Shorty en el auditorio Stravinsky. Crédito: 2017 FFJM - Lionel Flusin.

Trombone Shorty conquista el festival de jazz de Montreux

Con el soul, el funk y el rhythm and blues, uno de los talentos más en boga de Nueva Orleans iluminó la edición de 2017 del festival de jazz más prestigioso del mundo.

2017/07/06

Por Natalia Ruiz Giraldo

A Montreux es mejor llegar en tren, pasando por Ginebra, Lausana y algunas zonas industriales grises. Poco a poco el relieve se vuelve más accidentado, se atraviesan campos de girasoles y de trigo, y el verdor de los extensos viñedos de Lavaux, declarados patrimonio mundial por la Unesco. Sin uno darse cuenta, la vista se despeja por fin sobre el majestuoso lago Lemán, rodeado por sus guardas, los Alpes suizos, algunos de sus picos nevados. Ese es el telón de fondo del Festival de Jazz de Montreux, que se celebra cada mes de julio desde 1967 y se ha consolidado como el más prestigioso de su género en el mundo.

En sus 51 años de existencia, el festival se ha diversificado y les ha abierto las puertas a otros géneros incluyendo el rap, el rock, el hip-hop y la música electrónica. En la noche del miércoles 5 de julio el honor fue para un artista que bien puede ser el compendio de ese eclecticismo, un puente entre el pasado y el ahora: el norteamericano Troy Andrews, más conocido como Trombone Shorty.

Quién mejor para presentarlo ante el público del auditorio Stravinsky que Quincy Jones, padrino histórico del festival. "A Trombone Shorty lo conocí en Nueva Orleans cuando él tenía 8 años y el trombón que tocaba era más grande que él. Así nació el apodo que utiliza como nombre artístico", dijo divertido. "Reciban a mi hermano con un fuerte aplauso para una noche que quedará grabada en la memoria", acabó Jones con energía contagiosa.

Troy Andrews, vestido de negro, pantalón y chaqueta, camiseta blanca y gafas oscuras, subió al escenario en medio de una introducción de rock instrumental combinada con un juego de luces que presagia lo inolvidable. El concierto comienza por "The Craziest Thing", tema de su segundo álbum For True (2011).

No necesitó más que su interpretación de  "On your way down" (Backatown, 2010) para conquistar al público y dejar en claro por qué a sus 31 años es hoy unos de los artistas más destacados de su generación. Con una habilidad sorprendente y fluidez orgánica pasa del canto al trombón, luego a la trompeta, después vuelve a cantar y además baila. Todo sin que le falte el aire y sin apoyo vocal, ya que sólo él está a cargo de la voz.

El show también es la banda que lo acompaña, la Orleans Avenue, conformada por cinco músicos de su nivel (saxofón tenor, saxofón barítono, bajo, guitarra y batería) que a lo largo de la presentación bailan y se roban el show con su energía, humor y la destreza en sus solos.

Shorty y la banda. Crédito: 2017 FFJM - Lionel Flusin.

Trombone Shorty encontró cómo conjugar el sonido de las tradicionales bandas de marcha, en las que participaba de niño en su natal Nueva Orleans, con el funk de los años sesentas de The Meters, la soul y el jazz sin que se escuche forzado y aportando un sonido moderno sin desestimar a sus predecesores.

De hecho, su arraigo a la tradición de su ciudad es lo que lo caracteriza. Uno de los ejemplos más claros es la creación de la Trombone Shorty Foundation, que cada año escoge estudiantes de bachillerato de bajos recursos de la ciudad para brindarles una educación y experiencia musical en aras de perpetuar la cultura local, poniendo un énfasis en el conocimiento de la industria como negocio. En la lista de mentores del programa figuran los reconocidos músicos e hijos ilustres de Nueva Orleans como Wynton y Branford Marsalisy el trombón Lucien Barbarin.

“Ahora mismo los llevo a Treme, ese es mi barrio, mi ciudad”, anunció Andrews con orgullo, para dar paso a su versión del clásico de Allen Toussaint "Here Come The Girls". Es el primer sencillo de su último disco y el que más fuerza tiene. En vivo es burbujeante, embriagó de vigor las almas y sedujo los cuerpos que llenaban el Stravinski, moviéndose con la cadencia de la entrada de batería. Luego, con la fuerza de los cobres y por supuesto con el trombón, y un solo de trompeta que el público celebró con aplausos.


Durante la hora y cuarto de concierto, Andrews y Orleans Avenue también tocarón los temas instrumentales llenos de funk incluidos en Say That To Say This (2014), álbum que producido junto al músico y productor Raphael Saadiq. Entre sus canciones se destaca Where It At? con una letra que engancha e invita a cantar como suele ocurrir en el pop, y que los cientos de asistente corearon a todo pulmón: "You keep my kicks and my jacket / and the money honey/ I just want my heart back".

Para el final dejó dos destellos más de su talento. Descrestó al cantar una versión "más rápida" de Make It Funky, éxito de James Brown y, no contento, emuló los movimientos frenéticos de caderas y pies que hicieron del padrino del soul una leyenda. Para despedirse escogió When The Saints Go Marching In, el clásico popularizado por Louis Armstrong. Se ganó el clamor del público, que lo aplaudió mientras él levantaba los brazos como un campeón, alzando su trombón y su trompeta.

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