admira y que ha tenido la suerte de conocer, ¿qué consejo le han dado que usted tenga siempre en mente?

En este momento tengo tres profesores. Philip Kawin, quien me ha ayudado a desarrollar mi técnica y a mejorar musicalmente. No pensaría en un consejo en específico sino en todo lo que suele decirme durante sus clases. Además es alguien que cuida mucho a sus estudiantes, algo que no suele suceder a menudo. El otro es Jeremy Manasia. Él me da consejos más generales. También tomo lecciones particulares con Fred Hersch, un gran pianista y ganador de varios premios Grammy. Él es muy estricto y ocupado. A pesar de sus extensas giras y del poco tiempo que tiene, deja espacio para enseñarme y eso lo valoro mucho.

El mundo de la música es una industria difícil, es un mundo de adultos. ¿Como ha logrado forjarse un camino en él?

Trato de eliminar el factor de la edad para seguir mi pasión por este arte. No creo que la edad importe, en realidad. Mira, hay gente como Ramsey Lewis que tiene 82 años, yo tengo 14, ambos somos pianistas y vamos a tocar en el mismo festival. Compartimos la pasión por este instrumento. Nunca he sentido que sea difícil para mí por el hecho de ser joven.

¿Entonces usted siente que los adultos, sus pares, le han abierto las puertas y lo hacen sentir parte del gremio?

Sí. En la Academy, por ejemplo, todo el mundo era mayor que yo, la mayoría tienen unos veinte años de edad, yo era el más joven pero siempre me trataron como su igual; no como si fuera un tonto adolescente, sino como un colega músico y amigo. Lo mismo me sucedió cuando participé en un programa que se llama Jazz House Kids en el que conformábamos una big band. Todos mis compañeros estaban en bachillerato, y yo tenía ocho años nada más. Ahí también me trataron como uno de ellos.

Usted no se va gira, trata de viajar poco, algo que su padre prefiere para que lleve una vida común y corriente. ¿En medio de todo siente que lleva la vida normal de un adolescente? ¿Qué hace en sus ratos libres? ¿Sale, escucha música?

Sí, tengo la vida de cualquier persona de mi edad. Voy al colegio, tengo una vida social, tengo amigos y hago mis tareas. En mi tiempo libre practico, pero en realidad para mí eso también es un pasatiempo. Quisiera poder escuchar más música clásica porque me he concentrado mucho en el jazz.  Y para ser honesto no escucho música pop, aunque respeto a quienes la hacen. No voy a ser ni quiero sonar como un jazzista esnob. Quizá debería escuchar algo de ese género, pero no he tenido el tiempo para hacerlo.

¿Cuando escucha música qué artistas suele escuchar?

Oh… Me encanta Bill Evans, él es fabuloso. Mis discos favoritos son Explorations (1961) y Sunday At The Village Vanguard (1961). La interacción de Evans con el trío, en particular con Scott LaFaro (bajo), es un sueño. También me encanta Keith Jarrett, su interpretación y sus melodías cuando improvisa. Entre lo más reciente, me gusta lo que hace Vijay Iyer. Diría que es muy inventivo. Sus composiciones son increíbles y creo que aprendió a tocar el piano a oído. Él se centra más en el groove y en los aspectos rítmicos, es muy refrescante.

Ud tiene ascendencia cubana por el lado de su padre, quien además le hace fuerza para que mejore su nivel de español. En su álbum On The Edge (2014) parece explorar esa herencia con el tema que compuso a los 12 años en homenaje a Chick Corea, “For Chick”.  Le gustaría explorar más los sonidos latinos, estudiar su influencia en el jazz e incorporarlos a su trabajo?

Sí, definitivamente. Quiero poder explorar esa parte porque siento que me hace falta en mi forma de tocar el piano. Tomé un par de clases con Arturo O’Farrill, hijo del músico Chico O’Farrill y director de la orquesta Afro Latin Jazz Orchestra. Es un profesor genial, aunque no hemos podido tener continuidad porque él casi siempre está de gira, pero espero seguir aprendiendo de él.

Usted ha grabado ya dos discos: On The Edge (2014) y Parade (2016). Con ellos ha ganado varios premios como solista y como compositor. Ha tocado en el legendario club de jazz Blue Note de Nueva York, se ha codeado con grandes músicos, hoy está aquí. En medio de tantos tempranos logros, ¿cuál es su sueño? ¿Qué le falta hacer?

No lo sé, sólo quiero continuar lo que vengo haciendo. No tengo una meta específica. Me gustaría tocar con músicos que admiro y seguir encontrando mi propia voz.

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