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¿Qué está pasando con la radio colombiana?

Con la desaparición de la frecuencia de la HJCK se abrió el debate sobre la realidad de la radio en Colombia. Aunque la radio comercial se empeña en propuestas que se repiten, las radios universitarias y comunitarias están dando una pelea silenciosa.

2010/03/15

Por Juan Carlos Valencia Rincón

Escuchar radio ha sido uno de los hábitos más placenteros y generalizados para diversas generaciones en este país. La radio es uno de los medios de comunicación de mayor raigambre popular y uno de los mecanismos de cohesión más importantes en un país tan heterogéneo como Colombia. Por medio de la radio, millones de emigrantes del campo entraron, para bien o para mal, en la modernidad urbana y se difundieron los géneros musicales más reconocidos. Por eso es a la vez preocupante y sorprendente lo que está sucediendo por estos días con las emisoras colombianas. Un rápido recorrido por los diales de las principales ciudades nos sumerge en un panorama en el que predominan la repetición de fórmulas y las voces similares. Una escucha más detenida permite encontrar, sin embargo, algunas opciones diferentes: músicas, voces y estilos relativamente inusuales. ¿Qué está pasando con la radio colombiana?

A los que creen que la radio es un medio del pasado, un desfalleciente antepasado de la televisión, la Internet y el iPod, hay que decirles que el medio sigue vivo y atrae a millones de oyentes de todas las edades y condiciones, y que ante una televisión cada vez más ajena a lo local, en la que el periodismo se convirtió en una forma más de entretenimiento, y ante una prensa cada vez más superficial y saturada de lugares comunes, la radio es hoy por hoy el medio en el que se tratan con mayor profundidad los temas del país. Las figuras más representativas e influyentes del periodismo colombiano están en la radio. Sus temas del día marcan la agenda noticiosa nacional y es allí donde los personajes de la actualidad quieren hacerse visibles cada día de la semana.

Hoy existen más de mil doscientas frecuencias asignadas de AM y FM en el país y, además de la radio comercial, se está consolidando un vibrante movimiento de emisoras comunitarias, siguen surgiendo emisoras universitarias y se está dando una renovación en los medios de radiodifusión públicos.

A pesar de lo anterior, existen nubarrones en el panorama actual. Los estudios de audiencias detectan una lenta pero constante erosión en los consolidados de oyentes, así como una reducción en las horas y días de escucha semanal, particularmente entre los jóvenes. Adicionalmente, los grandes grupos multimedia globales están comprando emisoras nacionales y locales, lo que altera el paisaje radial y crea economías de escala que están cambiando de manera dramática los mercados de publicidad en detrimento de las emisoras independientes.

Por otro lado, la radio colombiana ha entrado de lleno en la dinámica de los estudios de audiencia. Con frecuencia ruedan cabezas de directores cuando los resultados de los estudios son desfavorables. Pero más complicado aun, como ocurre en los Estados Unidos, es que la dependencia absoluta en las encuestas está llevando a reducir las canciones en rotación y a privilegiar lo archiconocido. Emisoras dirigidas a públicos diversos repiten las mismas noticias y temas en lo que se conoce como una espiral del silencio. Las emisoras se copian las unas a las otras y terminan creando diales con escasa variedad.

¿Qué papel desempeñan las emisoras universitarias, públicas y culturales en este entorno?

Desde finales de los años setenta, las universidades del país han montado emisoras y hoy día ya son más de veinte en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Santa Marta, Popayán, Pereira, Pamplona, Sincelejo, Quibdó y Tunja. Su programación no es homogénea, pero sí se puede decir que contrasta con la de las emisoras comerciales. Vilma Gutiérrez de Piñeres, directora de Uninorte FM Estéreo, de Barranquilla, explica esas diferencias: “Nosotros no miramos el rating. Toda la programación está enfocada a dar una visión distinta de la radio. Educamos, divulgamos cultura, reforzamos nuestra identidad como Caribe colombiano, todo dentro de un contexto universal. Queremos reforzar también todo lo que tiene que ver con la cultura ciudadana. Queremos democratizar los conocimientos. La radio fue y sigue siendo el medio más democrático”.

El 75% de la programación de estas emisoras se basa en la música, particularmente en géneros de gusto minoritario como el clásico y el jazz. El resto se concentra en programas temáticos y la retransmisión de informativos de emisoras internacionales como Radio Francia y Radio Nederland. Uno de los ejemplos más claros y bien logrados de este esquema es el de la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá. De acuerdo con su director, Bernardo Hoyos, hay muy poco que cambiar o inventar en la radio cultural. La programación de la Tadeo intenta presentar lo mejor de la música en sus distintas expresiones, con énfasis en las más contemporáneas. La Tadeo transmite, por ejemplo, un programa basado en los Proms, un importante festival de música que se realiza cada verano en el teatro Albert Hall de Londres.

