Los miembros del Sexteto Tabalá.

Son palenquero para todos

El más reciente disco del Sexteto Tabalá llega al mercado. Y con él, la historia de San Basilio de Palenque se pone de nuevo en primer plano. ¿Quiénes son estos músicos de la tierra de Biohó, el cimarrón?

2010/04/21

Por Luis Daniel Vega

Hace cuatro años, en estas mismas páginas, Juan Carlos Garay pronosticaba con cierta resignación pesimista que el son palenquero de sexteto tenía como único destino la extinción. En su reseña sobre el tremendo documento Sextetos afrocolombianos (La Iguana Ciega, 2006), Garay apuntaba, citando el epílogo del mencionado libro, que “…dada la penetración del picó, el vallenato y la champeta, es probable que los soneros del sexteto afrocolombiano desaparezcan a corto plazo”. Por fortuna, los presagios de Garay no se cumplieron y hoy podemos respirar tranquilos al saber que el Sexteto Tabalá, uno de los monumentos vivos más importantes de la tradición musical palenquera, se mantiene incólume y renovado gracias a la reciente edición del disco Con un solo pie.

De África a los Montes de María

De alguna manera Palenque de San Basilio ganó visibilidad en los medios por allá en 1972 cuando Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’ derrotó al panameño Alfonso ‘Peppermint’ Frazer. En boca de todo el mundo se encontraba el pueblo natal del ‘Pambe’ pero poco o nada se sabía de una historia enrevesada que se remonta a 1713 cuando Benkos Biohó, un esclavo procedente de Guinea, se levantó ante el poder colonial español y se proclamó rey de San Basilio, primer pueblo de negros libres de América Latina.

A medio camino entre la realidad y la fantasía, Bioho se convirtió en un símbolo de la gesta libertaria cimarrona y su historia aún hoy sigue siendo revisada no solo en las letras de grupos como el Sexteto Tabalá sino en libros como La ceiba de la memoria, donde Roberto Burgos Cantor crea una metáfora monumental de Benkos, imagen nítida del esclavo silenciado.

No obstante, en 2005 la Unesco proclamó a Palenque de San Basilio como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, aún somos muchos los que desconocemos que allí perviven complejos rituales fúnebres como el lumbalú, prácticas médicas centenarias y se habla el palenquero, una lengua criolla de origen bantú distinta al español, que tiene una estructura fonológica, morfológica y sintáctica con códigos específicos que la hacen única en el planeta.

A pesar del olvido y el aislamiento social, San Basilio sigue allí, dibujado en uno de los valles de los Montes de María, y a tan solo 70 kilómetros de Cartagena. Agrupados en 435 familias, sus 3.500 habitantes parecen vivir en una república independiente que, insurrecta, sigue cantando y bailando a ritmo de bullerengues sentados, chalupas, son de negros, chalusonga y son palenquero, entre otros géneros que conforman el complejo musical de la región.

De Cuba a San Basilio

Así como la mayoría de las músicas colombianas de la costa caribe y del Pacífico, el son palenquero de sexteto es un híbrido donde confluyen tradiciones africanas, europeas e indígenas. Esto quiere decir que no es un género puro, no nació de la nada.

A principios del siglo XX, inversionistas norteamericanos lograron la concesión para explotar la caña de azúcar en Sincerín, región cercana a San Basilio. Central Colombia, como se le llamó al ingenio azucarero, fue controlado por cubanos que se trajeron el son montuno, tan de moda por esos días con legendarios grupos como el Sexteto Habanero y el Sexteto de Oriente.

Muy pronto los empleados cimarrones se apropiaron del son bajo formas muy específicas como el bullerengue, la chalupa y la cumbia. Allí nació otro son, distinto al cubano no solo por la clave sino por la inclusión de la marímbula, ese contrabajo metálico de origen africano que en algún momento de la historia se quedó viviendo en Colombia. Entre 1920 y finales de los años cincuenta (cuando Central Colombia cerró la refinería) existieron dos sextetos genuinamente colombianos como el Habanero (llamado así en honor al cubano) y el Matentera. De ellos no quedó ningún vestigio fonográfico pero sí una semilla que desde 1945, como recios agricultores que son, Rafael Cassiani Cassiani, José Valdés Teherán y Miguel Valdés Cañate, miembros originales de Tabalá, han seguido cultivando a pesar de sequías e inundaciones.

Con un solo pie

Fundado por José Valdés Simancas, el indiscutible “rey de la marímbula”, el Sexteto Tabalá hace honor a su nombre tomado de una expresión criolla palenquera que significa “tambor de guerra”. En el más completo anonimato le han ganado la batalla al abandono y silenciosamente han persistido en el tiempo gracias, también, a que a finales de los noventa el productor bogotano Lucas Silva tomó el riesgo de editar un disco enteramente dedicado a su música.

Prensado en Francia por Ocora, ese primer registro de Tabalá correría la misma suerte que Reyes del son afrocolombiano, segunda producción de la agrupación ­—editada también en Francia por Buda Musique—: quedó en las estanterías europeas como material de consulta para antropólogos.

Teniendo en cuenta esta problemática donde la música del Sexteto era un objeto de museo, Silva decidió hace un par de años darle otro curso al asunto.

Sin traicionar el sonido natural y demostrando que el son palenquero puede llegar a ser de consumo masivo, se trajo al Sexteto Tabalá a Bogotá y lo metió en un estudio de grabación profesional.

Y no se equivocó en el intento. Las trece canciones del disco conservan esas historias de amores místicos, borracheras descomunales, sexualidad desenfrenada y la vida del campo en San Basilio. A su vez, fuera del entorno natural, se muestran renovadas sin que esto les haya significado afectar la crudeza desasosegada de los golpes y las voces legendarias.

Con un solo pie recoge una tradición genuinamente afro-colombiana y la pone al alcance del público sin amaneramientos ni estrategias mentirosas de producción.

Allí están, solo escúchelos, quizás usted quede como un trompo, girando en un solo pie.

 

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