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Sin cantarle a la revolución

Mientras sus compañeros de clase en la Universidad Nacional tarareaban las canciones de la Revolución cubana, Jorge Velosa miraba hacia su pueblo, en Boyacá. Hoy, a sus recién cumplidos 60 años y tras 30 de carrera musical, el rey de la carranga sabe que no se equivocó.

2010/03/15

Por Jorge Patiño

No le gusta que le digan maestro porque “a Jesucristo le dijeron así y lo clavaron”. Pero es difícil no decirle maestro a Jorge Velosa, un señor de 60 años que domina su arte; un boyacense de ruana y sombrero que es una enciclopedia viva de la música popular colombiana; un veterinario que no atiende animales, sino que canta sobre ellos y sobre el campo del cual se nutre su obra musical. De esos 60 años, Jorge Velosa ha pasado exactamente la mitad viviendo, pero sobre todo haciendo vivir, de la música carranguera. Después de tanto tiempo, tanto el cantante como su género pueden estar tranquilos, pues ambos gozan de buena salud.

Al igual que las canciones de Velosa, el nacimiento de los Carrangueros de Ráquira (su primera agrupación) y la música que hicieron famosa están ligados a las anécdotas. Además de salir de la Universidad Nacional graduado como médico veterinario, Jorge Velosa ganó allí un amigo, Javier Moreno, con el que compartía intereses musicales. Los dos empezaron a rescatar los sonidos del altiplano cundiboyacense, en aquellos años 70 en que los universitarios estaban más cerca de la canción protesta cubana, chilena o argentina. Pero Velosa y Moreno hicieron algo más revolucionario que cantarle a la revolución: prefirieron ponerles música a las historias que habían oído a sus mayores, a las coplas que Velosa sabía desde su niñez, cuando aún estudiaba en la escuela La Lomita, en Ráquira.

Eso los llevó a tener su propio programa en Radio Furatena, en Chiquinquirá, llamado Canta el pueblo. “Nosotros creíamos saber muchas cosas, pero el programa se llevó lo que nosotros sabíamos en cuatro emisiones. Esto nos llevó a componer sobre las cosas cotidianas, y empezaron a llegar cartas que pedían canciones como ‘La cucharita’, que fue conocida regionalmente antes de llegar al resto del país”, cuenta Velosa. La música de los Carrangueros de Ráquira, conjunto del que también formaron parte Javier Apráez y Ramiro Zambrano, nació por gusto, pero también por necesidad porque, al fin y al cabo, había que tener material para pasar en el programa.

Eso no quiere decir que el invento haya sido improvisado. La música carranguera es una fusión del merengue campesino, la rumba criolla, el torbellino y el paseo vallenato. Aunque la ruana de Velosa y los Carrrangueros no parece tener mucho que ver con los calores de La Guajira y el norte de Cesar, si se le pregunta, el maestro se toma el tiempo para explicar, guacharaca en mano, la relación musical que hay entre los ritmos de la ribera del Guatapurí y las coplas campesinas de la vereda Quicagota, al lado de las aguas frías de la laguna de Fúquene.

Pero, sobre todo, la música carranguera de Velosa está muy basada en la realidad. Cuando los Carrangueros cantan “Julia, Julia, Julia, Julia de mi amor, yo te quiero Julia más que a mi camión”, el auditorio puede estar seguro de que si viaja a Capellanía y pregunta, le pueden dar razón del romance del camionero y la tendera que inspiraron la letra de la canción. “Mi vereda parece un pesebre, hay casitas en todo lugar; allá arriba vive mi abuelita y por allá abajo vive don Pascual”, dice en Canto a mi vereda. De un modo bastante artístico, Jorge Velosa se ha convertido en una especie de notario de la vida campesina, que no siempre transcurre en un escenario bucólico, sino también entre montes deforestados o en las dificultades que atraviesan los que dejan la vereda por ir a probar suerte en la ciudad.

Por medio de sus tres agrupaciones, los Carrangueros de Ráquira, Jorge Velosa y los Hermanos Torres, y Jorge Velosa y los Carrangueros, el maestro se ha encargado, en el interior del país, de lo que hace mucho tiempo no hace el vallenato en el norte, abrumado por el peso de su éxito: contar historias de personas y lugares, de cumplir el papel de juglar que va de pueblo en pueblo recogiendo anécdotas, dichos y coplas, que son, como dice Velosa, “la biblioteca del saber popular, y hay que estarla palabreando para que no se extinga”.

Lo anterior no quiere decir que Velosa desdeñe la música de otras partes del país. Todo lo contrario. En gran medida, fue su falta de fanatismo regional lo que ayudó a darle forma a la carranga y en su Plegaria radiofónica lo dice bien claro: “Ah malhaya quién pudiera ser dueño de una emisora, pa poner a toda hora musiquita del país. Musiquita colombiana de toditos los colores, y de todos los sabores y de todos los amores que es la que me gusta a mí”. De todos modos, Velosa no reniega de su origen y, por supuesto, tiene una canción al respecto, Yo también soy boyaco.

Treinta años y veinte discos después, la carranga sigue viva, con todo y que decirlo parezca no tener sentido, pues la palabra “carranga” se refiere a los animales muertos con los que tenía que lidiar un personaje del campo, el carranguero. Cerca de doscientas agrupaciones en le país lo citan como influencia directa. Por eso Velosa, el maestro, prefiere que lo llamen el “carranguero mayor”.

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