RevistaArcadia.com

Vivió la música

Durante cinco días, La Arenosa dio una lección de cómo realizar un festival de jazz de altísima calidad para todos los gustos. Un repaso a los conciertos.

2010/03/15

Por Daniel Correa Ulloa

Con muy buena asistencia de público y una organización impecable, terminó la edición número trece de Barranquijazz. Durante cinco días y cinco noches se pudieron escuchar más de quince grupos entre los que se vio de todo. Desde la cubanía infaltable del latin jazz noventero lleno de arandelas y repeticiones que no sorprendió a un público frío y que abandonó en oleadas la sala en la actuación de los Monterrey Latin Jazz All-Stars, hasta lo más refinado y fresco del trío de jazz, la canción popular y las fusiones contemporáneas. En Barranquilla se dieron cita críticos, periodistas, aficionados y curiosos para escuchar lo bueno, lo malo y lo regular del panorama del jazz regional e internacional, desde el pasado 9 hasta el 13 de septiembre.

En el precioso teatro Amira de la Rosa, construido hace poco más de veinticinco años, y con capacidad para casi mil asistentes, el festival abrió con ochocientas cincuenta personas de aforo. El dúo italiano Bozzolan y a segunda hora Osmany Paredes, pianista cubano radicado en Nueva York y a cargo de un trío por momentos interesante y lleno de frescura, y a ratos plagado de fórmulas y clichés efectistas, se encargaron de abrir la velada. Para clausurar la noche de apertura el turno fue para los barranquilleros Abrete Jazz Band, una de las gratas sorpresas del festival y grupo ganador del concurso de bandas locales, dirigido por el trombonista Javier Villa, que sorprendió por su frescura en el escenario con un buen manejo de dinámicas y matices donde destacaron la sensibilidad y el sentimiento del trombón de Villa.

Abriendo sus puertas a toda la ciudad y sus habitantes y creando cultura, Barranquijazz también ofreció presentaciones gratuitas (Barranquijazz a la calle), en el quiosco del teatro Amira de la Rosa. Con buena afluencia de público y presentaciones destacadas del estadounidense Greg Diamond y los barranquilleros Bozá —música auténtica en todo el sentido de la palabra que, sin grandes figuras ni virtuosismo, rescató los sonidos tradicionales con gaitas y tambor alegre, fusiones entre blues, soukus y rock—, que por momentos recordaron al grupo Bloque.

Entre las actuaciones más relevantes estuvieron la del pianista de Pittsburgh y figura indiscutible de la historia del jazz Ahmad Jamal, que impactó no solo por lo depurado de su lenguaje y concepto armónico sino por la inclusión de un percusionista muy versátil y lleno de recursos sencillos pero efectivos que permitieron que el trío clásico de jazz sonara renovado, contemporáneo y fresco.

El pianista venezolano Ed Simon y su invitado especial, el saxofonista Pablo Gil, tuvieron la difícil tarea de abrirle a Omara Portuondo en el Country Club, escenario árido por las dimensiones y la acústica del lugar para un concierto de jazz. Simon y su cuarteto dieron muestra de lo que es hacer música como búsqueda de un lenguaje personal y en ningún momento se dejaron tentar por el público que, entre meseros de esmoquin, empanadas y vasos de whisky, esperaba impaciente por Omara. Ella, grande de todos los tiempos, por momentos logró encender la chispa fría de los asistentes al Country y, acompañada por un grupo de jóvenes músicos cubanos, deleitó con una madurez y un sentido impecable de lo que es ser un especialista de la música popular. Con un fraseo y un feeling único, “la reina” nos regaló un repertorio lleno de clásicos, incluida una preciosa versión de “Oh que será” (de Chico Buarque de Holanda), que recitó acompañada por la sutileza de sus músicos. Otra joya fue “Drume, Negrita”.

No hay que olvidar al pianista acompañante Robertito Fonseca que, cerrando el concierto, se dejó en una especie de country blues que por momentos recordó a Dylan y que se fue adentrando en lo profundo del piano solo con ostinatos, desarrollando frases repetitivas que podían bien ser propias de un Keith Jarrett negro.

Por su parte, el legendario guitarrista brasileño y uno de los precursores de la MPB —Música Popular Brasileña— Joao Bosco, ofreció un concierto cargado de buenos arreglos y excelentes instrumentistas, en el que se pudo escuchar la elegancia y calidez de la canción brasilera en un formato íntimo, deleitando a un público hermético con su voz y su guitarra, y el acompañamiento refinado y preciso de sus músicos.

Para cerrar, el festival se trasladó una vez más a la calle, esta vez a la Plaza de la Paz, en donde se dieron cita unas dos mil personas que sin dudar aceptaron la acertada iniciativa de Barranquijazz de clausurar la jornada de manera gratuita. Entre tumbadoras, trombones, trompetas y timbales colombianos y cubanos, Barranquijazz no se guardó nada en esta décimo tercera versión y nos deleitó con una memorable actuación del grupo cubano Habana Report, que de la mano del gran pianista Ernán Lopez-Nussa y el legendario cantante y tocador de shekere Eladio ‘Pancho’ Terri, junto a una banda de espléndidos instrumentistas, hicieron las delicias del público con una clase magistral de lo que es hacer música con el corazón. En Barranquijazz, vivió la música.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.