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¿Vivir del muerto?

Yoko Ono quedará para muchos como la culpable de la separación de los Beatles. No hay duda de que como artista plástica conquistó un espacio en el mundo de las galerías y los museos. Como música, en cambio, nada logró con su conceptualismo, pero ahora las cosas parecen haber cambiado. Lo mismo podría decirse de la esposa y los hijos de Bob Marley, quienes durante años han tratado de alcanzar a su padre. La sorpresa es que los familiares de estos dos gigantes de la música hoy comienzan a ser reconocidos. ¿Por qué?

2010/03/15

Por Lorenzo Morales

John Lennon describió una vez a su esposa Yoko Ono como la artista desconocida más famosa del mundo. “Todos conocen su nombre pero nadie sabe qué hace”, dijo. Lo que el inmortal Beatle no explicó esa vez es que las razones que explican la simultanea popularidad y el descrédito de su mujer eran idénticas: él mismo.

No había forma de ser la mujer de Lennon y no terminar haciendo parte del apabullante fenómeno de The Beatles. Desde que se conocieron en 1966, sobre Ono se posó la atención de un público que no necesariamente estaba hecho –ni interesado– en entender su obra. Para los consumidores masivos de la revolución del pop, incluidos los fans de The Beatles, el arte y la música de Ono eran simplemente demasiado experimentales y abstractos. Imposible para la mayoría asimilar la música hecha con los alaridos y discursos con megáfono de una japonesa cuando la parada la mandaba la melodiosa euforia de “Can´t buy me love”. Así, fuera de un pequeño grupo de artistas de vanguardia agrupados en el movimiento Fluxus, del que ella misma hacía parte, Ono terminó convertida en nada más que el pretexto para seguir la vida amorosa del líder de la banda de rock más importante del siglo XX.

Sin embargo hoy, a sus 74 años, Yoko Ono parece estar alcanzando el reconocimiento que nunca tuvo durante sus años más productivos como música y artista. Veintisiete años después del asesinato de su marido, Ono empieza a ser vista y oída como algo más que la viuda del compositor de “Imagine”.

La resurrección musical de Ono viene por cuenta de los álbumes Yes, I´am a Witch y Open Your Box (Astralwerks /EMI) que recrean algunos de sus temas que pasaron sin pena ni gloria entre finales de los sesenta y principios de los noventa.

El más reciente, Open Your Box es un álbum de remixes en el que participaron agrupaciones como Pet Shop Boys, Basement Jaxx, Orange Factory y disc jockeys como Superchumbo y Danny Tenaglia. Con un sonido disco, a veces martillado, el álbum le inyecta adrenalina a temas que en su versión original eran más parecidos a himnos, discursos y baladas. Sin embargo, si algo salvó a Ono de desaparecer del todo detrás de la figura de su esposo, fue su terca costumbre de nadar en contra de la corriente. Los invitados de Open your Box le hacen poco honor a su anfitriona; recurren a formas relamidas pero garantizadas de la música comercial.

En Yes, I´m a Witch, sin duda un experimento más interesante, Ono dejó que varios artistas, como Peaches, DJ Spooky, The Brother Brothers, Craig Armstrong, Apples in Stereo y Jason Pierce de Spiritualized, escogieran una canción de alguno de los once álbumes que produjo la japonesa en los últimos veinte años. A cada banda Ono le entregó el máster de la voz y le dio total libertad para que reinventara la música a su gusto. El resultado es un álbum de rock que reempaca las letras y los malabares gimnásticos que hace Ono con su voz, en un sonido más parecido a lo que le gustaría oír a su hijo que a su esposo.

Después de años de escarnio como artista incomprendida y de acusaciones de ser la bruja mala que separó a The Beatles, el tiempo ha lavado la percudida imagen de Ono. El renovado gusto por los años ochenta le ha dado momento a su obra. Las baladas de letras cursis, las voces distorsionadas y los sonidos minimalistas tienen nuevos adeptos por estos días. Pero sobre todo, la generación de los noventa puede por fin descubrirla con oídos y ojos frescos, sin los prejuicios y las intrigas de la generación que creció con la fiebre de la Beatlemanía.

En todo caso, desde hace tiempo Ono ha tenido fervientes admiradores en los pequeños círculos de vanguardia y de contracultura. Bandas tan importantes como Sonic Youth y B52´s han declarado su admiración por el trabajo de Ono y hoy algunos críticos han señalado discos que en su momento fueron desdeñados -como Plastic Ono Band (1970)-como auténticos pioneros de la revolución punk de 1976. Su gusto por la improvisación tanto en la música como en el arte, la llevaron a trabajar en proyectos conjuntos con músicos como John Cage y Ornette Coleman. Sus distintivos experimentos con la voz, que para muchos no pasaban de ser gemidos desentonados y adornos postizos, estaban basados en las técnicas vocales del Kabuki, una de las formas tradicionales del teatro japonés.

Pese al redescubrimiento de la obra de Ono, sus dos últimos discos dejan abierta la pregunta de que tanto la resurrección se debe a su talento o a una serie de coincidencias comerciales. Ambos discos se inspiran y recrean la obra de Ono, pero sería difícil catalogarlos como música de su cosecha. Son más un tributo: Open Your Box son remezclas y en Yes, I´m a Witch fue la disquera la que escogió a las bandas y Ono se limitó a dar el visto bueno.

