La periodista mexicana Lydia Cacho. Foto cortesía: Banco de la República.

Lydia Cacho, una mexicana que no calla

El cierre del Ciclo de Conferencias Entrecruzamiento, realizado el jueves 27 de noviembre en la Biblioteca Luis Ángel Arango, tuvo como invitada a la periodista, feminista y defensora de los derechos humanos Lydia Cacho, quien, a través de un fuerte testimonio, habló de cómo enfrentar y superar la violencia.

2014/12/01

Por Juan Sebastián Barriga



En 2005 Lydia Cacho publicó Los demonios del Edén, un libro que denuncia las redes de pornografía y prostitución infantil que operan en Cancún. Mediante una compleja investigación, en la que tuvo acceso a videos, fotos y grabaciones, logró una condena de 113 años de cárcel a Jean Succar Kuri, un multimillonario hotelero que encabezaba esta red. Pero las consecuencias fueron más allá de la indignación y el escándalo.

Un día, mientras salía de su trabajo, fue secuestrada por un grupo de policías que la raptaron para llevarla al estado de Puebla. Durante las 20 horas que duró el viaje en carro, Lydia fue torturada física y psicológicamente. Tras esto, se convirtió en un símbolo de lucha y perseverancia, pues ha llevado el mensaje de que la única forma de cambiar el mundo es a través de la paz.

¿Cómo enfrenta el conflicto la producción cultural mexicana?
Yo creo que aquella vieja frase de los 70 que hemos estado repitiendo en México que dice “arte y cultura contra la dictadura” nuca fue más pertinente. En México cada vez evolucionan más los proyectos relacionados con el arte como terapia, creados para trabajar procesos terapéuticos grupales en comunidades donde hay desplazados, desaparecidos, secuestros o feminicidios.

También pasamos los mismos procesos que Colombia. Hace unos cinco años la narcoliteratura llenó los estantes en México y ahora estamos pasando un momento que para mí es mucho más interesante. Tenemos cada vez más poetas jóvenes que están produciendo poesía muy contestataria y que revitaliza el discurso intelectual. Por ejemplo, Elena Poniatowska sigue hablando con la gente joven y está en proyectos de literatura para hacer terapia narrativa, para, a través de la escritura, hacer tus proceso socioemocionales y poder entender el contexto.

¿Cómo ha sido el apoyo desde los círculos académicos y legitimadores de la cultura?
La mayoría de los círculos académicos apoyan a la gente joven y ayudan a desarrollar argumentos. En la UNAM, la mayoría de académicos no solo apoya las propuestas, sino que sale a las calles también.


¿Qué papel juegan los medios mexicanos respecto al conflicto?

Yo creo que algunos juegan un papel profundamente perverso, que tiene que ver no solamente con ayudar al Presidente y a su gobierno, también a ocultar la realidad y producir un discurso falso. Pero, hay reporteros y reporteras en todo México que están dando la batalla desde el periodismo tradicional de investigación, escribiendo y ayudándonos a reflexionar más.


Hay muchos periodistas que dicen que uno no puede ser juez y parte. Piensan que el periodismo está para denunciar y la justica para condenar ¿Qué opina al respecto?

Tengo varios colegas periodistas tradicionales que creen todavía que no se puede ser activista y periodista. Creo que todo periodista tiene un postura ante la vida, la política y como ciudadano. Para mí el activismo es mi manera de ser ciudadana, pero cuando estoy haciendo periodismo sigo las reglas deontológicas y los principios del oficio y no me confundo. Me parece que lo importante en este sentido es la trasparencia.

Durante su conferencia mencionó que no se puede hacer la paz estando lleno de ira. ¿Qué opina de que los diálogos de paz en Colombia se hagan en medio del conflicto?
Es increíblemente complejo, creo que una negoción de este calibre sin poder hacer un proceso de socialización de justicia restaurativa es bien peligrosa. Lo que este tipo de justica nos ha enseñado, después de procesos llevados en distintas partes del mundo, es que la persona que necesita y desea restaurar su dignidad frente al agresor, tiene derecho a este proceso.

Nadie debería, en ningún gobierno, atreverse a decirle a las víctimas el mensaje de: “ahora perdonen que es momento de perdonar”. Así no funciona el mundo. Los seres humanos funcionamos por procesos socioemocionales bien complejos y hay un protocolo específico de justicia restaurativa.

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