Un render del museo, que abrirá sus puertas en 2020.

¿En qué va el Museo Nacional de la Memoria?

A propósito de una asesoría que el Smithsonian Institution brindó al futuro museo a finales de abril, Arcadia aprovechó para averiguar en qué estado se encuentra el proyecto que liderará la reparación simbólica del conflicto armado.

2016/04/29

Por Christopher Tibble

El Museo Nacional de la Memoria abrirá sus puertas en 2020 y estará ubicado en la intersección de la avenida El Dorado, la avenida Las Américas y la avenida Carrera 30 (en el lote donde queda la escultura Ala solar de Alejandro Otero). El edificio de 11.000 metros², cuyo diseño está a cargo de MGP Arquitectura y Urbanismo y el Estudio Entresitio, contará con un parque, una plaza, varias salas de exhibición y de creación, un archivo de derechos humanos, un teatro, un centro de documentación y una serie de espacios donde individuos o equipos podrán trabajar la memoria histórica con herramientas digitales. 

Pero, ¿qué es el Museo Nacional de la Memoria? Según explica la curadora Cristina Lleras, que hace parte del equipo encargado de su museología, a raíz de la ley 1448 de 2011, conocida como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, surgió el Centro Nacional de Memoria Histórica, un establecimiento público que tiene, ente sus funciones, la responsabilidad de crear un museo comprometido con la reparación simbólica del conflicto armado en Colombia.

Ahora, ¿qué significa eso? Lleras explica: “la reparación simbólica tiene muchos componentes: el deber de la memoria del estado, el derecho a la verdad para las víctimas, la dignificación de las víctimas, unas garantías de satisfacción, pero también ayudar a la no repetición y la reconstrucción de tejido social”. Así como otros organismos del estado buscarán liderar en su momento la reparación administrativa, económica y territorial del conflicto armado, el Museo Nacional de la Memoria pretenderá guiar la reparación simbólica del país para difundir la verdad sobre lo sucedido.

En otras palabras, el museo tendrá como propósito entablar un diálogo sobre qué ha pasado, por qué ha pasado, quiénes son las víctimas y cuáles son los daños causados a ellas, a la sociedad y al país. De esa manera el proyecto indagará las dimensiones, modalidades y características de la violencia contemporánea, así como las causas de la violencia y las responsabilidades, pero también por las iniciativas que han buscado en el pasado la construcción de democracia y paz. 

Por el momento, explica Lleras, no se ha definido cuáles van a ser los guiones curatoriales del museo. Ya existe un borrador llamado Ámbitos, criterios y recursos de las colecciones, pero como afirma la curadora, “el Centro Nacional de Memoria Histórica ha producido tanta información que nos vemos primero en la tarea de organizar la casa”. Parte de esa tarea incluye sortear y darle prioridad a todas las iniciativas de memoria que existen en el país, digitalizar los archivos de derechos humanos provenientes de distintas organizaciones, evaluar los informes anuales que surgen a partir de investigaciones y examinar los testimonios de victimarios.

Como parte de esa búsqueda por encontrar la mejor dirección, el museo recibió esta semana una asesoría del Smithsonian Institution, un centro educativo del gobierno estadounidense que cuenta con 19 museos y nueve centros de investigación. “Una función clave va a ser negociar con el pasado para entender el futuro –dice Liz Tunick Cedar, de la Oficina de Relaciones Internacionales del Smithsonian–: es importante que el Museo Nacional de Memoria se convierta en una institución viva, que promueva el discurso y el disenso, que interpele con criterio y preguntas, que diga: después de la firma de paz queremos un nuevo futuro para Colombia”.

La asesoría del centro educativo, posibilitada por el apoyo financiero de USAID, se ha concentrado en dos áreas: la arquitectura y el contenido. Esta última incluye la labor pedagógica que podría desempeñar el museo. “Dimos ejemplos de iniciativas nuestras con las que proveemos a maestros herramientas para educar a niños y a estudiantes. Ahí es donde ocurre la transformación social, no solo cuando la gente va a los museos, sino en el apoyo que estas instituciones brindan a la educación pública”, asegura Magdalena Mieri, directora del programa de Historia y cultura latina del Smithsonian. Tunick remata: “En ese sentido es esencial la educación informal, enseñar a los maestros a interactuar con el público para que la gente no solo consuma conocimiento sino que lo produzca. ¿Cómo? Haciéndoles a los estudiantes muchas preguntas para generar diálogo”.

Otro factor esencial, según Olivia Cadaval, curadora del Centro para el folclor y la herencia cultural de ese instituto, es que el museo no se limite a tener un discurso único, sino que promueva la pluralidad de voces. “Los museos ya no tienen por qué ser autoritarios –dice–, y me ha sorprendido gratamente lo bien que se entiende eso acá, donde se está llevando a cabo una colaboración con el territorio, planteando el museo más bien como una plataforma para explorar y apreciar experiencias”.

Promover la inclusión de los distintos discursos que puedan surgir de las regiones se ha convertido en la meta, pero no por ello deja de ser engorroso. “Yo trabajé mucho tiempo en el Museo Nacional y es muy diferente cuando hay que crear una institución con un tema así de delicado. A diferencia de otros museos, acá debemos tener un criterio ético, cuando quizá otros centros culturales pueden decir ‘esta es muy voz y punto”, afirma Lleras, quien también concede que el proyecto tiene entusiasmados a todos los involucrados.

Un entusiasmo que comparten las tres funcionarias del Smithsonian. “Me gustaría que siga como viene planteado hasta ahora y no se convierta en un monolito, que siga vivo y curioso”, dice Mieri. “Ya tienen una cantidad de investigadores, el proceso ha venido madurando, en verdad es increíble”, complementa Cadaval. “Y que jamás les de miedo hacer algo distinto, que evalúen lo que van haciendo y solo entonces respondan, y sobre todas las cosas que aseguren que el dialogo esté siempre presente”.

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