Antanas Mockus, con su arandela. Foto: Carlos Julio Martínez

“Un artista es un terrorista que respeta la vida”

Hablamos con el exalcalde Antanas Mockus sobre arte, símbolos y su participación en la iniciativa de cultura ciudadana del actual gobierno de Bogotá.

2016/07/06

Por Ana Gutiérrez

La alcaldía actual está trabajando con usted para una nueva propuesta de cultura ciudadana. ¿Puede contarnos un poco en qué va a consistir?

Hay una cosa que está muy adelantada, lo de los cruces de transporte. Pero no me gustan los anuncios antes de las acciones, prefiero hablar con hechos. Además hay un factor de sorpresa que quiero salvaguardar. [El comunicado de prensa explicó que serán cinco acciones puntuales: movilidad, lesiones personales, construcción de nuevas masculinidades y dos que todavía no se han anunciado.]

Entonces, ¿qué nos puede decir de la propuesta de cultura ciudadana que se implementó durante su tiempo como alcalde?

Tengo la certeza de que hubo innovación y que dejó huellas. Vicky Colbert de Arboleda, quién impulsó ‘Escuela Educativa‘ me decía que si uno quiere que una innovación persista, necesita estar detrás de ella, haciéndole seguimiento y protegiéndola de una cantidad de cosas que le pueden suceder. Una de esas cosas es la significación, es decir darle otro significado del que debe ser, otra cosa es la personalización. El innovador o la innovadora siempre queda con el dilema de "esto vive solo o toca alimentarlo".

En esa propuesta fueron muy importantes los símbolos y el nivel simbólico de las acciones. ¿Eso va a volver a ocurrir?

Mockus sonríe, y apunta a su oreja derecha. Tiene un sticker de color plata, con un hueco en él. Acerca un sobre de papel lleno de stickers completos y un abre huecos. Perfora varios y me pregunta si puede ponerme uno. Acepto, al igual que al fotógrafo de Semana y a otros presentes.

Pues esto sucede en Bogotá. De pronto sirva para lo que vamos a hacer pero está en una fase de piloto. Se puede volver un símbolo pero es un objeto, algo que lo puede acompañar a uno. Las cosas tienen que ser supremamente simples, en todo esto hay minimalismo. Si entrara aquí un marciano, se dejaría poner la arandela. Mejor dicho, si yo soy el único que lo hago no se vuelve contagioso, aparecería como una excentricidad. La cultura define que puede ir conjunto: que es aceptable y que no es aceptable. Digamos, cuando pongo la arandelita estoy tocando como la frontera entre lo aceptable y lo inaceptable.

Es curioso, en todos los estudios que se han hecho sobre la cultura ciudadana ninguno de los autores se han pillado algo que el sociólogo más guache y más crítico con el enfoque identificó: acercarse al cuerpo del otro. Lo que acabo de hacer [ponerme un sticker sobre la oreja] es un juego con la proxemia. Hay una cantidad de códigos de cómo puede hablarle uno a la gente, por ejemplo...

Inclina su cuello hasta quedar casi horizontal.

Pues es raro. Si le pido que usted que voltee su cabeza para allá y yo para acá.

Lo hacemos.

Una iniciativa así es arriesgada porque la gente puede tomarla en chiste. Lo que queremos es hacer una innovación que, en lo práctico, funcione. Tomemos puntualmente lo de movilidad, que es lo más avanzado. Si la cosa sale bien, tendremos una innovación que es visible, que es útil y que además introduce una mirada un poco distinta de la movilidad.

¿Nos puede hablar acerca de los otros temas definidos, las lesiones personales y la construcción de masculinidades?

El tema de masculinidades tiene que ver con el arete. Si usted tiene una reunión de hombres, o cualquier reunión, si la gente se deja poner el arete, hay una especie de pequeño paso hacia una masculinidad distinta. La idea de que los aretes solo son de las mujeres eso es una idea machista. Ahora puede que encontremos otra manera de hacer que la gente se pregunte qué harían o qué no harían, es una redefinición de la masculinidad. En Barrancabermeja, por ejemplo, trabajamos un call center que buscaba reducir el número de muerte por violencia de pareja y se vio que lo que más frecuentemente causaba la violencia de pareja eran los celos. Ahí hubo psicólogas entrenadas, distribución de pitos y teatro callejero sobre el tema de los celos. De nuevo, viene del machismo, que define unos comportamientos como más aceptables que otros y así justifica una serie de acciones. Incluso entre las mujeres los actos se guían por el machismo.

Ya que menciona el teatro callejero, ¿qué papel va a tener el arte en su colaboración con Peñalosa?

