| 2017/07/25

"Superemos la palabra rock": Amós Piñeros

por Laura Isabel Rivera

2017/07/25

Por Laura Isabel Rivera

Amós Piñeros es el cantante y violinista de Ultrágeno, conformada en 1996. La agrupación bogotana, que abarca géneros como el hardcore, rock industrial, punk y metal, se volvió un hito del rock en Colombia y es conocida por canciones como "Divino niño" y "Drulos"Después de una década sin tocar, sus integrantes se reunirán en dos conciertos (10 y 11 de agosto de 2017) en el Auditorio Lumiere. Ahí presentarán su nuevo sencillo, "Lo que tengo"que fue lanzado este año. También se estrenará un documental sobre el grupo. Arcadia habló con Piñeros sobre el recorrido de la banda y lo que viene para ella. 

¿Cuáles fueron sus influencias musicales cuando se formó Ultrágeno?

Mi mamá y mi papá son muy "rockers", por eso yo crecí oyendo rock clásico en mi casa. Oíamos Led Zeppelin, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jethro Tull y más agrupaciones por el estilo. Estos grupos estuvieron muy presentes en mi banda sonora de infancia. También, el folclor y la música colombiana porque mi abuelo era folclorólogo, y por ende siempre hubo en la familia una tradición de apreciar la cultura identitaria y nacional.

Empecé a los cinco años a estudiar música clásica. Estaba en medio de rock, folclor y violín. Después, en el colegio hubo acercamientos al jazz, a la salsa y a nuevos ritmos, pero siempre tuve la certeza de que me gustaban las cosas un poco extremas. Por ejemplo, cuando empezamos con Ultrágeno, yo tenía un “lado B" en mi estética musical: escuchaba música electrónica. Eso era casi un sacrilegio para la escena rockera en los años noventa. Iba a los conciertos de Ultrágeno y luego me iba de fiesta a oír techno y hardtechno porque era lo que me gustaba. Actualmente, soy muy ecléctico: hago música electrónica, me encanta el metal, aprecio muchas sonidos del pop, he estado trabajando con muchas bandas de indie. Sin embargo, también las influencias que marcaron a Ultrágeno  siguen aportándome, es decir el punk, el hardcore y la música industrial.

¿Cuál es el género con el que ustedes más se identifican?

De las grandes ventajas de Ultrágeno es que podemos darnos el lujo de no encasillarnos en ningún género en particular. Podemos pertenecer a la pulsión energética del Hardcore, porque es un poco lo que engloba lo que hacemos. También somos esos ritmos rápidos del metal en los que hay cortes para brincar, y nuestra manera de interpretar los instrumentos es muy industrial. Juan Camilo toca [la batería] como si fuese una máquina programada. Nos cuesta trabajo enfocarnos en algún género porque tenemos gente del metal, del hardcore, del punk. También tenemos otro tipo de fanaticada que son aquellos que nunca escuchan rock and roll, que no les gusta el hardcore ni el metal, que solo disfrutan del pop y a veces bailan con vallenato pero que, en particular, Ultrágeno les gusta.

¿Por qué se acabó Catedral y como fue el paso a Ultrágeno?

En la época en que Catedral se creó teníamos 17 o 18 años. Estuvimos trabajando tres años en ese proyecto pero, a tan corta edad, no teníamos el criterio y la disciplina suficiente para tener un trabajo comprometido. Eso no quiere decir que no le hubiésemos metido ganas, pero sí llegó el momento en que yo ya llevaba yendo a seis ensayos en los que faltaba uno o u otro y perdíamos la ida. Seguíamos con las mismas tres canciones cuando ya debíamos haber hecho un disco completo. Cuando me salí de Catedral, fue un golpe para todos, una decepción.

Yo, que también era un necio (no iba a veces a ensayos o me quedaba enfarrado), sí tenía una visión más clara de que quería llegar a algo y que no quería desperdiciar las oportunidades. Salí de Catedral y me quedé en el limbo casi un año, no sabía qué hacer. En ese tiempo, una banda -que en el momento ni siquiera tenía nombre- se había dedicado a construir el sonido, lo que debía transmitir... Algo muy contundente. Me mandaron un demo, me dijeron que lo escuchara y me pidieron que tocara, y yo todo soberbio les dije que no quería, que no me interesaba. Ellos habían probado treinta cantantes y yo les gustaba. La tercera vez que me insistieron, escuché y quedé como "Wow, esto era lo que estaba buscando, qué tontería hacerme de rogar tanto". A las semanas, ya teníamos siete canciones grabadas. Después de un año estábamos llenando teatros.

