Daniel Alarcón de Radio Ambulante. Cortesía.

“Estados Unidos es un país latinoamericano”

Este año Radio Ambulante y el portal 070 ganaron un premio Simón Bolívar con un podcast desgarrador. Aprovechamos la ocasión para entrevistar a su fundador sobre ese programa y el proyecto en general, que se ha convertido en un referente de periodismo en audio en nuestra lengua, y un símbolo de nuestra identidad en el país norteamericano.

2017/12/13

Por Christopher Tibble

Una adolescente mexicana que sueña con vivir junto a su padre en Estados Unidos; una periodista argentina que recuenta sus ataques de pánico; un californiano de ascendencia latina que se une al ejército estadounidense; unos padres que buscan a sus hijos perdidos tras la tragedia de Armero. Estos personajes protagonizan algunos episodios de Radio Ambulante, el podcast que este año se llevó un Premio Simón Bolívar en la categoría de periodismo investigativo en radio por un reportaje sobre clínicas no reguladas de cirugía plástica en Medellín.

Aunque Radio Ambulante es un programa que narra historias de América Latina, su génesis ocurrió en Estados Unidos, cuando en 2012 el escritor Daniel Alarcón y la productora Carolina Guerrero decidieron enviarles un correo a 60 periodistas para lanzar un proyecto que emulara, en audio, el rigor y la calidad de las mejores crónicas latinoamericanas.

Cinco años después, Radio Ambulante cuenta cada semana con alrededor de 80.000 oyentes de todo el continente americano. Distribuido por la radio pública de Estados Unidos, NPR, y disponible en su página web y en aplicaciones, se trata de uno de los pocos casos exitosos de un podcast en español, un formato que ha cambiado la manera de consumir noticias y de escuchar historias en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Nos sentamos con Alarcón en la facultad de periodismo de la Universidad de Columbia, donde trabaja como profesor, para hablar sobre un proyecto que, en tiempos de Trump, quizás haya adquirido más relevancia que nunca. 

Su familia tiene muchos vínculos con la radio. Su padre fue narrador de fútbol en Perú y su tío también hacía de las suyas con el medio. ¿Qué papel jugó la radio en sus primeros años?

La radio siempre ha estado presente en mi vida, y de varias maneras. Primero, como herencia familiar. Los primeros trabajos de mi papá fueron en la radio, y no solo desde el estadio, donde se convirtió en uno de los narradores de fútbol más jóvenes de la radio peruana, sino también en otros programas donde comentaba deportes y shows de música. Él luego estudió medicina y dejó esa carrera, pero otros familiares como mi tío Lucho Guzmán y algunos primos siguieron haciendo radio.

Por otro lado, después de que mi familia se mudara a Estados Unidos cuando yo tenía tres años, solíamos hacer una especie de programa de radio para manteneros en contacto con nuestros familiares en Perú. Los domingos por la mañana toda la familia se reunía en el cuarto de mis padres para grabar unos cassettes que mandábamos a Perú. Por lo general les contábamos qué estábamos estudiando en el colegio y mi papá nos hacía recitarles poesía. Ahora veo esas grabaciones como pequeños programas radiales. Muy artesanales, pero potentes.

La otra relación que tuve con el medio fue a través de NPR, la radio pública de Estados Unidos, que me influenció cultural y periodísticamente de niño. Yo me crié en Alabama, un estado conservador sureño y uno de los más pobres de Estados Unidos. Tiene una historia terrible de broncas raciales, así como un acento muy marcado. Mi papá, que creció en una provincia de Perú y llegó a Lima ya mayor, entendía muy bien cómo lo puede afectar a uno no tener el acento de la capital. Así que él no quería que habláramos con acento sureño, y nos ponía a escuchar NPR para aprender el acento correcto. Hoy no sé si tengo el acento NPR, pero sí sé que no tengo el sureño.

Radio Ambulante ahora hace parte de NPR. Sin embargo, usted se dedicó al periodismo y a la literatura antes de llegar al mundo de los podcast. ¿Cómo fue regresar como locutor a ese medio que jugó un papel tan importante durante su infancia?

El trabajo del novelista es solitario y totalmente diferente al trabajo colaborativo de la radio. Ha sido un proceso educativo aprender a soltar las riendas de los proyectos, a confiar y a delegar, algo que uno nunca haría en una novela. Pero en radio eso hace parte de la ética y del proceso editorial. Lo menciono porque así ha sido en Radio Ambulante, un proyecto que no fundé a solas. Sin la colaboración de todo el equipo nuestro carrito no marcharía.

