Algunos integrantes de la Asociación Colombiana de Actores, ACA. Arriba: Jimena Durán, Luis Fernando Velasco, Ernesto Benjumea, Silvia de Dios, Aura Helena Prada, Marco Antonio López, Manuel Vega y Héctor Cruz. Abajo: Santiago Alarcón y Gustavo Rincón

“Ningún mico se le colgó a la ley de actores”

La Asociación Colombiana de Actores responde a las críticas que suscitó un artículo publicado en nuestro portal en el que dos miembros del sector cinematográfico expresaban sus dudas por dos artículos de la ley que surte trámite en el senado.

2016/06/20

Por Junta directiva ACA

Queremos por este medio responder a un artículo que aparece  en la versión para la web de su revista, publicado el pasado 17 de junio.

En primer lugar, vemos un tono sensacionalista en el título porque al hablar de mico en el campo legislativo, se crea la idea de algo que se colgó a última hora, que se hizo de manera oculta, lo que riñe con la verdad porque el porcentaje de actores profesionales en las producciones nacionales hace parte de la columna central del proyecto y ha sido de dominio público desde el principio.

En segundo lugar, afirmar que los miembros de la comisión séptima del senado se dejaron impresionar por creer que los actores somos el jet set, evidencia un desconocimiento total del trabajo que las unidades legislativas de los senadores ponentes hicieron con nuestra colaboración, en pro de hacerle los ajustes necesarios al proyecto, de donde salió el texto que se radicó como ponencia y en el que no aparecen algunos de los temas que se mencionan en el artículo, como es el caso de las coproducciones, para citar un ejemplo.

Se ignora también que al aprobar en primer debate el proyecto de Ley, se  dejó constancia de la necesidad de crear un comité de concertación en el que tengan asiento congresistas, gobierno y los sectores interesados, entre los que están los gremios de la industria, los canales, las productoras y por supuesto nosotros.

En tercer lugar, vemos que existe una confusión con el término actor profesional, pues asumen como profesional tan solo a quien tiene título, cuando en el proyecto de ley tenemos establecidas tres vías para acceder al registro nacional de actores. Queremos hacer énfasis en que al hablar de profesionales no nos referimos a los famosos, sino a todas aquellas personas que por su formación o su saber hacer demostrado, pueden certificarse como actores. Por supuesto que validamos el saber empírico pues es parte de la naturaleza misma de nuestro trabajo, lo que no aceptamos es convertir la actuación profesional en un ejercicio de aficionados, sin soporte empírico, académico, ni de ningún tipo. La mejor manera de hacer eficiente una industria es teniendo profesionales en cada uno de los campos de la cadena productiva, para que llegado el caso de necesitar legos en alguna materia, cuente con los expertos como apoyo para su trabajo.

Doce universidades brindando programas de formación en artes escénicas, un número importante de academias de actuación de buen nivel, amén de los talleres y de los programas de profesionalización que distintas instituciones -entre ellas el Ministerio de la Cultura- ofrecen, son prueba de la necesidad de la preparación que se necesita para ser actor.

Planteamos los porcentajes de actores profesionales en las producciones audiovisuales nacionales, porque no es equitativo que quienes han escogido la actuación como opción de vida, compitan en condiciones de igualdad por los reducidos espacios laborales que hay en el país, con cualquiera a quien decidan los productores convertir en actor.

Queremos aclarar que el porcentaje de nacionales en las producciones que reciban esa clasificación no es un invento nuestro, sino que ya está consignado en la normatividad de la ANTV y en la de otros países, con una diferencia sustancial y es que nosotros hablamos de extranjeros no residentes, para distinguirlos de los colegas extranjeros que llevan años radicados en nuestro país a quienes reconocemos como nacionales. 

Queremos una industria que genere espacios de trabajo para todos, en la que los directores no tengan que esperar un premio para rodar una película, ni los guionistas pasar años para ver sus historias convertidas en filmes, sino que tengamos público y productoras demandando profesionales para realizar productos de calidad y alto consumo y no seguir asistiendo al triste espectáculo de ver estrenarse decenas de películas colombianas, algunas de las cuales no llegan ni a una semana de exhibición.

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