Mijaíl Tal nació en Riga, Lituania, en 1936 y falleció en Moscú en 1992.

Mijaíl Tal, genio iconoclasta

Pocos ajedrecistas del siglo XX cautivaron tanto al público por su carisma y brillantez como el excéntrico letón, quien falleció un día como hoy, en 1992. Apodado ‘El mago de Riga’, se caracterizó por su juego agresivo, su excelente sentido de humor y por rescatar la dimensión estética del juego.

2016/06/28

Por Christopher Tibble

Cuenta la historia que un mes antes de morir, cuando apenas tenía 55 años, Mijaíl Tal se escapó de la clínica para jugar ajedrez. Corría 1992 y en Moscú, la ciudad en la que se encontraba, había un torneo de ajedrez relámpago (que consiste en partidas de cinco minutos). Entre los participantes estaba un viejo amigo suyo, el mismo que durante los últimos años había posicionado al ajedrez en los noticieros mundiales. Tal quería enfrentarlo y, en 17 movidas, lo venció. Su viejo conocido se llamaba Gary Kasparov, campeón mundial entre 1985 y 2000.

Tal no murió a esa edad de casualidad. Fue la consecuencia de una vida desaforada. El letón, nacido en Riga en 1936, vivió como jugó: con riesgos, vehemencia y sin miedo a asumir riesgos a tocas luces innecesarios. Fumador y tomador empedernido, fue criado en la escuela soviética de ajedrez, aquella famosa y enorme máquina de rigor y disciplina. Llegó a la cúspide del juego convirtiéndose con apenas 24 años en el campeón del mundo. Una hazaña monumental que logró derrotando ni más ni menos que al rector del ajedrez en la Unión Soviética: Mijaíl Botvínnik.

Si bien Botvínnik, un hombre que criticaba a Tal por su indisciplina, recuperó su corona un años después, en 1961, el nombre del joven letón quedó en los anales del juego. No solo por haber derrotado al maestro de figuras como Anatoli Karpov y Vladímir Krámnik, sino por cómo lo hizo: había surgido en el la escena un digno heredero del juego agresivo y romántico popularizado por figuras como el estadounidense Paul Morphy y el excampeón Alexander Alekhine.

Pero Tal, a diferencia de otros exponentes del ajedrez ofensivo, logró cautivar a un número enorme de aficionados por la manera en que combinaba su estilo bélico con una sensibilidad artística. “El ajedrez, ante todo, es arte”, solía afirmar. Intuitivo y caótico, el letón nunca se conformaba con empatar y solía sacrificar sus piezas a menudo sin medir las consecuencias en busca de una combinación estética. “Debes llevar a tu oponente a un bosque oscuro donde 2 más 2 sea 5 y donde el camino de salida sea tan estrecho que solo pueda salir uno”, era uno de sus muchos aforismos.

Entre sus fans no solo había aficionados. Uno de sus principales admiradores fue Kasparov, quien dijo que el letón era el único jugador que no necesitaba calcular variaciones pues “simplemente veía a través de ellas. Cientos de fantásticas combinaciones danzaban alrededor de su cerebro, y su imaginación no conocía límites. Había algo mefistofélico en sus ojos cuando estaba ante el tablero. Como un gran pianista, Tal sentía en las puntas de sus dedos las debilidades de la posición de sus rivales”.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación