Totó la Momposina nació en Talaigua Nuevo, Bolívar, en 1940.

“Siempre he tenido el sueño de cantar con Tina Turner”

Hoy viernes 14 de octubre Totó la Momposina se presentará junto al grupo Herencia de Timbiquí en el Royal Center, en Bogotá, a las nueve de la noche. Hablamos con ella sobre García Márquez, los premios Nobel y Joe Arroyo.

2016/10/14

Por Diego Olivares

¿Cómo llegó a ser invitada a Estocolmo para cantar junto con los grupos de allá en el recibimiento del Nobel de García Márquez?

Esa invitación la hicieron varias personas como el expresidente Belisario Betancur, Gloria Triana y Aura Lucía Mera. Es que el expresidente nos había visto en una presentación y había quedado tocado. Además Gabo pidió que nosotros estuviéramos con él acompañándolo junto con Los hermanos Zuleta.

Ese Nobel fue para mí una ensoñación porque yo me soñé con ese premio e inclusive con el vestido que fui y el castillo donde se desarrolló la ceremonia, el banquete puntualmente. Cuando me llamaron para mí fue una gran sorpresa. Estaba en mi pueblo -Talaigua- y salí para Estocolmo. Allá  llegué con zapatos destalonados, con una faldita azul con blanco, un suéter y sombrero. Nada más. Fue tanta la emoción que se me olvidó el frío tan terrible que hace allá. Pero me sucedió algo maravilloso. Comencé a cantar en aquel castillo y cuando cantaba y la voz iba y se devolvía sentí que estaba levitando con  mi voz. Era como Remedios la bella en Cien años de soledad.

¿Tocaría en la ceremonia del Nobel de Santos?

Iría encantada. Tan solo es que me inviten y voy. A la entrega del Premio Nobel de Gabo me llevaron no solo para ambientar un acto sino para sustentar su tesis de que Colombia es un país mágico y la música que hacemos está llena de elementos mágico y misteriosos.

¿Qué tan importante es la música para usted?

La música es esa parte lúdica importantísima del hombre que está acompañada de las energías, de la bondad, del amor y de la igualdad. El disfrutar la música nos iguala como humanos. Ya sabemos que la música no tiene fronteras, es que con la música generamos unidad y se construye paz.

¿Con qué artista le gustaría compartir escenario?

Si algún día se me permite, lo haría con Tina Turner. Siempre he tenido ese sueño. Es que ella es la mejor cantante de soul. Es que me imagino que ella canta y yo nada más la acompaño. Punto. Es que esa señora tiene un monstruo de voz.

Antes de que la música colombiana se masificara en el mundo usted fue la abanderada en hacerlo primero. ¿Cómo cree que usted será recordada?

Unos me dicen que soy la abuela de la música, otros dicen que soy la mamá, la reina. Yo fui de las primeras cantantes colombianas en presentarse en Rusia y en el continente asiático, porque sentía que tenía que ir allá y a otras latitudes para comentarle al mundo que existíamos y además con la música se reconocen sociedades. Me cuestionaron incluso que porque primero no fui a Estados Unidos y sí a Rusia y a Asia.

¿Qué le gusta leer?

Tengo que decir que de pequeña, por crianza, me leyeron los libros sagrados de la Biblia que son en el fondo historias de hechos precisos. Con el paso del tiempo me fui acercando a la poesía del Siglo de Oro en España. También las lecturas de las Cruzadas o de los Caballeros Templarios me apasionan. Para mí, la verdadera información está en los ancestros que con la mirada, el diario vivir en el campo, el hacer en las fincas y con muy pocos libros nos enseñaban lo que se necesitaba antes de salir a la vida misma.

¿Qué función tiene el arte?

El arte es vida y si hay arte, hay esperanza. Lo que hizo Doris Salcedo en la Plaza de Bolívar con su intervención Sumando ausencias nos demuestra la importancia del arte para reconocernos como sociedad y hasta identificar los actos de brutalidad que nos hemos generado entre nosotros mismos. Pero en el fondo real y álgido toda esta guerra de más de medio siglo se resume en la tenencia no sólo del poder político, sino en el de la tierra de donde se saca oro, petróleo, agua, esmeraldas, coltán y también la comida que nos permite vivir, nada más. Es mi opinión sin intereses.

Ayer fue a mi casa un desplazado y me pidió ayuda. Venía del Tolima y me dijo que había salido de su tierra donde tenía finca, vacas, toros y comida. Se lo quitaron todo. Y ahora anda deambulando en la ciudad pidiendo ayuda. Eso no puede ser posible, que un campesino que ha tenido todo ahora no tenga nada. Me mostró sus manos y estaban llenas de callos. Cuando uno es artista, tiene la posibilidad de contar esto sin necesidad de que se me vincule a algún grupo político. El arte como tal es político .

¿Qué razones llevaron a consolidarla a usted como uno de los emblemas de la música en Colombia?

Yo no me he inventado nada. Eso son los ajustes de la historia por el trabajo fuerte y constante que he realizado durante más 40 años de carrera musical. Es que seguramente creo que hago las cosas con la vitalidad que tiene la música y hablando de lo que también es Colombia.

¿Cree usted que figuras como el Joe Arroyo, el Cholo Valderrama o usted tendrán reemplazo? 

Nadie puede reemplazar a nadie. Todos somos únicos con variaciones en todo. En la música que hacemos, cómo pensamos y cómo nos entregamos al público. Porque la manera en que el Cholo Valderrama hace un joropo o sus cantos son únicos. Es que eso viene por generaciones.

¿Cómo hace para mantenerse vigente?

Es solo el sentido de pertenencia. No entiendo porque los muchachos buscan hoy hacer música de otras latitudes, cuando acá hay tanto por  hacer para mostrarle al mundo. No se deberían copiar para competir con personas o con sociedades que tienen ritmos musicales o una identidad sonora establecida. Un grupo de rock colombiano no puede imitar o intentar ser mejor que The Beatles o The Rolling Stones, pues no, ellos ya tienen una sello identitario.

¿Cuáles son esos sonidos de la infancia que aún recuerdas en sus presentaciones?

Cuando estoy en tarima se me pasan por la memoria los cantos de cuna. Eso es un sello que siempre te acompaña, siempre. Tanguita, tanguita, de la playa vengo y de un fandango me vengo muriendo. Porque con esa música yo dormía a mis hijos y a mis nietos. Y eso lo recuerda mi nieta que está estudiando canto lírico en Inglaterra, bueno la dos que estudian canto. Oriana  Melissa que es soprano y María del Mar que es Mezzosoprano. Ellas tienen la obligación de aprender a bailar un buen fandango y con el bullerengue. 

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