De Havilland en 'Lo que el viento se llevó'

Olivia de Havilland, ícono de la edad de oro de Hollywood, cumple 100 años

La actriz que el próximo viernes, primero de julio, es conocida por su rivalidad con su hermana Joan Fontaine, su trabajo con Errol Flynn y por ser la última sobreviviente del cartel de 'Lo que el viento se llevó'.

2016/06/27

Por Luis TORRES DE LA LLOSA / AFP

La actriz Olivia de Havilland, que cumple 100 años el próximo viernes, primero de julio, es la última sobreviviente del cartel de Lo que el viento se llevó, filme culto de la edad de oro de Hollywood.

Dos veces premiada con el Oscar y cinco veces nominada, es la última estrella en vida de la época del blanco y negro de los años 1930 y 1940. Es además la decana de los galardonados con la estatuilla dorada de la Academia.

Olivia De Havilland dio además mucho que hablar por su sonada batalla legal con Hollywood y una rivalidad secreta con su hermana, la igualmente famosa Joan Fontaine. 

Nació el primero de julio de 1916 en Tokio, de padres británicos. Su padre era profesor de inglés y la madre actriz de teatro. El matrimonio se instaló en Los Ángeles en 1919, antes de divorciarse.

Olivia hizo su debut en la pantalla en 1935 en el papel de Herminia de Sueño de una noche de verano en la adaptación del director Max Reinhardt, que la descubrió en una puesta local de la obra de Shakespeare.

El mismo año actúa en El capitán Blood junto a Errol Flynn, con tal éxito que los productores deciden prolongar aquel dúo por varias películas más.

Pero fue el triunfo en colores de Lo que el viento se llevó en 1939 que lanzó a la actriz a la fama por su interpretación de la noble y sufrida Melanie, compartiendo el cartel junto a Vivien Leigh y Clark Gable.

Esa actuación le valió una primera nominación al Oscar como Mejor actriz secundaria, finalmente atribuido a Hattie McDaniel por su papel como la criada Mammy, que la convirtió en la primera actriz negra en ganar la codiciada estatuilla.

El filme ambientado en el siglo XIX durante la Guerra de Secesión la colocó en el firmamento de Hollywood. Pero pronto comenzó a sentirse frustrada de que siempre le atribuyesen el papel de ingenua.

"Hacer el papel de la nena buena era difícil en los años 30, cuando estaban de moda las chicas malas", contó una vez en una entrevista. "Aun así, creo que hacer de chica mala es aburrido. Siempre me fue mejor con los papeles de buena, porque son los más exigentes para la actriz".

De Havilland vs. Hollywood

La recurrencia de roles terminó hartándola y comenzó a rechazar los que no le gustaban, lo cual enfureció a los productores de la Warner, que eran propietarios de las estrellas.

En un desafío escandaloso para la época, De Havilland inició y ganó una demanda contra los estudios para denunciar un contrato que la ataba por siete años. El fallo de 1945 quedó en los anales de Hollywood como la conquista por los actores del derecho a decidir sus papeles y el rumbo de su propia carrera.   

"Estaba muy orgullosa del resultado porque corrigió un serio abuso del sistema de contrataciones. Nadie pensaba que ganaría y sin embargo gané", dijo la actriz al evocar lo que hasta el día de hoy se conoce como la ley De Havilland.

Durante los tres años de juicio estuvo en la lista negra sin papel, pero la victoria en la corte relanzó su carrera.

Al año siguiente, en 1949, gana su primer Oscar por su papel en La vida íntima de Julia Norris, donde interpreta a una madre soltera en su lucha por permanecer cerca del niño que no puede reconocer.

Su segunda estatuilla fue por el papel en La heredera (1949). Otro filme notable de su carrera fue en 1965, junto a Bette Davis, Cálmate dulce Carlota.

En la vida real tuvo una rivalidad legendaria con su hermana Joan Fontaine, un año menor que ella, aunque ninguna de ellas habló jamás en público del conflicto.

En 1941, De Havilland se perdió el Oscar al que aspiraba con su papel en Si no amaneciera, trofeo que terminó arrebatándole Fontaine, preferida por su rol en Sospecha de Hitchcock. 

Radicada en Francia

De Havilland adquirió la nacionalidad norteamericana en 1941. En los años 1950, su carrera comenzó a declinar, en un Hollywood que abandonaba gradualmente la pacatería en la pantalla y buscaba figuras nuevas.

Actuó en unos pocos filmes en los años 1970 y otros para la televisión en la década siguiente, tras lo cual declaró: "la televisión aplasta las almas, destruye los talentos y a los seres humanos". 

De Havilland fue pareja de John Houston, James Stewart y Howard Hughes en los años 1940s, y se casó con el novelista Marcus Goodrich en 1946, con el que tuvo un hijo, Benjamin.

La pareja se divorció en 1953 y De Havilland se casó más tarde con el periodista francés Pierre Galante, con el que tuvo una hija, Giselle, en 1956.

También se divorciaron, pero cuando Galante cae enfermo ella se ocupó de su ex marido hasta que falleció y desde entonces vive en la capital francesa.

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