Ahora: mi primera novela, Radio ciudad perdida, se publicó en 2007. Cuando salió en Inglaterra, la BBC me preguntó si quería hacer un documental de radio para ellos. En ese momento yo había estado de gira con la novela durante unos seis meses y ya estaba aburrido de presentarla, de leer fragmentos y de contestar las mismas cinco preguntas. Así que salté a la oportunidad de hacer radio. Ellos entonces mandaron a un productor de Londres y nos fuimos a Perú para hacer un documental sobre cómo la migración andina a Lima había cambiado tanto la zona rural del país como la cultura limeña. El productor era súper exigente. Me decía a quién entrevistar o me decía, “tienes 20 minutos para escribir una introducción”. Fue una experiencia increíble en términos creativos, y me gustó mucho hacer el documental viajando por lugares recónditos de la zona andina de Perú.

Pero algo no le gustó, según leí en algún lado...

Durante la grabación entrevisté a gente tanto en inglés como en español, y pensé que tendría la oportunidad de ir a Londres para editar el documental con el productor, porque él era británico y no hablaba español. Pero no tenían presupuesto para eso, así que simplemente me mandaron la versión editada, en la que casi todas las entrevistas en español habían desaparecido. Las habían cortado. Aunque me siento orgulloso del producto final, siempre tuve la sensación de que pudo haber sido mejor, de que pudo ser más auténtico, con una visión más compleja y sutil de lo que es la migración rural a Lima. Al fin y al cabo, es un fenómeno que se puede retratar en quechua o en español, pero no tanto en inglés.

Eso me llevó a hacer varias preguntas, entre ellas cómo sería un espacio en audio para este tipo de historias en español. Tuve esa pregunta hasta 2011. Por esos días le había contado la idea a un amigo periodista y él me había dicho que lo hiciera. El 3 de enero mi esposa y yo estábamos en un café en San Francisco. Ella tenía un trabajo que no le gustaba y yo estaba frustrado con el primer borrador de la novela De noche andamos en círculos. Esa noche les mandamos un mail a varios amigos periodistas en América Latina invitándolos a hacer parte del proyecto. Carolina tenía una red grande en Colombia y yo en Perú gracias a Etiqueta Negra, donde había trabajado. Les mandamos un email a unos 60 periodistas con links de programas de radio en inglés y les dijimos que queríamos hacer un programa en audio ambicioso, narrativo, riguroso, entretenido, con todas las características del llamado boom de la crónica latinoamericana. Al día siguiente amanecimos con muchas respuestas entusiastas.

Eso fue antes de que saliera Serial, que en 2014 inició el ‘boom’ del podcast en Estados Unidos. ¿Ustedes concibieron Radio Ambulante como un programa de radio o ya como un podcast?

Desde el comienzo pensamos en hacer un podcast, pero el legado de la radio se ve en nuestra temporada piloto, que sacamos a finales de 2012. Yo todavía no me había soltado del todo y cuadramos para que cada episodio durara una hora, porque nuestro ejemplo era This American Life, un show de radio de Estados Undios que dura esa cantidad de tiempo. Nos dimos cuenta de que esa longitud había sido un error cuando miramos las métricas. Si el primer episodio tuvo 4.000 oyentes, el segundo logró 2.000 y el tercero, 1.000. El primer buen consejo que recibimos es que era mejor tener episodios menos largos. Para la segunda temporada dividimos esos episodios para tener, en vez de tres de una hora, nueve de 20 minutos. Eso fue un descubrimiento y una sensación de libertad absoluta, el haber salido del formato y de las reglas de la radio. Y así fuimos creciendo.

Hablando de métricas, ¿cuánta gente escucha Radio Ambulante en América Latina, en comparación con el número de oyentes en Estados Unidos?

América Latina representa un poco menos de un tercio de nuestra audiencia. Y no sé si esa proporción vaya a cambiar. El crecimiento ha sido parejo en ambos lados. Tenemos ahora unos 80.000 oyentes cada semana. Eso, claro, cambia dependiendo del episodio. Hay algunos que se escuchan 300.000 veces en dos días, como pasó el año pasado con la historia sobre las cirugías plásticas clandestinas en Medellín.

Ese episodio se titula Doctor: ¿Esto es normal? y acaba de ganar un premio Simón Bolívar. ¿Por qué publicaron esa historia? ¿Cómo la consiguieron?

