La segunda mitad del evento. Foto crédito: Joaquín Sarmiento.

Una misa por la música clásica

En la mañana del 13 de enero, el Festival Internacional de Música presentó un concierto en la iglesia Cristo Rey. Ahí, el público disfrutó de piezas clásicas consagradas en manos de excelentes intérpretes .

2017/01/13

Por Ana Gutiérrez

Desde antes de las nueve de la mañana del viernes 13 de enero, una larga fila se formó afuera de la iglesia Cristo Rey, azotada por el duro sol cartagenero. Los variados asistentes se mostraban emocionados, entre ellos niños y adultos de tercera edad. Hablaban sobre el concierto que venían a ver, un recital en dos partes. “Puede ser colombiano, pero es bueno” le aseguró una mujer de unos cuarenta años a su amiga sobre Santiago Cañón, experto en el violonchelo que se encargaba de la primera parte del evento. Nacido en 1995, debutó como solista a los 6 años con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. La noche anterior había protagonizado un concierto en la plaza de San Pedro trasmitido por NTN24, RCN y Señal Colombia.

El concierto se titulaba El festival en los barrios y, como el nombre sugiere, formaba parte del esfuerzo de la undécima edición del Festival Internacional de Música de Cartagena para extender la asistencia del evento a todos los residentes de la ciudad y del departamento. Este año llevaron conciertos a varios municipios aledaños a la capital de Bolívar y buscaron sacar los conciertos y talleres de la burbuja del centro histórico. Los cartageneros respondieron con enorme entusiasmo, ocupando la blanca iglesia de Cristo Rey casi en su totalidad. La pequeña tarima en la que tocaron Cañón y otros músicos como el acordeonista Renato Borghetti, el guitarrista Daniel Sá y el clarinetista Gabriele Mirabassi tendió un puente entre la música y el pueblo mucho más estrecho que los magníficos escenarios del centro de convenciones, el Teatro Adolfo Mejía o la capilla del hotel Santa Clara.

Toda duda sobre el talento de los artistas despareció cuando empezó a tocar Cañón. Inició con una virtuosa interpretación de Le grand tango de Astor Piazzolla, acompañado del pianista Raúl Mesa. Es evidente que su talento es profundo y genuino. Siguió con Encore de Ducros y terminó con El vuelo del abejorro de Rimsky-Korzakov. Desde el primer momento, la audiencia siguió con emoción las notas, y en cada pausa entre las canciones su aplauso se hacía más fuerte. Cuando terminaron, aplaudieron tanto que Cañón y Mesa regresaron al escenario para una última venia, pero no tocaron otra canción para no restarles tiempo a los artistas de la segunda mitad.

Como Cañón, los hombres que entonces subieron al escenario se habían destacado en otros eventos del festival. El acordeonista Borghetti había tocado con el guitarrista Daniel Sá y el saxofonista y flautista Pedro Figueiredo en un gran concierto en el puerto de Cartagena en la noche del miércoles, mientras que el clarinetista Mirabassi había acompañado el concierto del excelente Richard Galliano. El público ya estaba emocionado, pero con los alegres ritmos de obras como Barra do Ribeiro, Passo fundo y Redomona llenaron el reciento de energía. Con la luz de colores que entraba desde los vitrales y la cercanía de los artistas, la música parecía viva. Cuando terminaron, el aplauso fue tal que salieron a dar otra venia. El público siguió clamando por más, hasta que tocaron de nuevo una canción del repertorio, porque no imaginaban que iban a pedir una más.

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