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Viene Yo-Yo Ma

Francés de nacimiento, norteamericano de crianza, oriental por sus ancestros, Yo-Yo Ma, el violonchelista más famoso del mundo, tocará en el Teatro Colón de Bogotá piezas de Franck, Schubert, Shostakovich y Piazzolla.

2010/03/15

Por Andrea Baquero

Ninguna silla era lo bastante alta en el estudio del maestro y luthier Étienne Vatelot en París para que Yo-Yo Ma pudiera sentarse a tomar sus clases de violonchelo. Tenía cuatro años y debía acomodarse sobre unos directorios telefónicos. La disciplina musical de sus padres Hiao-Tsiun y Marina Lu, que venían de China –el país que exporta actualmente más intérpretes de música clásica–, nunca se reflejó en sus hábitos de estudio. Esa incapacidad para quedarse quieto es lo que podría definir la carrera de este hombre nacido en París en 1955, que a los siete años emigró junto a sus padres a Nueva York, que apareció en televisión a los ocho al lado del maestro Leonard Bernstein, que adolescente ya era solista de la orquesta Harvard Radcliffe: una inquietud que no ha cesado hoy, a los 52 años, y que lo ha convertido en el violonchelista más famoso del mundo; en el más admirado por los grandes públicos, el que se ha atrevido a incluir en sus repertorios música culta y popular; pero también en el más criticado por esa apertura a la música brasileña, el tango de Piazzolla, entre muchos otros géneros.

En 1970, con apenas quince años, Yo-Yo Ma era un reconocido músico de nivel internacional y, sin embargo, ya consideraba la posibilidad de retirarse: estaba agotado mentalmente. En el Festival Marlboro de ese año vio en escena al violonchelista español Pablo Casals y el concierto se convirtió en uno de los puntos de quiebre de su carrera. “El compromiso detrás de cada nota y la confianza que él tenía, fueron un ejemplo maravilloso”, dijo. Así que continuó estudiando hasta graduarse en Harvard en 1976. Las cosas por fin parecían ir bien. No obstante, en 1980, su carrera sufriría un nuevo revés: se le diagnosticó una escoliosis, una enfermedad que puso en peligro su carrera. Una vez más, salió adelante tras una operación exitosa. Eso cambió su manera de ver las cosas. Ma es un hombre que repite sin cesar que no le interesa la fama, sino la música y sobre todo, su familia: “La fama y el éxito siempre desfilan frente a ti. Fácilmente te puedes convertir en un esclavo de tus deseos, convertirte en un adicto. Pero tienes que escoger tu droga cuidadosamente”.

¿En qué ha consistido el secreto de este hombre que ha sabido manejar la fama y ha sorteado las críticas feroces? En entender la música como algo más que una simple diversión. Por eso no se cansa de repetir que esta “no solamente debe entretener al público, sino alcanzar sus corazones”. Soy un medio, ha dicho, a través del cual un compositor traduce sus ideas. Esas ideas lo convirtieron en el líder del violonchelo contemporáneo. En un intérprete que ha trabajado con grandes compositores contemporáneos como Ennio Morriccone y Philip Glass, siguiendo los pasos del legendario Mitslav Rostropovich quien trabajaba al lado de Dimitri Schostakovich.

Pero lo ha demostrado además, a lo largo de sus cincuenta álbumes, grabados todos bajo el sello Sony Classical, por los que ha recibido quince premios Grammy. Y el aplauso, ese sí generalizado, por sus interpretaciones de J.S. Bach y J. Brahms. Lo que no ha ocurrido con sus colaboraciones, cerca siempre del gran público, con músicos como Bobby McFerrin, Alison Krauss, James Taylor, Rosa Passos y Paquito D´Rivera, otro músico que estará en Bogotá el próximo 26 de mayo.

Precisamente, en 1997, Yo-Yo Ma recibió su primer Grammy fuera del género clásico por su producción Soul of the tango, un decidido homenaje al compositor argentino Astor Piazzolla, quizás uno de los más resistidos bandoneonistas y compositores argentinos, por haber revolucionado el tango. Ese ir y venir entre lo más popular y lo más clásico ha sido su manera de no estacionarse en la comodidad de un lugar entre los elegidos. Por ello en 1998 creó el proyecto Silk Road, que estudia el intercambio cultural de ideas y la expresión artística entre diferentes pueblos a lo largo de las rutas comerciales que surcaban Eurasia desde el primer milenio A.C. hasta mediados del segundo milenio D.C.

Hace un año el sonido de su violonchelo (Montagana de 1733) le hizo ganar el premio “Sonning Music” en Dinamarca, convirtiéndolo en el segundo violonchelista en recibir el galardón después del recientemente fallecido Mitslav Rostropovich, quien recibió el mismo en 1981. Quizá para recoger todo ese largo periplo que comenzó en un estudio en donde Yo-Yo Ma debía sentarse sobre unos directorios, en enero de este año, el músico publicó Apassionato, una autobiografía musical que incluye una selección de obras previamente lanzadas al igual que material nuevo de compositores como Antonio Vivaldi y George Gershwin, grabados especialmente para esta producción. Yo-Yo Ma se presentará en el Teatro Colón de Bogotá con interpretaciones de compositores incluidos en este disco como Franz Schubert, Dimitri Shostakovich, Astor Piazzolla y Cesar Franck. Y seguro logrará una de sus premisas desde que decidió seguir los pasos del maestro Casals: “Creo que la música puede actuar como imán para acercar a la gente. La música es un arte expresivo y puede alcanzar el verdadero centro de la identidad de uno. Al escuchar y aprender de las voces de una tradición musical auténtica, nos volvemos capaces de abogar por los mundos que estas representan. Además, al interactuar con tradiciones musicales desconocidas, encontramos voces que no son exclusivas de una comunidad. Descubrimos voces trasnacionales que pertenecen a un sólo mundo”.

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