Pues una manera de verlo es esta: un grupo de teatro se vincula y hace una presentación. Eso es como usar el arte para hacer una tarea. La otra es hacer que las tareas de cultura ciudadana sean ingeniosas y atractivas en sí mismas. Por ejemplo, los mimos no fueron traídos para hacer arte, sino una acción. Una vez me invitaron a ser jurado de arte en el espacio público, y uno de los organizadores dijo: "aquí el único que ha hecho arte es Antanas" pero yo he peleado mucho contra esa idea. He defendido el concepto de ‘sub-arte’. No tiene la pretensión de ser arte. Si yo empiezo a creerme demasiado mi cuento, sobre el arte en la gestión, pues me hago daño y saboteo el proyecto. Es como un filo. Tomé precauciones para que no se volviera como el arte en servicio de la agenda del alcalde. Toca despojarnos de la carga de decir que es arte. Más bien utilizamos esas técnicas, del arte, de desnaturalización y desfamiliarización para introducir una mirada distinta.

¿Qué puede aprender Bogotá de otras ciudades?

Albania, por ejemplo, tiene un primer ministro que antes fue 10 años alcalde de Tirana, la capital, y es pintor. Cuando él llegó a la alcaldía pintó algunas fachadas con colores vivos y se armó una enorme discusión. Era una ciudad atrapada en el pesimismo, había mucha invasión del espacio público, una estética vuelta nada, y lo que él hizo fue pintar algunos edificios y demoler construcciones ilegales y generar mejor atención a los ciudadanos y plantear desde otro lado lo siguiente: "si traemos a alguien acá, con la ciudad y la infraestructura como está, se nos corrompen en un par de semanas". La mentalidad es algo así como "la honradez depende de la escenografía‘". Otra frase que también me encanta es que no quería soluciones con compromisos, porque "en el arte el compromiso es el gris. No quiero una ciudad gris".

También está Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, en Sicilia. En un documental lo describen como el hombre que les devolvió el tiempo a los ciudadanos porque la mafia les quitó el pasado y el futuro, solo estaban en presente. Otra cosa que hace es que le da ciudadanía honoraria a los condenados a la pena de muerte en todo el mundo. Uno de ellos, ejecutado en Virginia, pidió que lo enterraran en Palermo, por ser la única ciudad que lo amó.

En La Paz, Bolivia, se creó una oficina de cultura ciudadana. Donde todo el mundo esperaba una llama aparecieron [personas disfrazadas de] cebras y burros, los burros hacían burradas, y las cebras los corregían. Los mandaban a todo tipo de situaciones álgidas, donde no ameritaba mandar el policía pero tampoco al funcionario corriente y lograban resolverlas. En Pasto el Súper Cívico se volvió el Súper Cuy. En Reikiavik, Islandia, tuvieron un alcalde que era humorista. Le puso a su partido "the best party", el mejor partido, entonces sus miembros son los mejores. Corrigió una desigualdad flagrante: en las piscinas públicas no le daban a uno una toalla, uno tenía que llevarla, mientras que en los spa privados entregaban toallas. Otra fue anunciar que en 20 años, los miembros del cuerpo colegiado, su congreso, no usarían drogas. Así diciéndoles: no sean hipócritas, aquí hay uso de droga. 

Normalmente gobernar es visto como un tema de eficiencia, que no dan mucho espacio para la innovación. Yo cuando empecé me sorprendí con eso pero viendo estos ejemplos, veo que la innovación siempre es posible.

Finalmente, ¿la propuesta va a tomar en cuenta el proceso de paz?

Si las FARC se vuelven iguales a las organizaciones tradicionales, va a haber expectativa social sobre hasta dónde son capaces de innovar y va a haber mucha gente de voluntad queriendo acercárseles. Pero oscilan entre ser un partido tradicional centralizado y una especie de movimiento social... digamos que se nota el deseo de hacer cosas como las que de costumbre hacen, pero no ser perseguidos como de costumbre se hace. Una vez en Bosa hicimos un taller de respeto y un sindicalista contó que la vez que se sintió más respetado fue cuando "hizo hacer valer sus derechos por las buenas" y las FARC le están apuntando a eso, a hacer valer sus derechos por las buenas. Pero si aparecen asesinatos, como pasó en los años ochenta, va a ser la embarrada.

Entonces hay que proteger las vidas de estas personas y explicarle a todo el mundo que el error más grande que podemos cometer es usar la violencia para contener la protesta social. Y el error de ellos sería volverse en una fuerza que incurre en las mañas que están dejando. Hay una desigualdad que se combate, vía inversión social, que hay que seguirlo haciendo, creo que Bogotá ha sido una maravilla en insistir en salud y educación. La construcción de ciudadanía es supremamente importante y se da también a través de cultura tributaria y dotación de espacio público.

Apunta a mi grabadora y a la cámara del fotógrafo.

Esas son las armas del futuro, pueden producir efectos más fuertes que un fusil. Un artista es un terrorista que respeta la vida. Si después de una bomba no hubiera cuerpos sino actores, sería un mensaje muy poderoso. Se va a marcar una línea en la historia de Colombia, con las armas que combatíamos antes y después.

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