'Shambala Festival' en Northamptonshire, Reino Unido.

Shambala, el festival cien por ciento renovable

El fundador del festival ecológico Shambala, Dann Rafferty, tiene un discurso profundamente estructurado. En el marco del BOmm, con la colaboración del British Council, hablamos con él sobre la música como responsable político, el cuidado medioambiental, el Brexit (negligencia burocrática) y el significado de las palabras.

2016/09/16

Por Santiago Serna Duque

¿Qué significa Shambala y por qué le dieron ese nombre al festival?

Shamba significa en Swahili (lenguaje de África del este) tierra productiva. Uno de los fundadores del festival vivió dos años en Tanzania y pensó que esa era una hermosa palabra para bautizar un evento que se realiza en grandes praderas de Northamptonshire (Reino Unido). Utilizamos este vocablo –Shamba-  y le agregamos el ‘la’ al final para que sonara más divertido. Meses después, descubrimos que Shambala es un reino mítico budista escondido en las montañas Himalayas que simboliza esperanza y paz en tiempos de tormento. Nosotros no sabíamos que este mito existía cuando le pusimos el nombre al festival, aunque debo decir que coincido naturalmente. Jamás hubiéramos tenido la audacia de llamarlo así porque se podía traducir como el ‘festival del paraíso’. Y eso era un acto muy pretencioso.

En una época de cambio climático, ¿cuáles son las responsabilidades de un festival musical ecológico?

Como directores del Shambala somos conscientes de la huella que podemos dejar en el planeta. Sabemos que debemos trabajar mancomunadamente con el público y otras organizaciones para impactar positivamente el medio ambiente, que debería ser una prioridad, no sólo de los ecologistas, también de todo el mundo. Cada empresa tiene las mismas responsabilidades que la gente y el gobierno. Nos tomamos muy enserio el hecho de minimizar el daño medioambiental.

¿Qué iniciativas puede destacar del Shambala Festival?

Creo que hay tres iniciativas importantes. La primera tiene que ver con la energía. El festival se produce en su totalidad con energía 100% renovable. Esto lo logramos trabajando con la organización ‘Powerful Thinking‘, quienes exploran nuevas formas de hacer eventos más económicos y que reduzcan las emisiones de CO2. El 95% de nuestra potencia eléctrica es producida a través de aceite vegetal (WVO biodiesel), que ya había sido utilizado para freír pollos en la industria gastronómica. El porcentaje restante es derivado de paneles solares.

La segunda iniciativa surgió hace cuatro años, porque estábamos realmente avergonzados de la cantidad de plástico -mayormente botellas de agua-  que se desechaba en el evento. Contrariados por este hecho, optamos por vetar la venta de botellas de agua en el Shambala. En los últimos festivales cada asistente debe llevar su propio termo que puede llenar en diferentes ‘fresh water spots‘; este propósito -que no ha sido copiado en otros espectáculos del mundo -aplica al igual con los artistas. Con esto nos hemos ahorrado el desperdicio de aproximadamente 20.000 botellas de agua plásticas por evento.

La idea más osada la pusimos en marcha este año: decidimos que no se podía vender nada de comida cárnica (pollo, carne o pescado) en el Shambala con la intención de establecer un festival esencialmente vegetariano. No le prohibimos a las personas que lleven su propia comida -jamás seremos dictatoriales- sólo estamos tratando de empoderar el debate sobre el impacto negativo que genera la explotación cárnica  y pesquera en el planeta. El 30% de emisiones de CO2 es causado por estas industrias.

El chef de tres estrellas Michelin Alain Passard ya había propuesto esta idea en su restaurante  L‘Arpège y en el libro The Art of Cooking with Vegetables. Fue muy criticado por ser ‘radical‘. ¿Cómo hacer para que el mensaje no suene arbitrario?

El reto que teníamos era lograr que  las personas no extrañaran la carne. De esta forma seleccionamos una increíble cantidad de proveedores que nos abastecieron de maravillosos productos muy poco intervenidos para mejorar su sabor. Nos tomó unas tres semanas hacer la elección de estas personas y crear los menús para poner en venta. Contra todo pronóstico, la idea tuvo una excelente aceptación. También hicimos charlas y debates que buscaban generar conciencia de cómo la industria de la carne es uno de los principales causantes de deforestación en el planeta. 

¿Es una idea utópica creer que la música puede generar cambios sociales o políticos?

La música no necesariamente debe o tiene que llevar un mensaje implícito que proponga algún cambio. Ese no es su deber. Pero sin duda hay canciones, géneros o artistas que pueden detonar algún mensaje poderoso de cambio. Por ejemplo, en los sesenta, el reggae en Jamaica, más que un género, era un movimiento político que quería generar nuevas formas de ver la vida. Piensa también en el cantante y activista de los derechos humanos Fela Kuti en Nigeria (fundó su propio partido político para luchar contra la persecución del régimen, que entre otras cosas, asesinó a su madre de 77 años defenestrándola), quien sufrió hondamente por la presión de la dictadura en los setenta y ochenta de su país. Kuti, frente al atropello, usó las únicas armas que conocía: la música y el discurso político. Al final del día la verdadera capacidad activista de la música es politizar sus letras, ahí reside su grandeza. Pero imponerle una responsabilidad no es justo porque en definitiva es diversión, amor y relajamiento, antes que política. Aunque aprovecho para decir: sí hay músicos a los que les hace falta más rabia –en el buen sentido de la palabra– para enfrentar las problemáticas que vive su país. En el Reino Unido no se escuchan voces reconocidas de artistas en contra del Brexit. Están mudos.

¿Qué opina del Brexit?

¡Estoy avergonzado, estoy avergonzado, estoy avergonzado! Los discursos de los políticos británicos no representan el imaginario del pueblo y está basado en mentiras, no en los análisis reales hechos por expertos. Hay un político llamado Michael Gove que dijo literalmente: "el tiempo de los expertos en cualquier materia ha terminado y no deberíamos escucharlos”. Lo mismo que dice Donald Trump en Estados Unidos. Es una locura decir que escuchar a los investigadores que han estudiado estos fenómenos por años es negativo. Esos tipos son populistas que envían un mensaje a la población que la enoja profundamente, y eso me pone furioso. Puedo decir que me dan vergüenza nuestros representantes.

El Brexit es un mensaje demagógico que no soluciona la problemática de los inmigrantes…  

La solución es resolver la crisis en sus países, como en Siria, donde el abandono de la comunidad global es absurdo. Hablemos de lo que ocurrió en Libia: cuando derrocaron a Gadafi  la desidia de James Cameron para ayudar a ese país fue lamentable; al igual pasó cuando Tony Blair se unió a George Bush para atacar Irak. Estos hechos me hacen sentir vergüenza de ser británico. Nosotros también somos inmigrantes que nos hemos dispersado por el mundo, y a su vez, necesitamos de los inmigrantes para nuestro crecimiento económico. Lo del Brexit es el resultado de la falta de oportunidades para los mismos británicos, pero los políticos, equivocadamente, culpan a los extranjeros de nuestras penas. La sociedad inglesa está llena de inequidad, y está lejos de ser perfecta.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com