Una de las pocas fotos del cantautor británico.

El extraño caso de Nick Drake

Ante la indiferencia del público y de la prensa musical británica, el 25 de noviembre de 1974 Nick Drake se quitó la vida. Hoy, cuarenta años después, el cantautor es un ídolo y su música es considerada un legado fundamental. La historia de un hombre que nunca se enteró de su fama.

2014/11/27

Por Christopher Tibble

El comienzo de Searching for Sugarman, el documental que dio a conocer la historia de Sixto Rodriguez, bien pudo haber sido sobre Nick Drake. Entre 1969 y 1972, el inglés lanzó tres álbumes melancólicos, los primeros dos acompañado de bandas profesionales y Pink Moon, el último, a solas con su guitarra acústica. Al igual que a Rodriguez, sus discos fueron ignorados por el público cuando salieron al mercado. Durante muchos años, sus tres discos combinados vendieron apenas unos 10.000 ejemplares.

También como le pasó al cantautor estadounidense, la timidez alejó a Drake de los escenarios. Las pocas veces que se presentó, la experiencia fue nefasta: apenas miraba a la audiencia y se demoraba entre canciones. Jamás apareció en televisión y solo concedió una entrevista. Su registro fotográfico es escaso. Y si bien es cierto que años más tarde ambos recibieron aclamo universal, la gran diferencia es que Drake nunca se enteró, pues se quitó la vida el 25 de noviembre de 1974, a los 26 años.

 

 

Drake, deprimido, había retornado unos meses antes a la casa de sus padres. Acostumbrada al singular horario de su hijo –le gustaba escribir sus versos en las horas del amanecer–, su madre entró al cuarto a medio día y asegura que lo vio en la cama y que lo primero que recuerda son “sus largas, largas piernas”. A su lado yacía una botella de antidepresivos. Aunque la familia todavía insiste que su muerte fue un accidente, todo parece indicar lo contrario.

Hoy, cuarenta años después, muchos todavía se preguntan por qué tardó tanto su descubrimiento. El ser penoso, por supuesto, no le ayudo. Algunos sugieren que si hubiera muerto un año después, la historia hubiera sido otra, pues hubiera entrado al Club de los 27. De todas formas, cuesta creer que en una época en la que había una gran demanda por músicos introvertidos y algo raídos, tan poca gente se hubiera fijado en el hombre que a día de hoy tiene sus tres álbumes entre los 500 mejores de la historia según la revista Rolling Stone.

En el año 2000, de hecho, el diario británico The Guardian puso su disco Bryter Layter como el elepé alternativo más importante de todos los tiempos. Y ahora, para conmemorar el aniversario, el escritor John Murray publicó, de la mano de la hermana del músico, una nueva biografía acompañada de un vinilo de edición limitada con varias canciones como Time of No Reply, River Man y Cello Song.

Un lustro después de su muerte, Rob Partridge, quien había asistido a uno de sus pocos conciertos, se convirtió en el jefe de prensa de Island Records. Admirador confeso, no tardó en empaquetar la discografía de Drake y sacarla al mercado bajo el nombre de Fruit Tree. La apuesta, sin embargo, no funcionó y en 1983 la disquera removió el ítem de su catalogo. Parecía entonces que el gigantesco y taciturno inglés pasaría al olvido. Su abandono era tal en su país que su primera biografía, publicada en 1986, fue escrita en danés.

Pero en esos años otros músicos lo empezaron a escuchar. Y, con el paso del tiempo, a recomendar. Robert Smith, vocalista de The Cure, aseguró entonces que el nombre de su banda venía de una canción de Drake y Peter Buck, de R.E.M., lo citó como una influencia. Para finales de los ochenta su nombre ya sonaba, pero solo fue hasta 1994, con la recopilación de sus mejores canciones en el álbum Way to Blue: An Introduction to Nick Drake, que su música comenzó a vender. Luego, una serie de documentales y reconocimientos, consolidaron su leyenda de héroe trágico.

En los últimos años, sus canciones Fly y One of These Things First aparecieron en las películas The Royal Tenenbaums y Garden State, respectivamente.


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