Otras emisoras que siguen este esquema de programación en Bogotá son 91.9 Javeriana Estéreo, con un gran énfasis en el jazz y UN Radio, con amplia diversidad de géneros musicales y un esfuerzo reciente en lo periodístico. De este patrón, se desvían emisoras como la de la Universidad Técnica del Chocó, en la que, según el programador Arley Orejuela: “Estamos trabajando con salsa, vallenato, música tropical, reggaetón, merengue, baladas. La emisora es la número uno entre los oyentes. Tiene muchos años de trayectoria, la gente confía en ella”.

Sin embargo, las emisoras universitarias son tímidas a la hora de abrir sus micrófonos a sus oyentes y en muchas de ellas, irónicamente, los estudiantes brillan por su ausencia. Son emisoras empleadas como mecanismo de imagen pública de las universidades. Por eso, a diferencia de las emisoras universitarias norteamericanas, caracterizadas por la experimentación y la presentación de estilos de vanguardia, las emisoras universitarias colombianas no corren mayores riesgos. Bernardo Hoyos explica que aunque no recurre a los estudiantes, su emisora tiene la planta de expertos más diversa de todas las emisoras culturales del país. Otras estaciones están reconsiderando esta política, como dice Vilma Gutiérrez: “Esa es una etapa que iniciamos hace tres años. Tenemos un noticiero cultural que realizan egresados y estudiantes en práctica de la universidad. Queremos que los estudiantes se vinculen más a la realización de los programas”. En Radio Universidad del Cauca, de acuerdo con Ana Milena López: “Hay varios colectivos de estudiantes. Tenemos programas juveniles de rock y salsa. En estos, así como en los periodísticos, también participan los estudiantes”.

¿Quiénes oyen las emisoras universitarias? A diferencia de las emisoras comerciales, no se concentran en nichos demográficos específicos. En el caso de Uninorte FM, Gutiérrez responde: “Como decían en la HJCK, atraemos a una inmensa minoría. Personas entre los veinticinco y los sesenta años en todos los estratos, no excluimos ni a los sectores más altos ni a los más bajos. A nosotros nos escuchan hasta en los pueblos del Atlántico y eso sorprende mucho”. Bernardo Hoyos afirma que emisoras como la Tadeo no disponen de presupuesto para realizar estudios de audiencia, pero que sin embargo perciben un crecimiento en sus oyentes, una necesidad en la comunidad por este tipo de radio.

En lo que toca a la radiodifusión pública, se están sintiendo vientos de cambio. Siguiendo el ejemplo de emisoras europeas y de la Radio Pública Norteamericana (NPR), que en años recientes han alcanzado índices de audiencia y una credibilidad que envidian las cadenas comerciales, la Radio Nacional de Colombia y su frecuencia asociada, Radiónica, están dando de qué hablar. El proceso se inició hace casi cuatro años. Se convocaron concursos, se realizaron adjudicaciones con la auditoría de firmas privadas y con el grupo escogido se replanteó la programación. Radiónica, que se escucha en Bogotá y la isla de San Andrés, está presentando rock, música electrónica y música popular global y brinda amplio espacio a las propuestas de grupos colombianos. Álvaro González, su director, explica: “Descubrimos que hablar de una emisora que se llame frecuencia joven o que se afilie a un género musical específico es limitar las posibilidades. Nos dimos cuenta de que existen generaciones ‘jóvenes’ que se criaron con los Rolling Stones y Led Zeppelin, pero también hay generaciones jóvenes que están creciendo con LCD Sound System, Hot Chip y otros grupos. No quisimos limitarnos y por eso Radiónica es una emisora con oyentes desde los catorce hasta los sesenta años. Tratamos de establecer un diálogo entretenido y profundo entre las diversas generaciones”. En este momento, Radiónica tiene la propuesta sonora más llamativa de la radio colombiana, con una amplia utilización de efectos y un manejo creativo del sonido estéreo. A su vez, la Radio Nacional está presentando música de diversos estilos, con fuerte presencia de la colombiana, así como nuevos programas de magazín. Está en preparación un informativo matutino, con todo el riesgo que eso implica en un país con una larga tradición de clientelismo. De esta manera, la radio pública colombiana está intentando convertirse en aglutinadora de nación, en una muestra de que el Estado no tiene por qué resignarse al papel de garante de las condiciones de mercado y policía, sino que puede convocar y desarrollar talento en todas las regiones.

La salida del aire de la HJCK generó grandes protestas de los oyentes. Durante más de cincuenta años fue el prototipo de emisora privada con una programación diferente. Son pocas las estaciones de este tipo que perseveran. En Cali, con más de veinticinco años de historia, persiste la emisora de la Fundación Carvajal. Su programación se centra en la música clásica, pero también presenta música colombiana y notas culturales.

Las emisoras universitarias, públicas y privadas no comerciales están intentando construir una radio diferente. Algunas persisten en la defensa de propuestas anquilosadas y modelos elitistas de la cultura, a pesar de que las “inmensas minorías” del pasado se han ido reduciendo. Pero las artes son un campo en explosión, vibrante, lleno de diversidad y aventura. Las emisoras que lo comprendan y que involucren a sus oyentes y a las comunidades en las que operan tienen la oportunidad de llevar a la radio por nuevos caminos y hacer que la heterogénea sociedad colombiana siga en sintonía.

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