'Resilientes' un collage de Ricardo Arispe.

Venezuela: la cultura en resistencia

Crisis, censura, protestas, polarización política. Por si fuera poco, esta es también la época más oscura para la cultura en toda la historia del país latinoamericano.

2017/07/24

Por Dulce María Ramos*

Desde que Hugo Chávez tomó la presidencia en 1999, se propuso cambiar todo en Venezuela, desde el nombre hasta la Constitución. Poco a poco el país pasó de un sistema democrático a un régimen socialista dictatorial. Quizás el gran legado de la obra de Chávez, que aún prevalece cuatro años después de su muerte, es la fuerte polarización política que llegó a terrenos impensables: la cultura.  

Para analizar la cultura en Venezuela se debe partir de dos polos claramente diferenciados: oposición y chavismo. La oposición lucha porque la cultura no muera a pesar de los pocos espacios y el escaso apoyo del Estado. En estos meses su lema ha sido “Cultura en resistencia”. En las últimas semanas, todos los gremios han publicado manifiestos a favor de la democracia y en contra del gobierno Maduro. También han renunciado a reconocimientos. Tal es el caso de las películas Desde allá, de Lorenzo Vigas, y Tamara, de Elia K. Schneider. Ambos directores se negaron a participar en los Premios Municipales de Caracas.

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El régimen ha utilizado toda la plataforma cultural para realizar propaganda política, resaltar el legado de Chávez y promover la nueva Constituyente: “Nada haría más feliz al gobierno militar que la cultura desaparezca del todo y que sus actos cuartelarios con cuatros, maracas y la foto del comandante difunto sean la única expresión estética del país”,  afirmó el escritor Juan Carlos Méndez Guédez, señalado en el portal oficialista Aporrea como enemigo del Gobierno.

Hace unas décadas, Venezuela era un referente artístico en América Latina, pero hoy enfrenta no solo la escasez de comida y medicinas; también la escasez cultural. El control cambiario y la inflación han aislado al país desde algo tan banal como un concierto de cualquier artista pop hasta la visita de un premio Nobel.

Si bien en 2005 se creó el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, su gestión ha sido un total fracaso, si se tiene en consideración la perdida de los pilares culturales democráticos: Biblioteca Ayacucho, Editorial Monte Ávila, Museo de Arte Contemporáneo (antiguamente Sofía Ímber), El Ateneo de Caracas (cuya sede fue arrebatada para crear la Universidad Nacional Experimental de las Artes Unearte).

“La gestión del Ministerio de la Cultura ha sido mediocre en los aspectos prácticos, manipuladora en los aspectos teóricos y pseudoideológicos, y sobre todo incapaz de crear –como habría podido esperarse de un gobierno tan sospechosamente interesado en el pueblo– una verdadera y sana cultura para ese pueblo”, dice María Elena Ramos, ex directora del Museo de Bellas Artes de Caracas, quien ha estudiado en profundidad el tema para escribir su libro La cultura bajo acoso.

Balance negativo

En los últimos meses, los gestores culturales de la oposición han usado sus espacios para la reflexión y la resistencia ciudadana. Al respecto Gisela Kozak, escritora y profesora jubilada de la Universidad Central de Venezuela UCV, afirmó: “Estoy de acuerdo con la idea de cultura en resistencia, ser capaz de convertir en imagen, sonido, movimiento, en representación los horrores que está viviendo Venezuela. Se ha comprobado en estos dieciocho años de revolución Bolivariana que la cultura no necesita del Estado. Fíjate todo el movimiento plástico, literario, teatral y musical que se ha producido al margen de la ayuda estatal. Eso es una extraordinaria experiencia de cara al futuro. Las editoriales privadas producen libros, las galerías privadas presentan a los nuevos artistas, la gente como Basilio Álvarez, Héctor Manrique y Diana Volpe, producen teatro”.  Para la escritora este contexto potencia la creatividad e invita al creador a pensar en la auto-sostenibilidad de sus proyectos y conservar su independencia artística.

Aunque la visión de Kozak plantea una cara positiva para los artistas, Ramos dice que el balance general no es bueno: “El actual gobierno se dedicó a desmontar lo que eran reconocidos logros de las áreas de especialidad, pero no fue capaz de crear sus propios y nuevos logros. Muy al contrario, no desmontó para mejorar hacia presente y futuro, sino para debilitar y destruir la calidad que se había alcanzado por décadas. La cultura no avanzó. Al contrario, emprendió un oscuro camino de retroceso”.  