La pieza clave fueron los audios de WhatsApp. Aunque ya se había escrito sobre estas clínicas no reguladas, lo que no se había escuchado era la interacción entre una joven y uno de estos pseudo-cirujanos-carniceros, que era lo que nos estremecía y nos permitía tener un acercamiento a una realidad humana que de otra manera no se hubiera conocido (http://radioambulante.org/audio/doctor-esto-es-normal-parte-1). Ese acercamiento nos permitió tener acceso a los últimos momentos de esa niña. Eso fue clave para mí y para Camila Segura, la editora principal, cuando aprobamos la historia de Charlotte de Beauvoir y Juan Camilo Chaves.

¿Cuáles son los criterios que tiene Radio Ambulante a la hora de escoger una historia?

Tiene que haber acceso, voces y algo que nos parezca llamativo, algo nuevo que no sepamos. Desde un comienzo, cuando recibimos una idea pensamos en cómo va a sonar, pues no son crónicas escritas. Yo dicto cursos sobre audio en la facultad de periodismo de la Universidad de Columbia y siempre resalto la idea de “future listening” (escuchar pensando en el futuro). Mi entrenamiento como novelista me ayuda en este sentido, porque siempre estoy pensado en la voz perfecta antes de salir a entrevistar, en el audio que yo quisiera escuchar. ¿Cómo logro que la persona me cuente lo que quiero escuchar? ¿Cómo encuentro a la persona que va a cumplir ese rol dentro de la estructura que ya he imaginado? Es un proceso muy imaginativo. Eso lo hacemos todo el tiempo con el equipo. Es pensar una historia en voz alta antes de realizarla. Ahí es donde mi vida secreta como escritor de ficción me ayuda en mi trabajo periodístico.

¿Por qué cree que no ha habido un ‘boom’ de podcast en América Latina?

Hay varias razones por las cuales el formato aún no ha explotado allá. Primero, los planes de celular son caros, y es un hecho que en muchos países latinoamericanos la gente no saca el celular en la calle porque es demasiado peligroso. Somos la región más violenta del mundo. Ese detalle ya hace parte de nuestra cotidianidad, pero nos afecta de maneras que no necesariamente nos damos cuenta. Esa es una de las muchas razones. Si uno se sube al metro en Nueva York, que es una ciudad con sus peligros, a cualquier hora uno ve a personas escuchando podcasts con celulares de 600 dólares en el bolsillo. En Lima eso no pasaría, o por lo menos no creo. Cuando hemos hecho encuestas, la gente en América Latina nos dice que nos escuchan mientras cocinan o lavan la ropa, en la casa, que es distinto a como se consume el medio en Estados Unidos, donde hace parte del viaje que la gente hace al trabajo.

¿Cree que eso va a cambiar?

Creo que el ‘boom’ llegará. Nuestra posición es única porque no somos un medio colombiano, peruano o argentino. Somos un medio latinoamericano. Eso es una ventaja porque nos permite tener una audiencia grande en Estados Unidos, pues la comunidad latina acá es muy grande y diversa. Los latinos acá están acostumbrados a codearse con gente de otros países. En una fiesta uno se encuentra con un chileno que saca a bailar a una mexicana que tiene un novio cubano. Eso pasa todos los días. Creo que eventualmente va a haber un ‘boom’ de podcast en cada país de América Latina, y espero que podamos beneficiarnos de cada uno. Como nuestra marca es latinoamericana, y no de un país en particular, ya tenemos una ventaja porque la audiencia latina en Estados Unidos no necesariamente tiene acceso a los medios de su país de origen pero quiere seguir conectada a América Latina. Y son millones.

Los latinos ya constituyen el 30% de la población de Nueva York y el 50% de Los Ángeles. ¿Usted cree que, si se toman en cuenta esos números y el clima político instigado por Trump,  Radio Ambulante ha adquirido una nueva relevancia en el último año en cuanto a que divulga en Estados Unidos una especie de latinidad?

Yo creo que sí. El hecho es que somos un proyecto en español dirigido a la comunidad latina en Estados Unidos. Con eso ya estamos conectando explícitamente a las dos regiones, estamos diciendo que Estados Unidos es un país latinoamericano, y que las fronteras culturales son fluidas, a diferencia del argumento del gran muro de Trump. Sí, sin duda tenemos un fondo político. La sola existencia del proyecto en este clima está diciendo ‘sí, aquí estamos, existimos, y no nos vamos a ninguna parte’.

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