Ono siempre fue controvertida y raras veces ha hecho las cosas al derecho. Lo que muchos han visto en ella como un innato talento para la provocación, para otros no ha sido más que un premeditado abuso comercial. El mejor ejemplo de esa dualidad es el disco Season of Glass lanzado en 1981, pocos meses después de la muerte de Lennon. En la carátula Ono puso una foto de las ensangrentadas gafas redondas de su esposo, tal como quedaron después de que fuera acribillado en la puerta de su casa. Ella dijo que era un homenaje, sus detractores dijeron que era una explotación de la memoria de su marido.

Juan Carlos Garay*
Bogotá

Los niños deben unirse” cantaba Bob Marley en “Jamming”, el tema que hace treinta años abría el lado B de su álbum Exodus. Y al parecer sus niños le hicieron caso. El pasado mes de febrero se subieron a cantar a una tarima en Nine Mile (la villa nativa de su padre, a unos sesenta kilómetros de Kingston) para celebrar la fiesta patria: en Jamaica, el cumpleaños de Bob Marley es fiesta patria. No es la primera vez que los hermanos actúan juntos, pero esta ocasión coincidió con el anuncio de una película que estrenarán durante el segundo semestre. Se llama Africa Unite, es producida por Tuff Gong Pictures y está destinada a ser el documento audiovisual que plasme el legado de Bob Marley a través de sus hijos.

La película es dirigida por Stephanie Black y está filmada en la tradición de lo que en los años sesenta se llamó “rockumental”: los espectadores podrán revivir el apoteósico concierto que ofrecieron los hermanos Marley en Etiopía en 2005, además de verlos tras bambalinas y escuchar sus opiniones en profundas entrevistas. Es probable que Africa Unite logre lo que difícilmente ha podido hacerse desde la muerte de Bob Marley, ocurrida en mayo de 1981: separar a los hijos de la sombra del padre y darnos una idea clara de sus particularidades. Los niños deben unirse, cierto, pero ya es hora de discernirlos.

El hijo mayor es Ziggy, nacido en 1968. A nivel internacional es el más conocido, tal vez porque lleva más tiempo cantando: su primer álbum, Play the game right, fue lanzado cuando apenas tenía diecisiete años. Claro que el éxito a nivel radial no llegó sino en 1989, con la canción “Tomorrow People”. Ziggy es el único de los hermanos Marley que no vive en Jamaica. Está radicado en Los Ángeles, desde donde lanzó el año pasado su álbum Love is my religion.

El segundo vástago es Stephen, nacido en 1972. Curiosamente Stephen fue el último en lanzarse al ruedo de la música como solista: había participado haciendo coros en los discos de sus hermanos y tiene ganada una excelente reputación como productor, pero esperó hasta este año para mostrarle al mundo su creación. Publicado el pasado mes de marzo, Mind Control ha sido una de las sorpresas más agradables del reggae en los últimos tiempos. Temáticamente, la canción que abre el disco bien podría ser una continuación de “Redemption Song”, que grabó su padre en 1980.

Julian, nacido en 1975, sufre seguramente de lo que los psicólogos llaman “el síndrome del hijo de en medio”. Ha mantenido tan bajo perfil que la mayor exposición en los medios la tuvo en febrero de 2002, cuando la Policía de Florida lo arrestó por posesión de marihuana. La bbc registró que Julian había tenido que pagar una multa de quinientos dólares por “menos de veinte gramos”. Al año siguiente lanzó el álbum A time & place, que tuvo muy poca difusión. No obstante, quienes lo han oído dicen que es uno de los registros más dulces e inspirados de la familia.

Le sigue Kymani, nacido en 1976. Musicalmente, es el más alejado de su padre: sus composiciones poseen elementos electrónicos, lo que hace que encuadren con mayor comodidad en el dancehall que en el reggae, y alguna vez declaró que le gustaría explorar el hip-hop. “La gente siempre hace comparaciones y tiene su propia concepción de cómo debería sonar yo. Pero no soy Bob Marley, soy su semilla”.

El hijo menor, Damien, tenía apenas dos años y medio cuando murió su padre. Pero físicamente es quien más se le parece. En 2005 ganó su segundo premio Grammy por el álbum Welcome to Jamrock, dejando de paso constancia sobre sus preocupaciones sociales. Salpicado con sonidos de sirenas y locutores de radio que reportan disturbios, el disco surgió como un llamado a la conciencia luego de que la OMS publicara estadísticas que ubicaban a Jamaica como el tercer país con más homicidios en el mundo (el primero de aquella lista era, sí señores, Colombia).

Tan poco se parecen los hijos de Bob Marley que, preguntados por el disco favorito de su padre, otorgan respuestas muy diferentes. Y sin embargo, en las escenas cruciales de Africa Unite encarnan esa “vibración positiva” que cantaba papá en la apertura del álbum Rastaman Vibration. Hace seis años, la suerte enfrentó a dos hermanos Marley, Damien y Kymani, en la lista de nominados al premio Grammy en la categoría reggae. Pero el benjamín aclaró que nunca lo sintieron como rivalidad: “Éramos mi hermano y yo contra los otros, o sea que teníamos doble chance de ganar”. Damien se llevó el trofeo y todos los hermanos celebraron. Ziggy, el primogénito, ya lo había advertido: “Solo somos rivales cuando jugamos dominó”.

Hay un disco de Carlos Santana llamado Sacred Fire en el que, al final, cita a Bob Marley recordándonos aquello de que “el futuro es brillante, fructífero y positivo”. Tal vez, como profeta que era, Bob Marley predijo la expansión mundial de su semilla: un vivaz quinteto que cada cierto tiempo se reúne a recordar la canciones de papá pero que, más allá de la nostalgia, ha prolongado el legado con música nueva y voz propia.

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