Del lado oficialista Roberto Hernández Montoya, presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos Celarg, defiende la labor que en materia cultural ha realizado el gobierno en estos años: “El gobierno revolucionario ha hecho importantes esfuerzos en la difusión de la cultura. Una de las primeras cosas que hicimos fue repartir un millón de ejemplares del Quijote en las plazas Bolívar de todo el país, y también de Los Miserables, de Víctor Hugo. Se creó la Imprenta Cultural, apareció la Editorial El perro y la rana. Habrá cosas criticables, porque no somos ángeles”.

Si algo se le ha criticado al gobierno es precisamente la politización de los espacios culturales. Cualquier ciudadano que visite hoy una galería o teatro verá afiches de Chávez o Maduro en las instalaciones. También se podrá encontrar con museos que han servido de refugios para los damnificados por las lluvias y desde el año pasado el Ministerio de la Cultura cumple funciones de mercado. Sobre esto fue interpelado en un foro Freddy Ñáñez, quien en ese momento era el ministro, y él se limitó a responder: “La gente de la cultura también come”.

Protesta de la oposición en Venezuela, en contra de Maduro, el 18 de julio de 2017. Crédito: Juan Barreto / AFP.

Luchar contra la adversidad

Las alcaldías opositoras de Chacao, Baruta y El Hatillo pertenecientes a la Gran Caracas han consolidado lugares culturales alternativos. En dieciocho años se abrieron el Trasnocho Cultural de Caracas, el Centro de Arte Los Galpones y el Centro Cultural Chacao. De este último, Claudia Urdaneta, dice que “En su momento fue una buena noticia para la ciudad.  El gobierno desde que llegó invadió todos los espacios, había que recuperar el sentido de un centro cultural, desvincularlo de la política,  Para que todo el mundo fuera libre de llegar ahí, independientemente de su ideología.”  

A pesar de las marchas y las dificultades que enfrentan los empleados y artistas para cumplir con sus compromisos, los centros culturales tanto del oficialismo como de la oposición, siguen trabajando, en muchas ocasiones ofreciendo sus espectáculos de forma gratuita: “El país no está en una situación normal, nadie lo puede ocultar. Cada quien en la sociedad tiene una posición y misión como ciudadano en la actividad que realiza. El ser humano debe buscar un equilibro entre cuerpo y espíritu, si nosotros de alguna forma logramos dárselo con estos espacios, que más bien apelan al alma, debemos seguir haciéndolo”, dijo José Pisano, Director de Programación del Trasnocho Cultural.

Hasta la fecha según la empresa encuestadora Datanálisis, el venezolano ha recortado en un 30% los gastos destinados al entretenimiento. Los números no mienten. En lo que va de año la taquilla del cine venezolano se redujo en u 6,3%, y el año pasado en un 30,25%, de acuerdo con la información de la Asociación de la Industria del Cine Asoinci.

El cine venezolano tuvo un importante auge a partir de la reforma de la Ley de Cinematografía (2005), realizado con el apoyo de toda la comunidad cinematográfica, independientemente de sus posturas políticas. Luego el presidente Hugo Chávez creó la Villa de Cine (2006), la productora del Estado, que lamentablemente sigue los parámetros propagandísticos del gobierno. En la actualidad la industria del cine venezolano se enfrenta al éxodo del talento técnico y artístico, las dificultades de filmar en esta crisis económica, y la suspensión de estrenos nacionales.

En cuanto a los cineastas, Aldrina Valenzuela, Hernán Jabes y Carlos Caridad han decidido salir con sus cámaras y filmar las marchas, material que han publicado en sus canales de YouTube.  En los últimos años, Valenzuela ha enfocado la temática de su arte en la mujer y la maternidad. Sintió la necesidad de retratar las protestas desde esa visión: “A diferencia de otras rebeliones y movimientos políticos de esta última década, aquí en Venezuela las madres y las mujeres tienen un fuerte protagonismo. Como mamá uno siente mucho dolor cuando ve tantos muchachos que han sido asesinados o heridos”.  Piensa seguir realizando documentales mientras dure esta coyuntura política del país: “El artista tiene la responsabilidad de transmitir a través de sus herramientas sus sentimientos o su opinión sobre cualquier cosa que esté pasando y cómo afecta su realidad. En nuestro caso como cineastas, tenemos la responsabilidad histórica de registrar esto de alguna manera”.

