El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias 'Timochenko', se dan la mano en el acto de dejación de armas de las FARC. Crédito: Raúl Arboleda / AFP.

Las Farc dejan las armas: una celebración efímera

A pesar de que el episodio marca el fin del conflicto con esa guerrilla, y a pesar de que por ello el 27 de junio es un día histórico, el acto simbólico con el que se celebró el desarme no tuvo mucha acogida. 'Arcadia' estuvo en el edificio Murillo Toro en Bogotá, sede del MinTIC, donde se transmitió en vivo el evento que se llevó a cabo en Mesetas, Meta.

2017/06/27

Por RevistaArcadia.com

En la tarde del lunes 26 de junio la ONU certificó que en los contenedores de las 26 zonas veredales ya habían sido almacenadas 7.132 armas individuales de las Farc. Hasta el primero de agosto otras 700 quedarán en manos de algunos guerrilleros para proteger las zonas de concentración, y hasta el primero de septiembre la ONU deberá localizar las 949 caletas de armas de las Farc, 77 de las cuales ya han sido destruidas. Luego las armas serán fundidas para hacer tres monumentos: uno estará en Colombia, otro en Cuba y el último en la sede de la ONU, en Nueva York.


Observadores de la ONU inspeccionan armas entregadas por las FARC en Cauca el 13 de junio de 2017. Crédito: HO / FARC / AFP.

Hoy, 27 de junio, el gobierno y las Farc celebraron en Mesetas, Meta, el primer paso de ese recorrido y el comienzo definitivo del fin de la guerra entre el Estado y la guerrilla. Los discursos pronunciados resaltaron que se trató de un día histórico que marcó el fin del conflicto y el comienzo de la transición de las Farc hacia la legalidad. Y, sin embargo, la importancia de ese suceso no se sintió en las calles.

En la mañana, antes del acto simbólico, empezó a circular un artículo de la BBC que sostenía justamente eso: “En el país se percibe más una mezcla de reticencia, desinterés y desconfianza, que de algarabía, entusiasmo y alivio”. Según Natalio Cosoy, su autor, las razones son varias: una paz con las Farc que no es el fin de la guerra y la violencia en Colombia; el descrédito de una guerrilla que, en palabras del senador Navarro Wolff, intentó “por la fuerza ganar espacio en la negociación pero lo perdían en la opinión pública”; la falta de liderazgo del presidente Juan Manuel Santos, cuya principal bandera ha sido la paz; el pesimismo que reina en el país por otras problemáticas y que mancha el tema de la paz. Todo eso, además del oportunismo político, de una oposición enardecida, de la violencia que no para en las regiones, de las explosiones criminales que han ocurrido este año en Bogotá, siendo la más visible de ellas la que ocurrió recientemente en el centro comercial Andino.

Horas después, el portal de noticias La Silla Vacía publicó un artículo que contaba cómo se vivió la mañana del 27 en varios puntos del país: Neiva, Bucaramanga, Barrancabermeja, Cali, Barranquilla y varias zonas de Bogotá. La conclusión fue similar: en términos generales, este fue un día como cualquier otro, y el acto pasó desapercibido.

En Bogotá, sin embargo, el gobierno hizo un esfuerzo por acercar el acto a los ciudadanos, por hacerlo público. A las 9 de la mañana, MinTIC y el SENA ya tenían instalada una pantalla gigante al lado del edificio Murillo Toro, sobre la carrera séptima, a una cuadra de la Plaza de Bolívar. Antes de la transmisión en vivo se mostraron algunos videos de la página web del Alto Comisionado para la Paz. “Tengo mucha fe, mucha esperanza, en que el proceso va a seguir en curso", decía una campesina. “Colombia es un laboratorio de la historia, no lo hagamos fracasar. Por favor, pueblo colombiano, el principal actor eres tú que andas por la calle y por la vida”, se oía decir a José Mujica, expresidente de Uruguay, agradeciéndole a Colombia por este proceso, que para él es un ejemplo para América Latina.

La gente iba pasando y la pantalla fue llamando la atención de algunos paseantes. A eso de las 10:00 de la mañana, varias personas empezaron a reunirse frente a ella. Más tarde los asistentes llegarían a ser cerca de 500, entre ciudadanos y funcionarios públicos. La gente, en plantón, se organizó alrededor de un símbolo de paz que dibujaron en el suelo miembros del Campamento por la paz. Otros cargaban banderas de Colombia, banderas de la UP, palomas de la paz hechas con cartón.

“Estamos haciendo un mandala porque estamos muy contentos por la dejación de las armas. Hoy se acaban las Farc -dijo Nelly Yepes, una de los miembros del Campamento por la paz-. Hemos acompañado el proceso desde los acuerdos de La Habana. Esto es como la siembra y la recogida de las cosechas, es el nuevo amanecer que tiene Colombia, una esperanza. No podemos decaer. Todo el mundo tiene el deseo de que Colombia sea un país grande, próspero, que sea un país que salga adelante, que se acaben los problemas de violencia que nos apartaban del campo. Hay que tener esa voluntad. Tenemos que creer en el otro. Este es un acto simbólico de unión, de solidaridad. Una representación de nuestra abundancia. Hay que soñar con grandes cosas para el campo, al campo tenemos que volver”.

El evento estuvo atravesado por conversaciones sobre los capturados por la bomba en el centro comercial Andino. La gente discutía también sobre las Farc, sobre las armas, sobre las caletas. Poco a poco fueron llagando altos funcionarios del gobierno: los ministros David Luna, Enrique Gil y María Claudia Lacouture; el viceministro del Interior, Luis Ernesto Gómez; el representante del Polo, Alirio Uribe; la directora del SENA, María Andrea Nieto. Pero a unos pocos metros, en la plaza de Bolívar, el centro del poder nacional que el año pasado acogió las manifestaciones tras la victoria del No en el plebiscito, no pasó nada. Allá fue a parar una pequeña marcha indígena por la corrupción en el Amazonas que confluyó con la multitud que presenció la transmisión, y que por un momento opacó los discursos oficiales pronunciados desde el Meta. “Un país de problemas”, comentó un señor que vio pasar a los marchantes.

Frente al edificio Murillo Toro se oyeron aplausos, gritos de aliento esporádicos y un “Sí se pudo” en coro cuando se cerraron los contenedores, cuando Rodrigo Londoño (Timochenko) le dijo “Adiós a las armas”, cuando Santos dijo que había valido la pena ser presidente de Colombia, cuando sonaron las campanas de la Catedral Primada.

El acto no duró más de dos horas. Una ligera llovizna y el fin de la transmisión hicieron que la gente se disipara, y el evento culminó con la presencia de Humberto de la Calle: “Hoy se han entregado las armas. El representante de Naciones Unidas ha hecho una descripción absolutamente cuidadosa y concreta de lo que ha ocurrido hoy. Ha señalado que ambas partes han cumplido y que es una oportunidad para Colombia. Es más, dijo algo de lo que a veces no sé si los colombianos somos conscientes. Dijo que lo que ha ocurrido hoy en Colombia, que no tiene antecedentes, le pedirá al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que lo tenga como antecedente para futuras conversaciones de paz”.

Alrededor de él se agruparon los medios de comunicación y varios ciudadanos, que con él se fueron caminando hacia la Plaza de Bolívar de Bogotá.

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