¿Por qué el nombre de "Ultrágeno"?

El nombre lo soñé cuando tenía 13 años y no sabía qué significaba. Más que un sueño, fue en ese punto de la vigilia, antes de dormir, en el que se piensa en muchísimas cosas. A mí en esa época, entre los 11 y 15 años, me venían datos, frases e ideas. En un momento dado me empecé a acostumbrar a tener una libreta al lado de mi cama. Entonces, yo escribía aquello que sentía que tenía algún impacto. Ultrágeno fue una de esas palabras y supe realmente lo qué era hasta que apareció este grupo. Durante los primeros conciertos no teníamos el nombre, pero pronto yo les propuse “Ultrágeno”; lo propuse a sabiendas de que era incómodo. Esa palabra significa ser radical ante una situación. Cuando adoptamos el nombre para el grupo, empezó a incrustarse su significado en nosotros: un gas verde, que se expande en un medio que es la consciencia humana, y así nos hace ser la "razafuria". Ese gas es nuestro catalizador, nuestra forma de hacer catarsis. Nos empoderamos con el nombre. Tomó vida propia.

¿Por qué dejaron de tocar?

Dejamos de tocar porque ya estábamos en una posición muy buena como banda y estábamos a punto de grabar el segundo disco, Código fuente, pero había ciertas cosas que habíamos dejado pasar: nunca nos habíamos montado en una camioneta para hacer una gira e ir a otros países para enfrentarnos a bandas de niños de 14 años que sonaban mil veces mejor que nosotros. Eso hubiese ayudado a consolidarnos aún más. Pero todos teníamos demasiados compromisos -universidades, trabajos- y no se podía salir de la ciudad si no era en avión. Era una época bastante agobiante, te secuestraban yendo a la Calera. Por eso la ausencia de giras. Entonces, se fue acumulando la sensación de estar encerrado en una burbuja y yo decidí que me tenía que ir del país. También vi en perspectiva que mis compañeros de banda terminaban sus carreras y sabía que todos se iban a ir a hacer sus maestrías en otra parte del mundo, porque ellos tenían perfiles muy especializados. Al irme, el sello decidió de todas maneras grabar el disco, pero fue un golpe muy duro porque ellos sabían que si nos alejábamos la banda se acababa. Y era un momento muy difícil para estar en Colombia.

¿Cuál fue la canción que más disfrutó hacer?

Si disfrutar abarca la carga emocional y el desgarramiento, podría hablar de dos: "El poeta" de Catedral y "Divino Niño". Esta última, tiene una mezcla particular en su letra porque narra situaciones de desamor bien emocionales que me pasaron a mí, pero está mezclada con la impotencia de la violencia que vivíamos en esa época. Al sentirme abandonado y vulnerable, lo único que me quedaba era pedirle fuerzas al Divino Niño: "Dame la fe pa‘ seguir adelante".

¿Qué se puede apreciar en el documental que se estrenará en agosto?

Vamos a utilizar a Ultrágeno para contar una crónica de estos últimos años en la esfera política, artística y emocional. En nuestra ausencia se han desarrollado ciertos escenarios, y por eso queremos utilizar a la banda como excusa para resolver muchas dudas.

¿Cuál fue el concierto más emblemático que han dado?

Hubo dos: tuvimos un concierto en Kennedy, en un salón comunal en el que terminamos dándonos en la jeta todos con todos. Pero hubo otro que fue aún más memorable: el concierto que nunca hicimos. Fue caótico y angustiante. Éramos la banda que cerraba Rock Al Parque y, por culpa de una gestión poco rigurosa con los tiempos que había con las bandas internacionales, al final no pudimos tocar. La gente estaba esperándonos más que a MolotovCafe Tacvba. Vinieron hasta buses de otras ciudades, y nosotros no tocamos. Pero fue tal vez la mayor lección de mi vida: percibimos qué tan intenso era lo que estábamos haciendo y también nos hicimos conscientes de nuestra responsabilidad. Cuando ya supimos que no íbamos a tocar, me pidieron que yo le dijera al público que diera un paso atrás. Le pedí a 120.000 personas que actuaran como una sola porque estaban aplastando a los de adelante. La gente, cuando yo conté tres, se movió hacia atrás... Una sola masa.

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