La visión de las protestas de Carlos Caridad es distinta. Su concepto de “selfiementary” surgió de hacer cine y a la vez de un diario personal, experiencia que le ha permitido explorar como realizador con el documental y el ensayo: “En líneas generales a la gente le gusta que se cuente una pequeña historia, que se contextualice el evento a su mismo nivel”.  Espera convertir este proyecto en un largometraje, cree interesante contar esta situación en la pantalla grande, pues el público tanto nacional como foráneo lo agradecería: “Para un evento histórico siempre habrá público. Hay protestas en buena parte del país, la gente está luchando por sus derechos”. Confiesa que en dos ocasiones se ha sentido amenazado en las marchas, pero el compromiso prevalece.

Estos cineastas son una prueba de la lucha contra la autocensura que se ha criticado tanto en el cine venezolano en los últimos años, aspecto que confirma por Kozak cuando señala que en estos momentos hace falta el cine político y crítico que se hacía antes, más comprometido con su realidad.

En cuanto a la literatura, si algo afectó el control cambiario fue la industria del libro en Venezuela. Las librerías están cerrando, no llegan novedades, las grandes editoriales se han ido, solo queda Planeta.  El costo de un libro en Venezuela equivale a un salario mínimo (ocho dólares aproximadamente), convirtiéndose el libro en un artículo de lujo. Las editoriales independientes tratan de sobrevivir y de alguna manera han permitido que el público venezolano al menos lea a sus autores, asunto que no han podido conseguir las editoriales del Estado. Vale destacar la labor realizada por Madera Fina, Eclepsidra, Letra Muerta, Kalathos, Bid & Co, Oscar Todtmann, Libros del Fuego.

El panorama literario del lado oficialista tampoco es alentador. Se suspendió La Feria Internacional del Libro de Venezuela Filven y los premios literarios Rómulo Gallegos (novela), Víctor Valera Mora (poesía), Mariano Picón Salas (ensayo), según Hernández Montoya, Presidente del Celarg, por falta de presupuesto. También el Festival Mundial de Poesía, que en los últimos años ha sido polémico especialmente cuando se homenajeó al actual Defensor del Pueblo Tarek William Saab. De parte de la oposición se suspendió el Festival de la Lectura que realiza la Alcaldía de Chacao. Ni hablar de la ausencia de Venezuela en  las grandes ferias internaciones del libro y las dificultades en la difusión de la literatura nacional fuera de sus fronteras.

Por el lado de la música, la cosa tampoco es mejor. En las marchas es habitual ver a los jóvenes músicos protestando. Muchos de ellos forman parte del Sistema Nacional de Orquestas. Dos son los casos más emblemáticos. El primero, el asesinato de Armando Cañizales, joven de 17 años y violinista, ocurrido el 4 de mayo.  Este hecho provocó que Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y la Filarmónica de Los Ángeles, rompiera su silencio y solicitara al presidente Maduro a través de una carta pública el cese de la violencia: “Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis”. Días después los artistas realizaron una marcha en Caracas repudiando este asesinato. El segundo caso fue el Willy Arteaga, mientras tocaba el himno nacional en una protesta la Guardia Nacional rompió su violín.   

Sobre este tema se contactó en varias oportunidades al Sistema Nacional de Orquestas, sin recibir una respuesta favorable. Días después de la consulta popular realizada por la oposición, nuevamente Dudamel manifestó su posición en contra Maduro y su constituyente con un artículo publicado en El País de España y en The New York Times: “Nuestro país necesita urgentemente sentar las bases de un orden democrático que garantice la paz social, la seguridad, el bienestar y el futuro próspero de nuestros niños, niñas y jóvenes”.

A la par, la cantante Laura Guevara puso voz y letra a la protesta con su tema “Queremos vivir en paz”: “En un país donde la gente no puede acceder a los productos de la cesta básica es muy difícil que pueda acceder a un concierto, comprar un disco o asistir a cualquier evento cultural, además del tema económico también está la seguridad. Cuando escribí la canción me costó mucho terminarla, yo misma no consigo medicinas para mis padres. Ha sido durísimo como nuestra calidad de vida se ha deteriorado”.

El futuro de la cultura en Venezuela es incierto, cada día se suman a la lucha democrática  artistas que antes apoyaban al gobierno y la revolución. Las grandes preguntas son si se podrán recuperar los espacios perdidos, si los creadores serán capaces de retratar los días de horror en su arte, de contar esta historia que no debe ser ignorada para las futuras generaciones en Venezuela ni Latinoamérica.

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*Periodista venezolana. Ha publicado en El Universal y El Comercio, entre otros.

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