The 1975 en Le Lab. © 2017 FFJM- Marc Ducrest.
  • Sede del festival de jazz de Montreux © 2017 FFJM- Emilien Itim
  • Sede del festival de jazz de Montreux © 2017 FFJM- Emilien Itim

El secreto detrás del éxito del Festival de Jazz de Montreux

Durante más de cincuenta años, el evento ha reunido artistas del nivel de Tom Jones, Otis Redding, Solomon Burke y Prince. Antes del final de la edición de 2017, que se celebra entre el 30 de junio y el 15 de julio, recorremos el corazón escondido del festival.

2017/07/13

Por Natalia Ruiz Giraldo

Si en el Festival de Jazz de Montreux todo marcha sobre ruedas día tras día es gracias a un engranaje preciso que se ha consolidado a través de las cinco décadas que tiene el evento: tres salas pagas (Stravinsky, Le Lab y el Jazz Club) que ofrecen 113 conciertos, un equipo de 1500 personas, oficina de prensa y otras de la organización que trabajan todo el año, 12 lugares alternativos que acogen el festival durante quince días y 150.000 litros de cerveza vendida.

Una de las claves del éxito radica en la hospitalidad. Claude Nobs, quien fundó el festival con la idea de dar a conocer su pequeña ciudad y expresar su amor por el jazz, dejó una marca indeleble. A pesar de que falleció en 2013, su presencia está en la memoria de los artistas y del equipo técnico.

La reputación con la que cuenta ahora Montreux no se debe solo al exclusivo cartel que tiene cada año, sino a cómo el festival recibe a los artistas. Antes de su presentación son llevados al chalet de Nobs en las alturas de la ciudad, desde donde se ve el lago Lemán. Allí, como en un ambiente de museo, se relajan rodeados de una colección de objetos: los zapatos de David Bowie, varias rocolas, una envidiable colección de vinilos y uno de los pianos de Freddie Mercury.

Esa es una de las razones por las que Tom Jones está en el cartel de este año. En el Stravinsky dio un espectáculo memorable, con su elegancia, una voz en la que el tiempo no ha hecho mella y una banda de nueve músicos de muy alto nivel. Es la primera vez que se presenta en Montreux, algo que Mathieu Jaton, director del festival, no sabe cómo explicar. “Tal vez sus fechas no coincidían con las nuestras, pero al fin lo tenemos”. Curiosamente, Jones tampoco sabe el porqué, pero sí contó qué lo motivó a venir: “Artistas contemporáneos y amigos míos como Otis Redding, Solomon Burke y Prince vinieron aquí antes”.

Mientras el público goza cada noche, el corazón del festival late sin parar durante estos quince días. La magia surge del “cuarto de máquinas”, en el laberíntico sótano de su sede en el centro de convenciones. En el corredor más profundo están las pantallas de televisión desde la cuales se dirige la grabación de cada concierto. Subiendo unas escaleras, por un pasillo que lleva a salas de edición, hay una persona asignada por show para editar y tomar notas que serán añadidas a los archivos del festival. De hecho, durante cada concierto la transmisión se envía en directo a través de fibra óptica a la Haute Académie de Musique de Lausana. Esta institución conserva los archivos del festival desde su creación. Por ese mismo corredor, un poco más lejos, está la cafetería, el bar del staff y al final, detrás de una gran puerta de madera, una verdadera caverna de Alí Babá: el backline.

Pascal Graticola es el encargado desde hace doce años de este punto álgido que funciona con una especie de tetris. “El proceso es el siguiente”, explica. “El production manager de cada artista nos envía lo que llamamos un rider, la lista de todo el material técnico y de los instrumentos que van a necesitar. Nosotros la analizamos y tratamos de sincronizarla con los demás pedidos precedentes y siguientes. La idea es responder de manera muy precisa a cada línea, a cada aparato de una marca determinada, a cada accesorio pedido.” Es un trabajo que requiere mucho cuidado y que sólo le permite dormir tres horas por día durante el festival.

“Hoy comenzamos el montaje para Grace Jones hacia las tres de la mañana y aquí estamos, a las 2 pm. Primero se instala la estructura, las máquinas, las luces, los cables y luego nosotros instalamos los instrumentos musicales, antes de que llegue el equipo encargado del sonido. Es el montaje de un castillo de naipes. Y esa es nuestra rutina durante 15 días, una verdadera felicidad”, asegura, mientras bebe su enésimo café.

