El reconocido trompetista Jon Faddis estará en visitando nuestro país con motivo de Barranquijazz.

Por la ruta de los prodigios

Sin duda, una de las estrellas del festival de Barranquijazz es el trompetista Jon Fadis. ¿Quién es el genio musical que anets de cumplir veinte años ya había recibido una invitación del mítico Duke Ellington para formar parte de su orquesta?

2010/09/10

Por Andrés Gualdrón

El 6 de Julio de 1971, a un mes de cumplir los 70 años, fallecía Louis Armstrong en su habitación de Nueva York por una complicación cardiaca. Aquel mismo día Jon Faddis, un aún desconocido jóven trompetista de 17 años quien empezó a tocar a los 8 tras ver a Armstrong aparecer en un programa de televisión, tenía su primera gran audición con el mítico vibrafonista Lionel Hampton en los camerinos de un club nocturno. Sus padres, quienes lo esperaban entre las mesas del local, empezaban a sentir la ansiedad de ver que el chico no salía de la entrevista pasadas algunas horas. Se llevaron una enorme sorpresa cuando, sin aviso, lo vieron entrar a escena junto a Hampton. Aunque Armstrong abandonaba el mundo, esa misma noche y como en una especie de salto generacional, la tradición del instrumento permanecía viva en las manos jóvenes de una nueva promesa del jazz.
No era, sin embargo, la primera vez que Faddis se encontraba frente a frente con una de las grandes estrellas del género. A su más admirado ídolo, Dizzy Gillespie, lo conoció a los 15 años en circunstancias poco usuales.
Venerado por el público, la crítica y sus colegas, Gillespie se hizo famoso a mediados del siglo XX por su habilidad para escupir notas de la trompeta a velocidades sobrehumanas y por ayudar a desarrollar el Be-bop, estilo que rompería en dos la historia del jazz y que tomaría su nombre de la
onomatopeya del ruido que hacía la cabeza de los chicos negros cuando era golpeada por la macana de los policías blancos. Una tarde, en el Monterrey Jazz Festival, el jóven Faddis solicitó al legendario trompetista que le autografiara una por una las 50 grabaciones de él que habia llevado al lugar en una maleta (con ayuda de su madre). La sorpresa de Gillespie no sería menor cuando aquel chico comenzó a hacerle preguntas de especialista sobre su obra, algunas tan específicas que resultaban imposibles de contestar; mientras tarareaba los intrincados solos de sus temas y lo interrogaba sobre varios de los detalles técnicos de su interpretación, Gillespie empezaba a darse cuenta de que se encontraba no ante un fan cualquiera sino frente a uno de esos jóvenes talentos que, aún sin saberlo, contaban con la capacidad de llevar el género a nuevos territorios.
Pero la historia de ambos, el discipulo y el maestro, no terminaría allí. Un par de semanas después Faddis volvería a ver a Gillespie en San Francisco, para vivir una noche que incluso hoy en día describe como la más importante de su vida. Sin tener la edad para estar legalmente dentro del establecimiento, el jóven Faddis ingresó al club donde se presentaba el trompetista junto a su banda. Al final del concierto y mientras el grupo tocaba el clásico A night in Tunisia, sería el propio Gillespie con una suerte de fé ciega quien le pediría que subiera al escenario para interpretar la última parte del tema. Con los nervios de punta por la ocasión, Faddis recuerda como a partir de aquel momento supo exactamente a qué se iba a dedicar en la vida.
Su camino no se detendría aquella noche. A los 18, no sin algo de miedo ante la posibilidad de ver su integridad personal comprometida, conoció al prodigioso y temperamental Charles Mingus: bajista, compositor y arreglista, reconocido no únicamente por la complejidad y belleza de sus composiciones sino por su tendencia a agarrarse a los puños y a los insultos con todo aquel que lo sacara de casillas. Faddis ingresó en su turbulento y genial mundo y a su lado acabaría por recorrer distintas partes de Europa. Junto al trompetista Thad Jones y al baterista Mel Lewis comenzaría una de las colaboraciones musicales más excitantes de su carrera. Tanto así qué, debido a compromisos con la banda, rechazó la invitación del gran Duke Ellington (posiblemente el compositor de jazz y director más importante de todos los tiempos) para hacer parte de su orquesta.
Hoy, casi 40 años después, Faddis habla de cómo el sonido de un pito de un carro en la distancia, las grabaciones antiguas de un pianista de jazz casi desconocido o ciertos fragmentos de la música de Ravel se mezclan en sus shows para generar el sonido de su grupo. Disfruta tanto del sentimiento de libertad que le permite tocar en conformaciones pequeñas, como del sentimiento de equilibrio que nace de su experiencia en las Big Bands, actividad que ha estado íntimamente ligada a su carrera debido a la labor que ha adelantado como director y solista de prestigiosas orquestas, entre ellas la Dizzy Gillespie Alumni All-Stars o el Chicago Jazz Ensemble. Su interpretación es aquella del que conoce la tradición: Faddis, reconocido no únicamente como uno de los más virtuosos trompetistas del mundo sino como un educador de alto nivel, rememora con precisión cada nombre y cada rasgo particular de aquellos con quienes tocó. Se preocupa porque sus alumnos conozcan estas historias y descubran que detrás de la música de las grandes estrellas está la de aquellos personajes menos famosos que, sin embargo, trazaron las distintas rutas que dieron forma al género. En su interpretación y en su estilo reposan, a salvo, la historia de la trompeta y del jazz: una historia que él, a través de su virtuosismo inobjetable, ha ayudado a reescribir.

 

 



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