Foto: Prisca Lobjoy

Salif Keita, el músico que le dio la espalda a la realeza

El cantautor maliense se presentará este sábado en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Entrevista con una de las voces más importantes de la música africana.

2015/10/05

Por César Leonardo Rojas

Por fuerza mayor, este artista nacido en Djoliba, Malí, en 1949, se alejó de su familia cuando tenía 18 años. Salif Keita no solo es albino, una condición a la que se le atribuyen poderes mágicos en ese país, sino que además desde muy joven sintió atracción por la música, un oficio prohibido para alguien como él, descendiente directo de Sundiata Keïta, fundador del Imperio de Malí en el siglo XI.

Empezó cantando en plazas y bares de Bamako, la capital de Malí, y con el tiempo ganó reconocimiento en escenarios locales e internacionales. Empezó su carrera profesional en la banda Rail Band del saxofonista Tidiani Koné. Más tarde se organizó con algunos músicos de esa agrupación y fundó Ambassadeurs Internationaux (Embajadores Internacionales).  Ha hecho colaboraciones con músicos como la fallecida Cesaria Evora o el senegalés Youssou N'Dour.

Su voz es el canto ronco de quién se opuso a las convenciones discriminatorias de su sociedad. En 2005, Keita creó la Salif Keita Global Foundation para generar conciencia sobre la enfermedad que él sufre y evitar la discriminación de la población albina en el mundo.

Salif Keita se presentará el sábado 10 octubre en Bogotá. Su repertorio está cargado de folclore africano, pero los ritmos a los que acude tienen un valor que va más allá del idioma o de las fronteras. Atendió a Arcadia para hablar de su carrera y su lucha contra la discriminación por el albinismo.

¿En qué momento de su vida se dio cuenta que, a pesar de las adversidades, la música era un camino viable como profesión?

Primero, siempre fue evidente para mí, no sabía hacer nada más, solo cantar, realmente no veo lo que habría podido hacer sin eso.

Cuando empecé a tocar en el Rail Band, me encontré con músicos profesionales y es desde entonces que mi carrera ha despegado. Ahí empecé a tocar y me hice amigo de personajes como Mory Kante, el saxofonista Tidiani Koné y mi amigo de siempre Kante Manfila.

Usted se mantiene fiel a sus raíces, a su cultura y su idioma, ¿por qué en vez de ser obstáculos, se convierten estos elementos en pretextos para darle a su música un carácter internacional?

Porque la música maliense es universal. Si África es la cuna de la humanidad, es normal que mucha gente se identifique con los elementos de nuestra música tradicional. Es una sensibilidad que cada uno de nosotros tiene, sea cual sea su nacionalidad y su origen geográfico.

Además de eso, siempre me ha gustado integrar elementos de jazz, rock y funk, que se han vuelto movimientos y sonidos internacionales. Hay que saber abrirse a nuevas perspectivas para hacer una música apreciada.

Usted habla de la maldad en la sociedad, de la necesidad de perseverar, de Alá, pero específicamente, ¿cuáles son esos temas que lo conmueven, que le preocupan?

Para mí, la mayor parte de mis letras son un mensaje para estimular a la gente a ir para adelante en su vida, a hacer esfuerzos para lograr la felicidad y portarse bien con los demás. Porque es muy importante saber vivir juntos, se ve en los países que están mal, es mejor que el pueblo y el Estado estén unidos para atravesar las crisis.

Evidentemente no se puede no hablar de lo que está pasando hoy en el mundo, con la crisis de los migrantes sirios, Daech (la rama iraquí de Al-Qaida)  y también la crisis económica. Pero me concentro en un problema que conozco bien y es el problema de la aceptación del albinismo en la sociedad, que al fin y al cabo tiene todo que ver con la aceptación de la diferencia en general.

¿Cuáles son esos países o regiones que necesitan más atención para evitar este tipo de discriminación?

Hay que estar atento a este tema, sin importar el lugar en el que uno se encuentra. Pero es cierto que en algunas regiones africanas, lastimosamente, subsisten creencias que le hacen mucho daño a los albinos y en particular a los niños albinos, porque se les atribuye poderes mágicos y a veces sacrifican a la gente esperando atribuirse un poco de esta magia.

Evidentemente eso es falso y son creencias que más vale ignorar. Lo bueno es que tales barbaridades ya no son aceptadas en la plaza pública, pero siguen existiendo: ¡hay que estar muy vigilantes!

¿Qué ha cambiado en el mundo o en su entorno más cercano desde que era niño?

Muchas cosas han cambiado, la percepción que la gente tiene de los albinos evoluciona un poco. Mi familia nunca aceptó de verdad mi carrera artística porque un Keita es un miembro de la familia real de Malí antes que todo y tiene prohibido dedicarse a una carrera musical, reservada a los griots (una especie de juglar en el África occidental). Pero igual, hoy estoy feliz con mis hijos que siempre me han apoyado.

¿Todavía hay momentos en que se sienta discriminado?

No, me siento bien en todo lado. La celebridad lo protege un poco a uno, creo yo.

¿De qué manera su música es un camino para superar la discriminación?

Siempre empujo la gente a aceptarse, es lo que puedo hacer mejor cuando estoy hablando al público. Canto a la tolerancia.

 

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