En el backline hay instrumentos hasta para perder de vista, 180 metros cúbicos de material. Hay largos estantes llenos de estuches negros de todas las formas y etiquetados para localizarlos, desde lo más pequeño (baquetas, plectros) hasta lo más voluminoso, como el órgano Hammond que se utilizó para Tom Jones. Pascal trajo dos ejemplares, por si acaso, y para que el músico escogiera su favorito, ya que cada uno tiene un sonido particular.

Y claro, ha tenido que lidiar con peticiones de último momento. Recuerda una anécdota en particular. “El set más difícil fue el de Seal. El camión que traía todo su material fue detenido en la frontera y no pudo pasar. En una hora tuvimos que encontrar la réplica de todos los equipos. Fue divertido, mucha adrenalina. Pero al final lo logramos, eso sí.”

Con su equipo de doce personas, Graticola está listo para lo que se necesite: mover algo, mejorar un sonido o lanzar una secuencia, cambiar las pieles sintéticas en mylar de las baterías para cada show. “Entendemos que cada músico tiene su sensibilidad, que son muy talentosos y han trabajado mucho. También entendemos que la gente que está de gira, viajando durante meses, tiene momentos de irritabilidad. A eso hay que sumarle los nervios, estamos en Montreux, un escenario internacional y uno de los festivales mundiales más importantes. Así que se les perdona todo y hacemos lo máximo para ayudarlos. Después de los ensayos, o después del show ya están más tranquilos y agradecen amablemente.”

Mathis Maurer tampoco duerme mucho. Su trabajo complementa al del backline. Él es el encargado de proveer y afinar los siete pianos acústicos para todo el festival. Por lo general, trata de llegar muy temprano, antes que los músicos. Es cuando encuentra el mayor silencio posible, algo necesario para su labor. Desde hace cinco años está a la escucha de los pianistas que se presentan en Montreux. “Luego de la prueba de sonido vuelvo a controlar cada instrumento. Son minucias, pero como cada concierto es grabado en vivo es mejor y de paso se tranquiliza al artista”, cuenta Maurer durante su corta pausa para fumar.

Ha aprendido a adaptarse a cada músico. Abdullah Ibrahim pidió que estuviera presente durante el show; Brian Eno, que se quedara durante toda la prueba, e incluso sabe lidiar con Herbie Hancock. “Es un señor imponente y alto, impresiona mucho y más si está de mal genio, lo cual sólo ocurrió una vez”, cuenta divertido. Sin embargo, insiste en que el increíble entorno natural contribuye a que los músicos estén relajados además de la hospitalidad y de la competencia del equipo técnico. “Esa es la calidad de Montreux”, agrega Maurer.

Desde las tres de la tarde las bambalinas del Montreux Jazz Club están en ebullición. La prueba de sonido de los artistas de la noche ha tomado más tiempo del programado. Hay un hombre en camiseta y shorts negros que hace incontables vaivenes en los corredores. Se trata de Frédéric “Fred” Perret, el stage manager de esta sala. Él es quien coordina el trabajo de todos los que intervienen en el escenario desde el equipo del backline. “La idea es que todo se articule bien porque es una sala pequeña, el escenario es bajo y el público está muy cerca. Cuando se hacen cambios tratamos de que todo parezca ensayado”, explica. Asegura que lo más difícil es tener un ojo puesto sobre todo, lograr que todo el mundo esté contento y administrar bien los tiempos, pues los músicos suelen demorarse más de lo programado.

“Hace cuatro años que trabajo aquí y es el mejor trabajo que he tenido, soy muy feliz. Aquí el ambiente tiene algo de mágico”, cuenta Perret. Guarda un buen recuerdo de todos los artistas con los que ha trabajado, y uno en especial: Al Jarreau, quien falleció a comienzos de año. “Estamos tristes porque él venía a cada festival. Siempre llegaba sonriente, dispuesto y positivo. Así es la gente que tiene experiencia, sabe qué quiere, se demora tres minutos en la prueba y ya. Él era así, tenía una energía genial”, sentencia conmovido.

Montreux va dejando gratos recuerdos en la memoria del público y de quienes hacen posible que cada noche todo salga sin fallas. A pocos días de terminarse la edición 51 del evento, que se celebra del 30 de junio al 15 de julio de 2017, aún quedan platos fuertes: Mavis Staples, The Lumineers y el cantante senegalés Youssou N’Dour, encargado del cierre.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.